Humo y smog: cómo los megaincendios revierten décadas de progreso en la calidad del aire

El aumento de incendios forestales eleva el ozono y las muertes relacionadas con la contaminación, pese a las reducciones de emisiones de la industria

Un retroceso preocupante

Durante más de una década Estados Unidos registró una mejora sostenida en la calidad del aire: desde 2003 hasta 2015 el nivel nacional de ozono a ras de suelo —el componente principal del smog— descendió aproximadamente un 11% gracias a regulaciones estrictas sobre plantas eléctricas, automóviles y motores diésel. Sin embargo, investigaciones recientes indican que ese progreso comenzó a revertirse a partir de 2015: el ozono promedio nacional ha aumentado cerca de un 4% y, si la tendencia del humo continúa, volveríamos a los niveles de 2003 en unas dos décadas.

El estudio publicado en la revista Science en 2026, liderado por el científico atmosférico Weizhi Deng de la Universidad de Iowa, muestra que la principal fuerza detrás de este repunte no son las emisiones tradicionales de la industria, sino el humo procedente de incendios forestales cada vez más intensos y extensos.

Por qué los incendios afectan al smog

Los incendios no generan ozono directamente, pero liberan precursores —como compuestos orgánicos volátiles (COV) y óxidos de nitrógeno (NOx)— que, al reaccionar con la luz solar, forman ozono troposférico. En palabras de la científica Kristie Ebi, experta en salud pública y clima: "Las concentraciones diarias más altas de ozono pueden aumentar los ataques de asma, las hospitalizaciones y la mortalidad" (Science del 2026, entrevista incluida en el artículo).

Además del ozono, el humo aporta partículas finas (PM2.5) que penetran profundamente en los pulmones y el torrente sanguíneo, y que ya habían mostrado una reversión en la tendencia a la baja: un estudio de 2023 del mismo equipo demostró que las muertes atribuibles a partículas por humo de incendios aumentaron en aproximadamente 670 por año en Estados Unidos.

Métodos novedosos para medir el impacto

Una dificultad recurrente en la vigilancia del ozono en EE. UU. es la limitada red de monitores: la Agencia de Protección Ambiental (EPA) tiene cobertura directa en solo cerca del 2% del territorio nacional, concentrada en áreas urbanas. Para superar esa limitación, el equipo liderado por Deng integró observaciones de la red, datos satelitales, modelos meteorológicos y de contaminación, y aplicó técnicas de inteligencia artificial para generar un mapa nacional de ozono con resolución aproximada de 1 kilómetro.

Cristina Archer, profesora de la Universidad de Delaware, destacó la solidez del método: al partir de "conjuntos masivos y fiables de datos" y usar modelos computacionales para rellenar lagunas, se obtuvo un retrato de alta resolución excepcionalmente útil para evaluar la exposición poblacional.

Magnitud humana del problema

El estudio estimó también el impacto en la mortalidad combinando sus mapas de ozono con relaciones epidemiológicas previamente establecidas que comparan tasas de muerte entre aire más limpio y más contaminado. Resultado: desde 2013 se han producido alrededor de 318 muertes adicionales por año en Estados Unidos atribuibles al aumento del ozono ligado al humo de incendios.

Para ponerlo en perspectiva, una investigación de 2025 sobre las emisiones de los incendios canadienses estimó que el humo de 2023 provocó 82.100 muertes globales, de las cuales cerca de 33.000 correspondieron a Estados Unidos —una cifra que subraya la escala transfronteriza del problema.

¿Por qué ha empeorado la situación?

Hay varias piezas en este rompecabezas:

  • Más superficie quemada: El promedio anual de tierra afectada por incendios en EE. UU. es ahora alrededor de un 9% superior al periodo 2003–2014, según el National Interagency Fire Center (NIFC).
  • Incendios extremos en Canadá: Las temporadas de 2022–2024, y especialmente 2023, registraron incendios canadienses de magnitud excepcional; en 2023 la superficie quemada fue el doble del récord anterior, lo que provocó episodios de humo que afectaron a gran parte del este y centro de EE. UU.
  • Clima más seco y caliente: Estudios de atribución climática señalan que el cambio climático —impulsado por la quema de combustibles fósiles— aumentó la intensidad del periodo de incendios de 2023 en Canadá al menos un 50% y duplicó la probabilidad de las condiciones cálidas y secas necesarias para megaincendios.
  • Factores de gestión del paisaje: Las emisiones de incendios también dependen de la disponibilidad de combustible, prácticas de manejo forestal, igniciones y capacidad de supresión.

Distribución geográfica y exposición

El aumento más pronunciado del ozono se registró en las Montañas Rocosas del Norte (cercanas a muchas de las conflagraciones) y en el Medio Oeste, hacia donde viajaron grandes plumas de humo. Durante las intensas temporadas de humo, el estudio calculó que 43 millones de estadounidenses estuvieron expuestos a niveles de ozono por encima del estándar vigente de la EPA —un estándar que, según expertos como la doctora Lynn Goldman (exdecana de la Escuela de Salud Pública de la Universidad George Washington), no es lo suficientemente estricto para proteger a la población.

Vacíos en la monitorización y demandas de acción

Organizaciones y expertos han pedido ampliar la red de monitorización para captar mejor la exposición a humo de incendios y orientar políticas de salud pública. Teresa Feo, directora de investigación de Megafire Action, afirmó que los expertos llevan tiempo reclamando dicha expansión para mejorar la investigación y la protección de la salud.

Además, existe debate sobre la política regulatoria: los planes para endurecer algunos estándares de calidad del aire se han demorado o revertido en años recientes, lo que, según críticos, reduce la capacidad del país para mitigar impactos sanitarios crecientes.

Medidas que pueden marcar la diferencia

Frente a este desafío, las respuestas deben ser multidimensionales:

  1. Mitigación climática: Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (carbón, petróleo y gas) para limitar el calentamiento y disminuir la probabilidad de condiciones extremas de incendio.
  2. Gestión del paisaje: Prácticas de manejo forestal más activas —quemas controladas, reducción de combustible en franjas urbanas— pueden reducir la severidad de incendios futuros.
  3. Ampliación de la monitorización: Instalar más estaciones de medición y utilizar satélites y modelos para ofrecer alertas más precisas a poblaciones vulnerables.
  4. Preparación sanitaria: Protocolos de salud pública para episodios de humo (centros de aire limpio, recomendaciones de uso de purificadores y mascarillas de alta filtración) y políticas que prioricen a los grupos más expuestos.

Un llamado a la coherencia política

Voces como la de la exadministradora de la EPA Gina McCarthy han alertado que es desalentador ver cómo las mejoras en calidad del aire pueden ser erosionadas por políticas que favorecen la explotación de combustibles fósiles. "El gran interrogante es: ¿cuándo vamos a dejar de fomentar la quema de combustibles fósiles?", afirmó McCarthy en declaraciones recogidas durante la cobertura del estudio.

En definitiva, el fenómeno muestra que las reducciones de las emisiones antrópicas convencionales, aunque imprescindibles y efectivas, no son suficientes por sí solas. La creciente influencia de los incendios forestales —potenciada por el cambio climático y factores de paisaje— obliga a integrar estrategias climáticas, de gestión territorial y de salud pública para preservar las ganancias logradas en décadas de lucha contra la contaminación atmosférica.

Lecturas y fuentes

Para profundizar en los datos y metodologías, se recomienda consultar el estudio original publicado en Science (2026) liderado por Weizhi Deng et al.; los informes del National Interagency Fire Center sobre superficie quemada; y análisis sobre mortalidad por humo de 2025 liderados por el Woodwell Climate Research Center. Las citas textuales incluidas en este artículo provienen de las declaraciones publicadas por los autores y expertos en la cobertura del estudio en Science y comunicados institucionales.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press