Primarias en Estados Unidos: Nevada y Maine definien contiendas clave en una campaña marcada por la polarización y la economía
De la lucha por la gobernación en Nevada a la contienda por el Senado en Maine, un recorrido detallado por las batallas internas que podrían decidir el mapa electoral en noviembre
Un verano de primarias que puede reconfigurar el tablero político
Las primarias estatales celebradas en distintos puntos del país son más que una simple selección interna de candidaturas: constituyen la primera gran prueba de fuego para las estrategias, mensajes y coaliciones que las fuerzas políticas intentarán trasladar a la campaña general de noviembre. En 2026, dos escenarios llaman poderosamente la atención: Nevada, con su complejo panorama entre el gobernador Joe Lombardo y varios escaños del Congreso, y Maine, donde la contienda por el Senado enfrenta a un veterano moderado con un aspirante impulsado por el activismo progresista. A simple vista son historias separadas; al analizarlas en profundidad, revelan tendencias nacionales sobre la economía, la confianza en las instituciones y la influencia de líderes nacionales en las primarias locales.
La encrucijada de Nevada: vivienda, energía y la disputa por la gobernación
Nevada llega a estas primarias con problemas estructurales que moldean el debate político: escasez de vivienda asequible, una demanda energética en fuerte expansión por el boom de centros de datos y recortes federales a programas clave que afectan la salud y la alimentación de amplios segmentos de la población. En ese contexto, la carrera por la gobernación —donde el actual gobernador Joe Lombardo, republicano, es considerado vulnerable por los demócratas— concentra la atención.
En el lado demócrata, figuras como el fiscal general Aaron Ford, con el respaldo de la delegación congresional demócrata y apoyos nacionales, buscan proyectar una candidatura centrada en la defensa de programas sociales y en la crítica a las políticas estatales y federales que, según ellos, han contribuido a la crisis de costos. Otro contendiente, Alexis Hill, se posiciona como alternativa más disruptiva, prometiendo cambios y apelando a votantes desencantados con la clase política tradicional.
La economía y la asequibilidad han sido el centro del discurso: altos precios de combustible, una vivienda inalcanzable para muchos y la percepción de un gobierno desconectado de las necesidades diarias alimentan una narrativa de urgencia. Ford ha orientado sus ataques principalmente hacia Lombardo y, en términos retóricos, hacia las políticas nacionales que asocian al presidente y su agenda con las dificultades económicas locales. Si Ford triunfa, se convertiría en el primer gobernador afroamericano de Nevada, un hecho histórico que refleja la creciente diversidad política del estado.
La disputa por el 2.º distrito congresional: tradición vs. influencias externas
El 2.º distrito de Nevada, vasto y que incluye Reno, Carson City y extensas zonas rurales, enfrenta una transición tras la jubilación del veterano republicano Mark Amodei. En el bando republicano, la primaria enfrentó a candidatos con apoyos divergentes: por un lado, David Flippo, respaldado por el expresidente Donald Trump y sin experiencia electiva; por otro, James Settelmeyer, exsenador estatal con una carrera política consolidada y apoyos de figuras como Amodei y Lombardo.
Las primarias recientes han demostrado el poder de las endosos presidenciales en distritos conservadores: los candidatos alineados con Trump lograron victorias en numerosas contiendas internas. En el 2.º distrito, la ventaja demográfica de los republicanos (registrados en una proporción mayor que los demócratas en torno a decenas de miles) y la historia de control por parte de republicanos desde la creación del distrito en los años 80 hacen que la contienda general sea favorable al GOP. Aun así, los demócratas mantienen la esperanza de seducir a los numerosos votantes no afiliados y moderados que suelen decidir las elecciones en zonas fronterizas entre la ciudad y el campo.
El 3.º distrito: la joya de la corona para los demócratas
El 3.º distrito es, probablemente, la contienda congresional más disputada en Nevada: tiene un pequeño margen de ventaja demográfica demócrata, una gran proporción de votantes no partidistas y un historial de elecciones decididas por márgenes muy estrechos. La representante demócrata Susie Lee, que ganó por estrecho margen en 2024 en una elección donde tanto ella como el expresidente tuvieron victorias ajustadas, buscará mantener su escaño frente a candidatos republicanos que intentan capitalizar una narrativa de seguridad fronteriza, independencia energética y control del gasto federal.
Los aspirantes republicanos incluyeron figuras variadas: Marty O’Donnell —apoyado por Trump y conocido por su labor como compositor en la industria de videojuegos— Jeff Gunter —exembajador y dermatólogo— y otros perfiles profesionales como cirujanos, empresarios y exfuncionarios. La heterogeneidad de perfiles indica una estrategia GOP de combinar reconocimiento de nombre con mensajes culturales y económicos que atraigan a distintos electores.
Secretaría de Estado y fiscalía: el campo de batalla de la confianza electoral
Las elecciones de 2026 en Nevada han puesto foco particular en cargos que supervisan la integridad electoral. La carrera por la Secretaría de Estado ha atraído a varios republicanos que han cuestionado la legitimidad de los comicios de 2020. Entre ellos destacan figuras como Jim Marchant y Sharron Angle, quienes han planteado reformas profundas al sistema de votación, desde la eliminación de máquinas electrónicas hasta la supresión del voto por correo tal como existe actualmente. En contraste, candidatas como Shirley Folkins-Roberts han adoptado una postura más moderada dentro del espectro de propuestas de la derecha, proponiendo medidas para actualizar y verificar registros sin negar de plano la validez del sistema actual.
En esta contienda también aparece la propuesta legislativa conocida como SAVE Nevada Act, que incluye medidas para exigir que todos los votos sean contados en el mismo día, eliminar el sistema de voto por correo universal y revertir la inscripción automática de votantes. Aunque la idea puede atraer a la base conservadora, enfrentaría una barrera significativa en una legislatura dominada por demócratas.
La relevancia de esta disputa es profunda: cuando la confianza en el proceso electoral se politiza, la adjudicación de la supervisión de votaciones adquiere un peso mayor que el de una simple función administrativa. Cambios en los mecanismos de escrutinio y registro pueden tener consecuencias duraderas en la participación y en la percepción pública de la legitimidad democrática.
Maine: una primaria que puede definir el control del Senado
A kilómetros de distancia, en Nueva Inglaterra, Maine protagoniza otra primaria con implicaciones nacionales. La candidatura de Graham Platner —un candidato outsider que ha pasado de ser poco conocido a convertirse en el favorito demócrata para enfrentar a la veterana senadora republicana Susan Collins— ilustra dos fenómenos contemporáneos: el surgimiento de figuras carismáticas que canalizan el descontento con el establishment y la exposición intensa que enfrentan cuando trascienden a la primera línea política.
Platner, de 41 años, veterano del cuerpo de Marines y con experiencia en actividades rurales como la acuicultura, ha movilizado a miles de simpatizantes en actos masivos a lo largo del estado. Su mensaje se centra en la reducción de las desigualdades de ingreso y en la defensa de la clase trabajadora frente a los intereses de multimillonarios y grandes corporaciones. El impulso de figuras progresistas y el apoyo de activistas locales han sido elementos clave de su ascenso.
Sin embargo, su campaña no ha estado exenta de controversias: desde mensajes antiguos en redes sociales que fueron criticados por su contenido, hasta detalles personales que han sido objeto de escrutinio mediático, incluyendo denuncias y reportes sobre mensajes íntimos y relaciones pasadas. Estas polémicas han generado debate dentro del propio Partido Demócrata sobre la viabilidad de su candidatura frente a una figura con la experiencia legislativa y la influencia de Susan Collins, quien preside un comité poderoso dentro del Senado.
Un choque de estilos: Platner vs. Collins
Si Platner fuera finalmente el nominado demócrata, la elección de noviembre enfrentaría a dos perfiles radicalmente distintos: por un lado, una candidata progresista, con base de apoyo entusiasta, que promete cambios estructurales; por otro, una senadora con décadas de experiencia, vinculada a una cultura legislativa moderada y conocida por su capacidad para negociar partidas presupuestarias para su estado.
Susan Collins, en funciones desde 1996, es una de las últimas representantes moderadas del Partido Republicano en Nueva Inglaterra. Su rol como presidenta del Comité de Asignaciones le confiere una capacidad real para canalizar recursos hacia el estado: presidir un comité clave del Senado representa, en palabras de la propia Collins, una oportunidad histórica para defender los intereses de Maine a nivel federal.
Históricamente, los cargos de influencia en comités como Asignaciones han sido una herramienta electoral valiosa: la facultad para orientar financiación y proyectos hacia proyectos estatales permite a los incumbentes mostrar resultados concretos a sus electores, algo que muchos candidatos outsiders no pueden ofrecer durante una campaña.
La complejidad del electorado: votantes no partidistas y voto por orden de preferencia
Un hilo conductor en ambos estados es la presencia de un electorado no totalmente polarizado. En distritos y estados con mucha proporción de votantes no afiliados, las primarias y, sobre todo, las generales, se deciden por la capacidad de cada candidatura para ampliar su base hacia moderados y electores independientes. En Maine, la aplicación del sistema de votación por orden de preferencia (ranked-choice voting) en primarias añade una capa estratégica: los candidatos no sólo buscan ser la primera opción, sino también la segunda o tercera de aquellos que apoyan a rivales con agendas afines.
El mecanismo de votación por orden de preferencia funciona así: si ningún candidato supera el 50% de los votos inicialmente, se elimina al que menor porcentaje obtuvo y se redistribuyen sus votos según la siguiente preferencia señalada por cada votante; este proceso continúa hasta que una candidatura alcance la mayoría. Como resultado, los resultados pueden tardar días en conocerse, y las campañas deben trabajar tanto en la captación de primeras preferencias como en aparecer como opción aceptable para simpatizantes de otros candidatos.
¿Qué nos dicen estas primarias sobre el rumbo nacional?
Varias lecciones emergen del mosaico de primarias en Nevada y Maine:
- La economía local como eje central: problemas concretos —vivienda, precios del combustible, empleo— dominan el discurso y moldean la receptividad de los votantes a mensajes de cambio o estabilidad.
- Persistente influencia de figuras nacionales: el aval o rechazo de líderes como Donald Trump sigue siendo un factor decisivo en primarias republicanas, mientras que el respaldo de figuras progresistas puede impulsar candidaturas emergentes en el lado demócrata.
- Polarización y administración de la confianza pública: las contiendas por cargos que supervisan elecciones muestran cómo la política moderna fusiona disputas ideológicas con cuestiones técnicas sobre la administración del proceso electoral.
- Importancia de los moderados y de los no afiliados: en distritos con gran número de independientes, la habilidad para atraer segundo y tercer orden de preferencia resulta decisiva, especialmente cuando se emplea el sistema de votación por orden de preferencia.
Datos y contexto histórico
Algunas cifras y referencias ayudan a comprender mejor la magnitud de estas contiendas:
- En muchos distritos como el 2.º de Nevada, la ventaja demográfica a favor de los republicanos —del orden de decenas de miles de votantes registrados— ha sido históricamente determinante para mantener la mayoría del partido en la Cámara. Los registros electorales estatales reflejan esas tendencias demográficas y de afiliación (ver Secretaría de Estado de Nevada).
- El uso del sistema de votación por orden de preferencia en Maine está en vigor para múltiples desplazamientos y fue adoptado para captar mejor las preferencias reales de los votantes en carreras con múltiples candidatos; información sobre su implementación puede consultarse en el sitio oficial de Maine (Estado de Maine).
- Históricamente, la ventaja de incumbencia en el Senado es significativa: senadores que ocupan cargos claves en comités de asignaciones tienden a conservar apoyos por la capacidad tangible de traer recursos al estado. Susan Collins es un ejemplo de figura que ha capitalizado esa dinámica durante décadas; su primer mandato comenzó en 1997.
Impactos prácticos para la campaña general
Las primarias moldean dos dimensiones prácticas que afectan la fase general de la campaña:
- Recursos y tiempo: una primaria dura y costosa agota tesorerías y puede obligar a un ganador a dedicar tiempo a reconstruir una coalición antes de la general.
- Mensaje y polarización: candidatos que emergen de primarias extremas pueden tener dificultades para reencuadrar sus mensajes hacia el centro en la campaña general; en contraste, aquellos que se consolidan como moderados o puentes tienden a atraer votantes indecisos.
Escenarios posibles y qué observar de aquí a noviembre
La trayectoria hasta las elecciones de noviembre dependerá de varios factores:
- Resultados de las primarias: la selección de candidatos definirá si los partidos apuestan por perfiles de base (más ideológicos) o por figuras con mayor atractivo entre moderados e independientes.
- Dinámica económica: si los problemas como la vivienda asequible y los costos de servicios energéticos empeoran o mejoran, eso tendrá un efecto directo en la percepción del desempeño del gobierno estatal y federal.
- Mensajes sobre la integridad electoral: las propuestas de cambiar la administración de votaciones y conteos podrían movilizar a bases más activas en ambos bandos, pero también podrían provocar rechazo entre votantes moderados preocupados por la accesibilidad del voto.
- Intervención de figuras nacionales: el respaldo o rechazo de líderes nacionales puede acelerar o frenar candidaturas que dependen de carisma externo para sostener su narrativa.
Reflexión final: ¿qué está en juego?
Más allá de la sucesión de nombres y candidaturas, las primarias de Nevada y Maine revelan que la política estadounidense continúa enfrentando una tensión entre el deseo de cambio radical y la búsqueda de estabilidad institucional. Las campañas sobre vivienda, energía y economía tangible muestran que los votantes exigen soluciones concretas; al mismo tiempo, las disputas sobre la administración electoral y las acusaciones personales contra candidatos evidencian que la credibilidad pública y la moral política siguen siendo moneda de alto valor.
En la medida en que los partidos nacionales concentran recursos y atención en estas contiendas, lo que hoy se define en las urnas primarias puede tener consecuencias directas en el equilibrio de poder del Congreso y en la gobernabilidad estatal. Para el observador atento, estas primarias son una fotografía del momento político: una mezcla de fervor ideológico, preocupaciones cotidianas y estrategias calculadas que, juntas, moldearán el rumbo electoral de 2026.