Ciudades anfitrionas del Mundial entre estadios brillantes y aceras habitadas: cómo el torneo reaviva la crisis de la falta de vivienda

De Atlanta a Seattle: iniciativas, desalojos y pequeños logros en la lucha por dar techo antes y durante la Copa Mundial

El Mundial de fútbol 2026 ha puesto a las ciudades anfitrionas bajo lentes distintos: estadios relucientes, fan zones abarrotadas y, a pocos pasos, aceras donde la falta de vivienda sigue siendo una realidad cotidiana. Los esfuerzos de ciudades como Atlanta, Dallas, Seattle o Los Ángeles muestran enfoques variados —desde campañas de vivienda masiva hasta medidas policiales para despejar acampadas— y dejan en evidencia que el atractivo internacional de un evento no resuelve por sí solo problemas estructurales de años.

Una presión mediática que obliga a actuar

Organizar partidos con decenas de miles de espectadores genera atención, inversiones públicas y una presión política que en ocasiones acelera respuestas municipales. Para algunas administraciones, la llegada de la Copa ha servido de “fecha límite” para implementar programas que ya estaban sobre la mesa; para otras, la urgencia ha significado recurrir a acciones de contención y limpieza de espacios públicos.

En Atlanta, por ejemplo, el programa Downtown Rising prometió acabar con campamentos y reducir la presencia de personas durmiendo en la calle en el centro antes del inicio del torneo. La ciudad informó que había alojado a cerca de 500 personas gracias a esa iniciativa. Sin embargo, escenas como la de decenas de personas acampadas frente a un albergue en Pryor Street recordaron que, pese a los avances, la medida no ha alcanzado a todos.

Más que un efecto cosmético: ¿programas sostenibles o limpiezas temporales?

Históricamente, eventos masivos han sido acompañados por esfuerzos por “limpiar” la ciudad. En 1996, Atlanta, al recibir los Juegos Olímpicos, removió miles de personas sin hogar y estableció centros de detención temporales. Otros ejemplos recientes incluyen la remoción de campamentos en Nueva Orleans antes del Super Bowl o el traslado de migrantes fuera de París antes de los Juegos Olímpicos de 2024.

Las diferencias entre políticas son notables. En Dallas, un programa de $30 millones iniciado en 2024 afirmó haber reducido el número de personas durmiendo en las calles del centro en un 87% y colocó a unas 2,000 personas en viviendas permanentes. En cambio, varias organizaciones y activistas denunciaron tácticas policiales agresivas durante las operaciones de limpieza, incluyendo detenciones a quienes se resistieron a ser reubicados.

La complejidad individual detrás de cada persona sin vivienda

Una de las críticas recurrentes a las soluciones rápidas es que no consideran la diversidad de situaciones personales que provocan o perpetúan la falta de vivienda. Muchas personas evitan los albergues por reglas estrictas, por su vida nómada, por dependencia a sustancias o por problemas de salud mental. Otros no pueden completar trámites administrativos que exigen documentos de identidad o un teléfono de contacto estable: una circunstancia que, paradójicamente, hace que queden fuera de listas de espera para viviendas asistidas.

El testimonio de Tommy Elam, que lleva años sin vivienda y sin teléfono, ilustra esta realidad: “No saben dónde estoy”, explicó, describiendo cómo la falta de acceso a una vía de comunicación complica su inclusión en listas de vivienda. Otros relatos, como el de Michael Sutton en Atlanta, muestran la otra cara: personas que, tras recibir un apartamento y acompañamiento, recuperan sensación de seguridad y estabilidad. Sutton afirmó que poder “ir a casa” y tener un espacio propio es “invaluable”.

Intervenciones innovadoras y sus límites

Ciudades como Seattle han experimentado soluciones creativas, como la construcción de pequeñas unidades de vivienda (tiny homes). A las afueras del estadio, se instalaron unidades de aproximadamente 70 pies cuadrados con calefacción y aire acondicionado; un esfuerzo enfocado en crear 500 nuevas unidades de refugio antes del torneo, aunque la alcaldía reconoció haberse quedado corta en la meta y prometió seguir ampliando la oferta.

Estos proyectos muestran que, cuando hay voluntad política y coordinación, se pueden crear soluciones rápidas que mejoran condiciones. No obstante, expertos y organizaciones comunitarias recuerdan que la rapidez no puede sacrificar la calidad ni la sostenibilidad: la vivienda permanente, con apoyos de salud mental y empleo, es lo que reduce realmente la reincidencia en la indigencia.

Financiamiento, alcance y justicia urbana

Los programas ambiciosos requieren recursos. Atlanta, por ejemplo, reunió $185 millones entre fondos estatales, municipales, donaciones corporativas y fondos privados, con la meta de $235 millones y el objetivo de alojar 3,900 personas en toda la ciudad para el año siguiente. Con una cifra oficial de alrededor de 2,900 personas sin vivienda en la ciudad (aproximadamente un tercio en campamentos o en la calle), la estrategia busca combinar emergencia y soluciones a mediano plazo.

En Dallas, la expansión de fondos para cubrir zonas periféricas y la contratación de equipos de alcance diario —que patrullan áreas cercanas a centros de transporte, fan zones y centros de transmisión— muestran una lección: para encontrar y ofrecer ayuda a quienes duermen en la calle hay que salir al territorio, no esperar pasivamente en oficinas municipales.

La crítica imprescindible de las organizaciones sociales

Activistas y organizaciones de base han sido voces críticas y necesarias en la evaluación de estas campañas. Ann Oliva, directora ejecutiva de la National Alliance to End Homelessness, enfatizó la elección moral y política que enfrentan las ciudades: “Pueden hacer lo fácil: barrer a las personas y trasladarlas, o pueden hacer el trabajo más difícil que beneficiará a toda la comunidad —con o sin vivienda—”, citó en un reportaje sobre el tema (fuente).

La crítica no es meramente ideológica: exige que las políticas sean medidas por resultados sostenibles y por el respeto a los derechos de quienes viven en la calle. Denuncias sobre remociones forzadas, pérdida de documentos personales durante barridos policiales o trato humillante han acompañado algunas operaciones, lo que genera desconfianza entre las personas a las que se intenta ayudar.

¿Qué aprendizaje deja el Mundial para la política urbana?

El gran evento ofrece tres lecciones prácticas:

  • Visibilidad impulsa recursos: la atención internacional puede acelerar la obtención de fondos y la implementación de proyectos —pero no garantiza que sean sostenibles.
  • Alcance proactivo: iniciativas de éxito combinan vivienda y acompañamiento móvil que busque a las personas en su entorno; no basta con ofrecer camas si nadie sabe dónde encontrarlas.
  • Respeto y derechos: las acciones públicas deben priorizar la dignidad y el debido proceso; la “limpieza” urbana puede aliviar la vista, pero no resolver el problema si no viene acompañada de vías reales a la vivienda permanente.

La crisis de la falta de vivienda en Estados Unidos es compleja y de larga data. Los conteos federales indicaron un aumento de doble dígito en el periodo 2023-2024, con aproximadamente 770,000 personas contabilizadas como sin vivienda en 2024, seguido por una ligera disminución a 745,652 el año siguiente —cifras que muchos expertos consideran un subregistro de la magnitud real del fenómeno (fuente).

Si el Mundial logra convertirse en algo más que una fecha para esconder carencias urbanas, su legado podría ser tangible: inversiones que permanezcan, ampliación de servicios integrales y cambios de enfoque que prioricen la vivienda permanente con apoyos. De lo contrario, la imagen de estadios pulcros y calles limpias se habrá logrado a costa de quienes menos tienen, y la pregunta sobre la ética de esa preferencia seguirá sin respuesta.

Las ciudades que avanzan hacia soluciones sostenibles muestran que es posible combinar la organización de grandes eventos con políticas públicas responsables —siempre que la presión del calendario no reemplace al compromiso a largo plazo.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press