Entre el fuego cruzado y las demoliciones: cómo la escalada militar y las expulsiones transforman el mapa político del Medio Oriente
De la ofensiva aérea entre Estados Unidos e Irán a las expulsiones en Jerusalén: consecuencias humanitarias, geopolíticas y sociales de una región en tensión
La región más volátil del planeta vuelve a mostrar dos caras de la misma crisis. Por un lado, una escalada militar transnacional que ha llevado a Estados Unidos e Irán a intercambiar ataques aéreos y misiles en un marco de conflicto que amenaza con desbordar otros frentes. Por otro, decisiones administrativas y judiciales en Jerusalén que aceleran desalojos y demoliciones, tensando aún más una situación política y social ya fragmentada.
Un choque que amplifica riesgos estratégicos y económicos
En las primeras horas de un día reciente, Estados Unidos lanzó ataques aéreos contra objetivos en Irán que, según el Comando Central de Estados Unidos, incluyeron sistemas de defensa aérea, estaciones de control terrestre y radares de vigilancia. La operación fue descrita por Washington como una respuesta proporcional a “ataques recientes contra fuerzas estadounidenses y embarcaciones comerciales internacionales” (declaración del U.S. Central Command).
Teherán reconoció luego que se produjeron ataques en torno a Bandar Abbas y la isla Qeshm, aunque sin ofrecer detalles sobre daños o bajas.
Estas operaciones son un capítulo más de una dinámica que se intensificó desde que, el 28 de febrero, Estados Unidos e Israel iniciaran ataques sobre posiciones iraníes. El conflicto ha tenido efectos de alcance global: la perturbación del suministro energético, la volatilidad en los mercados y el aumento de precios de materias primas y alimentos. En términos geopolíticos, la cadena de represalias complica cualquier intento de retorno a un alto el fuego duradero o de negociación política.
El choque se produjo un día después de que Irán e Israel se dispararan por primera vez desde que entró en vigor un frágil cese del fuego en abril. Ese punto de tensión se exacerbó con la pérdida de un helicóptero de ataque AH-64 Apache de la Armada estadounidense, que cayó cerca del Estrecho de Ormuz tras una colisión con un dron iraní, según un funcionario estadounidense que habló bajo condición de anonimato mientras continúa la investigación. La tripulación fue rescatada, en una operación inédita que incluyó el uso de un bote dron para recuperar a los aviadores a las 3:30 a.m. locales, informó el Comando Central.
El presidente de Estados Unidos afirmó que los tripulantes estaban “seguros y sin heridas”, y la nota oficial insiste en que la acción militar fue limitada y dirigida a objetivos militares específicos. Sin embargo, Irán advirtió de represalias: “Las fuerzas extranjeras cerca de nuestro territorio están en riesgo constante”, dijo el ministro de Relaciones Exteriores iraní Abbas Araghchi en la plataforma X, prometiendo que «no quedará sin respuesta» (mensaje en X de Abbas Araghchi).
Consecuencias regionales inmediatas: misiles, alertas y defensa antiaérea
La respuesta iraní incluyó el lanzamiento de misiles hacia instalaciones en varios países del Golfo. Bahréin y Kuwait activaron sus sistemas de alerta y defensa aérea, y Jordania informó haber derribado cinco misiles dirigidos contra la base aérea Muwaffaq Salti, donde operan fuerzas estadounidenses y donde han sido desplegados cazas F-35. Las fuerzas jordanas anunciaron que no hubo heridos y que equipos de explosivos inspeccionaron los restos de las interceptaciones.
Este patrón —ataque limitado, réplica, respuesta regional— es peligroso porque eleva la probabilidad de errores de cálculo, daños colaterales y el arrastre de actores no directamente implicados en un ciclo más amplio. En términos prácticos, cualquier incursión en áreas con alta densidad de tráfico marítimo o con instalaciones militares de múltiples países puede provocar un efecto dominó.
El impacto económico: energía, comercio y mercados globales
Más allá de la geopolítica, la escalada tiene consecuencias económicas concretas. El Golfo Pérsico es un nodo central para el transporte de hidrocarburos: interrupciones, amenazas o ataques a buques y puertos elevan las primas de riesgo y, por consiguiente, los precios del petróleo. Los mercados reaccionan con volatilidad; las empresas y los gobiernos se ven obligados a rediseñar rutas logísticas, lo que encarece energía y materias primas y tiene un efecto dominó en la inflación global.
Analistas económicos señalan que ya en fases previas del conflicto observamos aumentos en los precios del crudo y costos de transporte marítimo: en episodios previos, una escalada en el estrecho elevó el precio del barril y encareció fletes, afectando cadenas de suministro que iban desde combustibles hasta alimentos y fertilizantes.
De la guerra internacional a la fricción urbana: las demoliciones en Jerusalén
Mientras se intensifican los combates y los ataques transfronterizos, en la ciudad de Jerusalén se libra otra batalla, de naturaleza administrativa y legal, pero con consecuencias humanas profundas: la demolición de viviendas palestinas y la aceleración de desalojos en barrios de Jerusalén Este.
Vecinos como Fakhri Abu Diab han visto su vida transformada por la llegada de maquinaria y órdenes de demolición. Abu Diab luchó durante décadas para salvar su hogar; cuando llegaron los buldóceres dos años atrás no pudo evitar la pérdida. Hoy vive en una vivienda móvil junto a los escombros de lo que fue su casa: “Están tratando de borrar mis recuerdos, mi infancia, mi historia”, dijo, visiblemente conmovido.
Silwan y sus barrios aledaños, como al-Bustan y Batan al-Hawah, se encuentran en el corazón de esta disputa porque están próximos a lugares sagrados como la Explanada de las Mezquitas —con la cúpula de la Mezquita de Al-Aqsa como hito visible— y sitios arqueológicos reclamados por grupos diversos. La presión demográfica y las estrategias de asentamiento han convertido a estos barrios en escenarios de conflicto cotidiano.
Estadísticas y organizaciones que monitorean el fenómeno
Organizaciones israelíes y palestinas que rastrean desalojos y demoliciones han documentado un incremento notable en los últimos años. Ir Amim, un grupo israelí especializado en asuntos de Jerusalén, reportó que más de 260 viviendas y estructuras fueron demolidas en 2025, lo que representa un aumento del 70% respecto a cifras de hace tres años. Además, hasta la fecha del informe hay al menos 116 demoliciones en el año en curso (informe de Ir Amim).
Por su parte, la ONG Bimkom reportó un marcado desequilibrio en la aprobación de permisos de construcción: el año pasado se otorgaron casi 9.000 permisos para residentes judíos de Jerusalén frente a menos de 700 permisos para palestinos, a pesar de que estos últimos conforman aproximadamente el 40% de la población de la ciudad (datos de Bimkom).
Esos números explican, en parte, por qué muchos palestinos recurren a construir sin permisos o a ampliar viviendas de forma irregular: el sistema de planificación dificulta o restringe sistemáticamente sus posibilidades de obtener autorizaciones. El resultado es un ciclo en el que la falta de permisos conduce a demolición y desplazamiento, mientras que la transferencia de terrenos estatales a organizaciones de colonos facilita la instalación de nuevas familias judías en barrios otrora palestinos.
Procesos legales, estrategias de asentamiento y narrativas contrapuestas
Las expulsiones en barrios clave como Batan al-Hawah ilustran la cooperación —según distintos observadores críticos— entre organizaciones de colonos y aparatos estatales. Grupos como Ateret Cohanim y Ateret Cohanim-associated organizaciones han facilitado el regreso de familias judías a viviendas que, argumentan, pertenecieron a judíos antes de 1948. En muchos casos, estos reclamos se resuelven en cortes israelíes basándose en leyes que permiten restaurar propiedades a reclamantes judíos.
Mientras tanto, organizaciones de derechos como B’Tselem denuncian una política sistemática de “judaisación” de Jerusalén Este que busca reemplazar a población palestina con colonos israelíes. “Hay una cooperación entre organizaciones de colonos y las instituciones del Estado, basada en leyes discriminatorias, hacia un objetivo común: la judaización de Jerusalén Este y el reemplazo de residentes palestinos por colonos”, señaló Yair Dvir, portavoz de B’Tselem, al describir la dinámica de los desalojos en Batan al-Hawah.
Las autoridades municipales, por su parte, sostienen que las demoliciones obedecen a la ley: viviendas construidas en áreas no habilitadas o sin permisos deben ser removidas. La municipalidad asegura haber presentado planes para alternativas de vivienda, y alega una falta de “intenciones serias” por parte de los residentes para llegar a acuerdos.
La diferencia en la percepción de los hechos es profunda: para los palestinos afectados, las medidas representan borrado cultural y expoliación territorial; para parte del establishment israelí y de los colonos, se trata de rectificar injusticias históricas y restituir propiedades a familias judías.
Historias humanas: entre la pérdida material y la memoria
Las narrativas personales ponen rostro a los números. Zuhair al-Rajabi perdió un pleito en la Corte Suprema y recibió orden de desalojo. Tenía documentos de 1966 que, según él, acreditaban su propiedad, pero la decisión judicial determinó lo contrario. Una familia entera se enfrenta a la inminencia de una expulsión para la que no hay alternativas de reubicación asequibles en Jerusalén, donde los alquileres son prohibitivos.
Khalil Basbous, de 68 años, fue desalojado en enero y hoy pasa por delante de su antiguo hogar cada día. Sostiene que volverá, abrazando un olivo plantado hace décadas como prueba de una raíz que, para él, nunca fue legítimamente removida.
El drama de estas familias se combina con el escenario internacional: mientras soldados y aviones se enfrentan en el Golfo y la región, miles de personas en Jerusalén viven la violencia cotidiana de la administración y la ley.
Interconexión: ¿por qué ambas dinámicas importan globalmente?
Puede parecer que los choques armados en alta mar y las demoliciones en barrios residenciales son fenómenos separados. No lo son. Ambos son manifestaciones de un entramado de poder que afecta seguridad, legitimidad política y percepción internacional.
- Legitimidad internacional: las operaciones militares y las políticas de asentamiento condicionan la percepción que gobiernos y organismos multilaterales tienen de los actores implicados. Las demoliciones masivas y las expulsiones alimentan críticas en foros internacionales que, a su vez, influyen en sanciones, apoyos diplomáticos y alineamientos estratégicos.
- Seguridad y radicalización: la combinación de ataques militares externos y despojo interno puede alimentar la radicalización —tanto local como transnacional— al reforzar narrativas de victimización y venganza.
- Costos humanitarios y económicos: los desplazamientos y las interrupciones del comercio y la energía aumentan la presión sobre sociedades y economías vulnerables, multiplicando la precariedad.
¿Se vislumbra una salida? Actores, obstáculos y posibles vías
Las negociaciones multilaterales han intentado, sin éxito completo, convertir ceses temporales en acuerdos duraderos. Mediadores de distintas regiones, entre ellos actores como Pakistán en algunos episodios recientes, han buscado pasar de treguas a pactos que aborden causas profundas: control de armamento, garantías de navegación y límites a operaciones ofensivas. Pero la tensión entre exigencias de Irán —por ejemplo, alivio de sanciones y la liberación de activos congelados— y las demandas estadounidenses —la renuncia a stockpiles de uranio altamente enriquecido, según informes— complican cualquier arreglo.
Al mismo tiempo, el tema de Jerusalén exige soluciones que trasciendan lo legal-administrativo y enfrenten realidades demográficas y de planificación urbana: revisar criterios de permisos, crear vías reales de regularización de vivienda para palestinos y frenar prácticas que faciliten transferencias de tierras estatales a organizaciones de colonos podrían ser pasos hacia una atmósfera menos explosiva. Pero esas medidas requieren voluntad política que hoy parece escasa.
Voces y propuestas: ¿qué reclaman las comunidades y qué piden las organizaciones?
Las organizaciones de derechos humanos y de base piden mayor supervisión internacional y transparencia en los procesos de planificación urbana. Exigen que países donantes y organismos multilaterales condicionen el apoyo a políticas que respeten derechos básicos: acceso a la vivienda, debido proceso y protección contra desplazamientos forzosos.
Por su parte, voces dentro de Israel y comunidades de colonos reclaman reparación histórica y seguridad, argumentando que barrios cambiaron de carácter a lo largo de décadas y que rectificar situaciones pasadas es una reparación legítima.
En términos de diálogo, pocos pasos son inmediatos: reconstruir confianza exige, entre otras cosas, mecanismos verificables de protección civil, compromiso de respetar normas humanitarias y, al menos, la paralización de acciones unilaterales que exacerban tensiones en momentos de crisis internacional.
Reflexión final: la urgencia de políticas que combinen seguridad y derechos
El relato que emergente de estas semanas muestra la complejidad de un conflicto que se expresa tanto en campos de batalla internacionales como en decisiones administrativas municipales. Ignorar cualquiera de estos frentes es un lujo que la región no puede permitirse: la seguridad sin justicia alimenta resentimiento; la justicia sin garantías de seguridad es difícil de sostener.
La comunidad internacional, los mediadores y las partes locales enfrentan un desafío doble: contener la escalada militar antes de que se convierta en un conflicto regional más amplio, y, al mismo tiempo, abordar las políticas urbanas y judiciales que generan desplazamientos y fracturas en el tejido social de ciudades como Jerusalén. La historia demuestra que las soluciones sostenibles suelen surgir cuando se combinan diplomacia firme, presión por el respeto a derechos humanos y políticas concretas de desarrollo urbano inclusivo.
Mientras tanto, frente a la incertidumbre, las vidas de civiles y familias enteras quedan atrapadas entre el ruido de los aviones y el chirrido de las excavadoras: ambos sonidos configuran hoy los contornos de un Medio Oriente en transformación.
Fuentes citadas: declaraciones oficiales del U.S. Central Command; mensaje en X del ministro de Relaciones Exteriores de Irán Abbas Araghchi; informes de Ir Amim y Bimkom sobre demoliciones y permisos de construcción en Jerusalén.