Niveles del mar y marea de juicio: por qué las inundaciones costeras extremas ya no son excepciones

La influencia humana ha multiplicado la probabilidad de eventos costeros extremos; qué significa para ciudades, infraestructura y planificación

La combinación de mareas altas, tormentas y la elevación del nivel del mar provocada por el ser humano está transformando lo que antes eran episodios históricos en la nueva normalidad costera. Dos estudios recientes publicados en revistas científicas de alto impacto concluyen que los eventos extremos de nivel del mar —los que antaño tenían apenas un 1% de probabilidad anual— son ahora mucho más frecuentes y serán más peligrosos si no redoblamos medidas de mitigación y adaptación.

Un salto en la probabilidad de inundación

Investigadores que analizaron registros de mareógrafos en más de 100 sitios, junto con modelos climáticos, concluyeron en un trabajo publicado en la revista Nature Climate Change que esos eventos extremos con probabilidad histórica del 1% son, en promedio, aproximadamente 12 veces más probables hoy. De ese aumento, alrededor de cuatro veces puede atribuirse directamente al calentamiento producido por la actividad humana. Otro estudio, en Science Advances, atribuye al cambio climático la raíz de aproximadamente el 58% de los días con niveles de agua extremos entre 2000 y 2018 y señala que, desde la década de 1970, el número de días que superan los umbrales extremos casi se ha triplicado.

Estas cifras no son meros números: representan un incremento sustancial del riesgo para cientos de millones de personas que viven en zonas costeras bajas. Las consecuencias incluyen pérdidas económicas masivas —daños que se cuentan en miles de millones de dólares—, interrupciones en servicios esenciales, desplazamientos humanos y, en el peor de los casos, muertes.

¿Qué entendemos por “evento extremo”?

Un evento extremo de nivel del mar ocurre cuando la suma de factores —marea astronómica, marejada ciclónica o de tormenta y un nivel base del mar inusualmente alto— produce un nivel de agua que desborda defensas naturales o construidas y genera inundaciones costeras significativas. En décadas pasadas, muchos de esos episodios eran raros; ahora, por la elevación sostenida del nivel medio del mar y la mayor probabilidad de condiciones meteorológicas severas, se repiten con mayor frecuencia.

La huella humana: causas y mecanismo

Desde principios del siglo XX hubo variaciones naturales en el nivel del mar, pero desde la década de 1960 la evidencia científica señala que el calentamiento global inducido por humanos —por las emisiones de gases de efecto invernadero derivadas de la quema de combustibles fósiles— es el factor dominante que empuja el aumento del nivel del mar. Ese alza se debe principalmente a dos procesos: la expansión térmica del agua al calentarse y el aporte de agua dulce procedente del deshielo de glaciares y capas de hielo.

Como dijo Sönke Dangendorf, autor principal de uno de los estudios y profesor asociado en Tulane University: “En particular desde la década de 1970, es por lejos el factor dominante” (cita recogida en la cobertura del estudio en prensa científica). Esa afirmación sintetiza la concordancia científica sobre la responsabilidad humana en la tendencia observada.

Eventos recientes y la interacción con huracanes

Huracanes como Ian (2022) constituyen ejemplos dramáticos de cómo los peligros costeros se combinan: una tormenta intensa genera marejadas ciclónicas que, sumadas a un nivel del mar ya más alto, producen inundaciones más extensas y severas que en condiciones históricas. Científicos han señalado que el cambio climático no solo aumenta el nivel del mar —haciendo que la base sobre la que actúan las marejadas sea más alta— sino que puede intensificar la potencia o humedad de algunos ciclones.

Implicaciones para la planificación urbana y la infraestructura

El aumento de la probabilidad de eventos extremos transforma decisiones de inversión y planificación. Jeff Williams, oceanógrafo del Servicio Geológico de Estados Unidos retirado, advierte que los niveles actuales de protección en ciudades vulnerables no serán suficientes más allá de unas décadas y que las autoridades deben evaluar cuánto costará reforzar defensas y quién asumirá esos costos.

Ejemplos concretos:

  • Protecciones como diques y muros pueden requerir elevaciones y refuerzos. Su diseño tradicional, pensado para probabilidades históricas, puede quedar obsoleto.
  • Infraestructura crítica (planta de tratamiento, centrales eléctricas, hospitales) situada en franjas costeras necesita planes de resiliencia: elevación, impermeabilización o reubicación.
  • Planes de ordenamiento territorial deben incorporar proyecciones de nivel del mar a largo plazo para limitar nuevas construcciones en zonas de alto riesgo.

Adaptación versus mitigación: ambas son necesarias

Los estudios dejan claro que, aunque ya se observa un impacto humano notable en las inundaciones costeras, aún tenemos margen de influencia: reducir emisiones limita la magnitud del aumento futuro del nivel del mar. Como apuntó Dangendorf, “hay una luz de esperanza porque tenemos control sobre cuánto emitimos”.

Pero la mitigación por sí sola no resuelve los desafíos inmediatos: las comunidades costeras necesitan medidas de adaptación urgentes y bien planificadas. Esto implica políticas públicas sostenidas, financiamiento a largo plazo y participación comunitaria para identificar vulnerabilidades y soluciones equitativas.

Datos y contexto histórico

Algunas cifras clave que ayudan a dimensionar el problema:

  • Estudios que combinan registros mareográficos y modelado atribuyen a la influencia humana gran parte del aumento observado en las últimas décadas (Nature Climate Change y Science Advances).
  • El informe del Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC) ha documentado desde hace años que, bajo escenarios de altas emisiones, el aumento del nivel del mar podría alcanzar decenas de centímetros (o más) para finales de siglo, con impactos crecientes en las zonas costeras.
  • Se estima que cientos de millones de personas viven en zonas a menos de 10 metros sobre el nivel del mar en todo el mundo, lo que explica la escala humana del riesgo.

Justicia climática y financiación

Las decisiones sobre quién paga por la adaptación son profundamente políticas y éticas. Comunidades con menor capacidad técnica y financiera —a menudo en países en desarrollo— son las más expuestas, pese a haber contribuido menos históricamente a las emisiones. Esto plantea debates sobre financiamiento internacional, transferencias tecnológicas y mecanismos para compensar pérdidas y daños ya en curso.

Además, dentro de países ricos, hay tensiones entre proteger a barrios de alto valor inmobiliario y priorizar la protección de comunidades vulnerables; la planificación debe incorporar criterios de equidad y participación ciudadana para evitar que las medidas beneficien desproporcionadamente a quienes ya cuentan con recursos.

Qué puede hacer una ciudad costera ahora

  1. Evaluar el riesgo con datos actualizados: incorporar proyecciones de nivel del mar y escenarios climáticos en todos los planes de infraestructura.
  2. Adoptar soluciones híbridas: combinar infraestructuras grises (muros, bombas) con soluciones basadas en la naturaleza (restauración de marismas, dunas) que amortiguan olas y absorben energía.
  3. Planificar la relocalización cuando sea necesario: para zonas de riesgo extremo, diseñar procesos de reubicación voluntaria y con apoyo social y económico.
  4. Crear fondos y mecanismos de pago: explorar seguros, bonos verdes y fondos de resiliencia para financiar obras y compensaciones.
  5. Fortalecer la gobernanza: coordinación intergubernamental y participación comunitaria para asegurar decisiones transparentes y justas.

Mensaje para los ciudadanos

Las conclusiones científicas recientes son un llamado de atención: los eventos que antes se consideraban excepcionales están dejando de serlo. Esto no significa que el destino esté sellado; significa que las decisiones que tomemos ahora —tanto colectivas como individuales— influirán en el grado de riesgo que enfrentarán las futuras generaciones. Reducir emisiones, actualizar planificaciones urbanas y demandar políticas públicas basadas en la ciencia son pasos imprescindibles.

Como resumió Ben Strauss, científico jefe de Climate Central y coautor de uno de los estudios: “Esencialmente, cada inundación costera hoy tiene huellas humanas a través del cambio climático”. Esa constatación no sirve para paralizarnos: sirve para orientar la acción urgente y coordinada que necesitamos.

La marea sube, pero también existen herramientas y voluntad para construir costas más seguras y ciudades más resilientes. La diferencia la marcará la rapidez y la justicia con que actuemos.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press