Japón y el desafío pendiente del combustible nuclear gastado: entre reencendidos y depósitos llenos
El reinicio de reactores alivia la demanda energética, pero agudiza una crisis de almacenamiento que exige decisiones a largo plazo
Japón ha reactivado recientemente uno de los mayores reactores nucleares del mundo para enfrentar presiones energéticas en un contexto internacional complejo. Sin embargo, ese movimiento volvió a poner en primer plano un problema que lleva décadas sin resolverse: la gestión y el destino final del combustible nuclear gastado.
Un reinicio con efectos inmediatos
El reactor No. 6 de la central Kashiwazaki-Kariwa, operada por Tokyo Electric Power Company Holdings (TEPCO), volvió a entrar en funcionamiento tras años de inactividad desde 2011. La puesta en marcha forma parte de la apuesta del gobierno para reactivar más plantas nucleares y así garantizar el suministro eléctrico en un entorno marcado por la volatilidad de los precios y por una crisis energética mundial.
Pero el reinicio tiene un efecto colateral ineludible: más generación nuclear significa más combustible gastado que debe almacenarse con seguridad. Takeyuki Inagaki, director general de Kashiwazaki-Kariwa, lo resumió con claridad: “Sin planes sólidos de gestión del combustible, nuestra generación eléctrica se quedará estancada tarde o temprano”.
La caja de resonancia: piscinas y espacios llenos
El combustible nuclear gastado se mantiene inicialmente en piscinas de enfriamiento junto a los reactores antes de trasladarse a soluciones intermedias o a instalaciones de almacenamiento definitivo. Según datos del Ministerio de Economía, Comercio e Industria japonés (METI), a diciembre de 2025 las piscinas de 17 centrales contenían más de 15.422 toneladas métricas (más de 17.000 toneladas) de combustible gastado, ocupando cerca del 80% de la capacidad total de almacenamiento en el país.
En Kashiwazaki-Kariwa, por ejemplo, la piscina del reactor No. 6 estaba al 88% de su capacidad en el momento del reinicio. Ese nivel de ocupación no es aislado y obliga a TEPCO y a otras empresas eléctricas a trasladar combustible entre instalaciones o a considerar el uso de almacenamiento seco en contenedores —una solución a medio plazo— mientras se busca una salida definitiva.
Reprocesamiento versus disposición directa: un debate con historia
Existen esencialmente dos vías para tratar el combustible irradiado: la disposición directa —enterrarlo en un emplazamiento geológico profundo— o el reprocesamiento y reciclaje, que permite recuperar plutonio y uranio para su reutilización en reactores. Japón ha apostado durante décadas por el reprocesamiento, argumentando que, como nación con escasos recursos naturales, el reciclaje ayudaría a la seguridad energética y reduciría el volumen y toxicidad del residuo final.
No obstante, la estrategia de reciclaje se ha topado con problemas técnicos y económicos. Un reactor diseñado para quemar plutonio reutilizable fracasó, y el reprocesamiento no puede absorber la totalidad del combustible acumulado. Además, la extracción y almacenamiento de plutonio ha generado preocupación internacional: el stock acumulado en Japón podría ser, en teoría, suficiente para un número considerable de armas nucleares, aunque el país insiste en fines pacíficos y civiles.
La herida abierta de Fukushima
El desastre de Fukushima en marzo de 2011 marcó un antes y un después en la política nuclear japonesa. Un sismo de magnitud 9.0 frente a la costa noreste provocó un tsunami que inundó la central de Fukushima Daiichi y desencadenó fusión en tres reactores operados por TEPCO. Unas 160.000 personas fueron evacuadas y varias zonas siguen siendo inhabitables.
Aquel accidente, además de su coste humano y ambiental, dejó una cantidad enorme de residuos de alto nivel cuya gestión aún no está resuelta. Lila Okamura, profesora de Senshu University experta en políticas ambientales y gestión de residuos nucleares, subraya que Japón no solo debe lidiar con el combustible de reactores comerciales, sino también con “desechos de alto nivel masivos y en gran medida desconocidos” procedentes de Fukushima.
Minamitorishima: ¿solución o parche polémico?
Frente a la dificultad de hallar comunidades dispuestas a acoger instalaciones definitivas, el gobierno japonés ha empezado a considerar emplazamientos remotos. Una de las opciones sobre la mesa es Minamitorishima, un atolón administrativo del municipio de Ogasawara, a unos 2.000 kilómetros al sur de Tokio. Es una isla de propiedad gubernamental sin población permanente y geológicamente estable —factores que la hacen atractiva para algunos técnicos—, y además cuenta con depósitos marinos de minerales de tierras raras.
Pero la propuesta ha provocado rechazo local y escepticismo público. Miembros de la asamblea de Ogasawara y residentes de islas vecinas han expresado su sorpresa y preocupación, arguyendo que albergar residuos nucleares es incompatible con la conservación de áreas que incluyen patrimonio natural y ecosistemas frágiles. Y, como apuntó Satoshi Takano, integrante de un panel gubernamental sobre disposición final, la selección parece en cierta medida política: “Habrá poca oposición en una isla remota de propiedad estatal”.
El tiempo y el coste de una solución definitiva
Los expertos coinciden en que diseñar, evaluar y construir un almacén geológico profundo para desechos de muy alta actividad no es tarea de años sino de siglos. Los estudios técnicos y sociales, junto a las obras de ingeniería y las fases de vigilancia, pueden llevar un siglo solo para el proyecto inicial y después requiere un seguimiento que se extiende por decenas de miles de años para garantizar la contención de la radiactividad.
Okamura advierte sobre la necesidad de planificar con calma: “Para un proyecto que debe pensarse por generaciones, Japón debería planear cuidadosamente y no precipitar la actual propuesta llena de incertidumbres”.
El ejemplo internacional y las decisiones que otros países han tomado
La experiencia global ofrece lecciones variadas. Finlandia está a la vanguardia con la construcción del primer almacén geológico profundo destinado específicamente a combustible gastado, el proyecto Onkalo en Olkiluoto, que ha avanzado durante décadas y se espera que comience operaciones definitivas en los próximos años. Por contraste, países como Estados Unidos, Alemania o Reino Unido han optado en distintos grados por abandonar o reducir el reprocesamiento, citando costos y retos técnicos.
Según analistas internacionales, la tendencia a favor de la disposición directa ha ganado terreno en la última década porque reduce complejidad técnica y riesgos de proliferación, aunque exige la aceptación social de comunidades anfitrionas y confianza en estudios geológicos de largo plazo.
Soluciones intermedias y gestión a corto plazo
Ante la urgencia, las utilities japonesas han recurrido a medidas temporales: transferencia de combustible entre piscinas de distintos reactores para equilibrar ocupaciones, reanudación de envíos a almacenamiento en contenedores secos (dry cask storage) en instalaciones lejanas y construcción de nuevos contenedores en plantas existentes. TEPCO, por ejemplo, ha transferido combustible del No. 6 a otras piscinas dentro de la propia Kashiwazaki-Kariwa y espera reanudar envíos a almacenamientos secos en el norte de Japón como solución provisional.
Estas medidas alivian el problema inmediato, pero no sustituyen la necesidad de decidir una política nacional de disposición final, con transparencia, participación pública y criterios científicos usados a escala internacional.
Percepción pública y legitimidad política
Uno de los mayores obstáculos para cualquier plan de disposición es la aceptación social. La historia japonesa muestra resistencia fuerte a proyectos que impliquen residuos nucleares, aun cuando vengan acompañados de incentivos económicos: municipios han rechazado propuestas a pesar de paquetes financieros millonarios. La búsqueda de sitios para estudios de factibilidad ya ha incluido varias localizaciones desde los años 2000, y Minamitorishima sería la cuarta opción sometida ahora a evaluación precoz.
Activistas y ciudadanos sostienen que acelerar reinicios de reactores sin un destino final acordado para el combustible es irresponsable. Como dijo Mie Kuwabara, activista civil en Niigata: “Es irresponsable acelerar los reinicios y producir más combustible gastado sin decidir su destino final. Da la sensación de que está bien poner una instalación en un lugar donde nadie vive para que nadie se queje si ocurre un problema. Da miedo”.
Qué necesita Japón para avanzar
- Un marco transparente y participativo que involucre a comunidades, científicos y gobiernos locales desde las etapas iniciales.
- Evaluaciones geológicas independientes y de largo plazo que respalden cualquier propuesta de emplazamiento definitivo.
- Decisiones claras sobre reprocesamiento versus disposición directa basadas en costos, riesgos de proliferación y factibilidad técnica.
- Estrategias intermedias seguras para almacenamiento que eviten sobrecargas en piscinas y reduzcan riesgos de concentración excesiva de combustible.
- Cooperación internacional para aprender de proyectos como el de Finlandia y para explorar mecanismos de gobernanza regional sobre residuos nucleares.
El tablero energético de Japón ha cambiado: la presión por reiniciar reactores es real y responde a necesidades inmediatas. Pero la sostenibilidad de esa estrategia pasa por resolver una pregunta que afecta a generaciones: ¿dónde y cómo enterrará la nación el legado radiactivo que ha producido y seguirá produciendo? Resolverlo exigirá ciencia, tiempo y, sobre todo, legitimidad social.
Fuentes citadas en el texto: Ministerio de Economía, Comercio e Industria (METI) de Japón (datos hasta diciembre de 2025); declaraciones públicas de responsables de TEPCO y del gobierno japonés; académicos y representantes locales citados en ruedas de prensa y asambleas municipales sobre el plan para Minamitorishima.
