Necrópolis del fondo: el hallazgo de un cementerio de ballenas a 7 km de profundidad

Cómo un descubrimiento en la fosa del Océano Índico redefine nuestra comprensión de los ecosistemas profundos

Un paisaje inesperado en la oscuridad abisal

En las profundidades del sureste del Océano Índico, a casi 23.000 pies (7 kilómetros) bajo la superficie, científicos han identificado un conjunto de yacimientos óseos de cetáceos —verdaderas necrópolis marinas— que conforman el mayor, más antiguo y profundo cementerio de ballenas documentado hasta la fecha. Los restos descubiertos incluyen esqueletos completos, cráneos de ballenas de pico y de barbas, y huesos fosilizados con una antigüedad que alcanza los 5,3 millones de años.

Qué encontraron los investigadores

Las campañas de exploración con sumergibles realizadas en 2023 permitieron mapear cinco sitios principales donde los restos marinos se acumulan y sostienen comunidades diversas de organismos. Los hallazgos, publicados en la revista Nature, no solo documentan la presencia de especies como medusas, gusanos tubícolas y ofiuras, sino que también apuntan a numerosas especies probablemente nuevas para la ciencia, especialmente entre los invertebrados que viven y se alimentan de los huesos.

«La cantidad potencial de especímenes es sencillamente asombrosa», explicó el paleontólogo Stephen Godfrey del Calvert Marine Museum de Maryland, citado por el reporte (Nature, 2025). Godfrey no participó en la investigación, pero su valoración subraya la magnitud del descubrimiento.

Por qué estos huesos se conservaron tanto tiempo

Los autores del estudio proponen varias hipótesis sobre la preservación excepcional de los huesos en ese entorno abisal:

  • La gran densidad ósea de las ballenas les confiere mayor resistencia a la degradación por organismos xilófagos marinos (gusanos que consumen hueso).
  • La profundidad extrema reduce la cantidad de sedimento movilizado que pudiera enterrar u ocultar los restos, lo que facilita su exposición y posterior mineralización.
  • Una delgada costra mineral depositada por el agua circundante habría protegido la superficie del hueso, retardando procesos bioquímicos de descomposición.

Estos factores, combinados con condiciones geo-morfológicas particulares, permiten que los restos permanezcan reconocibles y susceptibles de estudio paleontológico incluso millones de años después.

Cómo se forman las necrópolis de ballenas

Los llamados whale-falls (caídas de ballenas) son eventos ecológicos en los cuales un cadáver de cetáceo, por su gran biomasa, se transforma en un depósito energético que alimenta a decenas o cientos de organismos a lo largo de décadas o más. El proceso general suele atravesar varias fases: dispersión de carroña por los carroñeros móviles, colonización por organismos que comen tejido blando, proliferación de quimioautótrofos en los huesos y, finalmente, una fase de declive en la que permanecen comunidades especializadas subsistiendo de la mineralización lenta del hueso.

Los autores del estudio sugieren además que la morfología del fondo marino en la región —descrita como una estructura en forma de V— pudo actuar como trampa natural que concentró los cadáveres en zonas específicas, favoreciendo la formación de estos cementerios óseos a gran escala.

Implicaciones para la biología profunda y la paleontología

El descubrimiento tiene varias consecuencias relevantes:

  1. Expande el catálogo de hábitats abisales conocidos: estas necrópolis funcionan como núcleos de biodiversidad local en áreas donde la productividad en superficie no llega con facilidad.
  2. Aporta pruebas sobre la historia evolutiva y biogeográfica de organismos ligados a restos óseos marinos, muchos de los cuales podrían representar linajes no descritos.
  3. Ofrece pistas paleoecológicas: los huesos fosilizados permiten reconstruir la presencia de cetáceos en tiempos geológicos antiguos y las condiciones ambientales que favorecieron su acumulación.

Giovanni Bianucci, paleontólogo de la Universidad de Pisa y coautor del estudio, comentó por correo electrónico que estudiar estos cementerios ayuda a entender «cómo la vida puede adaptarse a condiciones extremas, no solo por la falta de luz y oxígeno sino también por las presiones colosales» (Nature, 2025).

Una ventana a millones de años de historia

Los huesos más antiguos del sitio se remontan a 5,3 millones de años, una edad que sitúa parte del registro en el Plioceno. Este período geológico es clave para comprender la evolución de los océanos modernos y la diversificación de muchos grupos marinos. Que restos de aquella época se conserven en condiciones relativamente intactas brinda a los científicos una oportunidad única de comparar anatomía, dieta y distribución de cetáceos antiguos con sus parientes actuales.

Además, esos huesos pueden contener información geoquímica —como señales isotópicas— que ayude a reconstruir la temperatura y composición de las aguas profundas del pasado remoto.

La tecnología al servicio de lo remoto

Localizar y estudiar sitios a 7 km de profundidad solo es posible gracias a la tecnología de submarinos de investigación y vehículos operados a distancia (ROV). Los sumergibles modernos permiten no solo tomar imágenes y muestras, sino también realizar mapeos batimétricos de alta resolución que dibujan la extensión de los yacimientos.

En este caso, los investigadores chinos —entre ellos Xikun Song del Instituto de Ciencia y Tecnología Marina de la Academia China de Ciencias— lideraron las inmersiones y la recogida de muestras. Song explicó por correo electrónico que la naturaleza misma del océano profundo hace que localizar estos sitios sea «excepcionalmente difícil»; sin embargo, sus características físicas y químicas convierten los restos en puntos de referencia ecológicos persistentes (Nature, 2025).

Conservación y preguntas abiertas

Aunque los horizontes más inmediatos del hallazgo son científicos, también existen consideraciones de conservación. Los hábitats abisales están empezando a recibir presión antrópica: la minería de fondos marinos, la pesca de profundidad y el cambio climático pueden alterar ecosistemas que hasta hace poco eran percibidos como inalcanzables y, por tanto, intocados. Identificar y comprender sitios como este ayuda a argumentar la necesidad de medidas de protección y gestión responsable.

Entre las preguntas que el estudio deja abiertas figuran:

  • ¿Qué proporción de la biodiversidad asociada a las caídas de ballenas aún permanece por describir?
  • ¿Cómo influyen factores oceanográficos locales en la tasa de formación y preservación de estos cementerios?
  • ¿Qué riesgos suponen las actividades humanas para la integridad de estos hábitats especializados?

Por qué importa estudiar los cementerios marinos

Más allá de la fascinación natural por restos fosilizados, los whale-falls son laboratorios naturales para entender procesos ecológicos a escalas temporales y espaciales poco accesibles en otros contextos. Nos enseñan cómo la vida encuentra nichos en condiciones extremas y cómo la energía de un organismo puede sostener complejas redes tróficas durante siglos o milenios.

Como apuntó Stephen Godfrey, la magnitud del registro recuperado abre un abanico de posibilidades para la paleontología y la biología marina: cada hueso es una página de la historia del océano, y cuanto más leamos, más entenderemos la resiliencia y fragilidad de la vida en las profundidades.

Para quienes observamos la superficie del planeta, descubrimientos como este recuerdan que la mayor parte de la biosfera sigue siendo misteriosa. Protejer y estudiar esos rincones remotos no es solo una iniciativa académica: es una inversión en conocimiento que puede iluminar tanto el pasado como el futuro del entorno marino global.

Fuente citada: Hallazgos y declaraciones reportados en el estudio publicado en Nature y en comunicaciones de los investigadores involucrados (Nature, 2025).

Este artículo fue redactado con información de Associated Press