El auge de la guerra con drones en Sudán: daño humano, logística humanitaria y un conflicto que se perpetúa

Cómo los ataques con vehículos aéreos no tripulados transforman la violencia, amenazan a civiles y complican la ayuda en una guerra que ya dura más de tres años

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El uso creciente de drones en el conflicto sudanés ha cambiado no sólo la táctica en el terreno, sino también la percepción y la magnitud del sufrimiento civil. En las últimas semanas se han vuelto recurrentes los ataques en ciudades como el-Obeid, en Kordofán del Norte, donde huelgas nocturnas con aeronaves no tripuladas han provocado decenas de bajas y múltiples heridos, además de daños a infraestructuras críticas y a cadenas de suministro de ayuda.

Una nueva fase del conflicto

La guerra en Sudán, que estalló con fuerza en abril de 2023 por el enfrentamiento entre las Fuerzas Armadas y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), entró en una fase en la que los drones se han convertido en armas habituales. Según reportes recientes, en un solo episodio en el-Obeid, ataques con drones causaron al menos 15 muertos y decenas de heridos, mientras que funerales y estaciones de servicio fueron objetivos directos, lo que evidencia un uso indiscriminado de esas capacidades aéreas.

Estos episodios no son aislados. Observadores y organizaciones humanitarias señalan que tanto la fuerza militar como la RSF han incrementado la utilización de vehículos aéreos no tripulados, muchos suministrados desde terceros países, en operaciones que afectan a zonas urbanas densamente pobladas, mercados y puntos críticos para la distribución de alimentos.

Impacto humanitario: cifras que no sólo son números

El conflicto ha cobrado una factura humana enorme. Informes y estimaciones de organismos internacionales calculan que la guerra ha provocado decenas de miles de muertes y desplazamientos masivos. Por ejemplo, son citadas cifras que ubican la cifra de fallecidos en decenas de miles y más de 10 millones de desplazados internos y externos. La Oficina de Coordinación Humanitaria de la ONU (OCHA) y otros organismos han alertado que más de 30 millones de personas podrían necesitar algún tipo de asistencia humanitaria en el país (ver: https://www.unocha.org).

Más allá de las estadísticas, las consecuencias en localidades como el-Obeid son palpables: colegios cerrados, mercados parcialmente operativos y rutas de abastecimiento hostigadas. Un ejemplo trágico fue el impacto sobre un camión que llevaba alimentos hacia la ciudad y que fue alcanzado, con la muerte de su conductor, hecho que ilustra cómo la guerra mina la seguridad alimentaria en tiempo real.

Drones como arma de precisión… y de terror

Los drones ofrecen a los bandos beligerantes la posibilidad de atacar desde la distancia sin arriesgar personal propio. Sin embargo, en la práctica del conflicto sudanés, esa ventaja técnica se traduce a menudo en ataques que no distinguen entre objetivos militares y civiles. Grupos de monitoreo local han denunciado que funerales, reuniones comunitarias y operativos de rescate han sido blanco de drones, lo que sugiere una pauta preocupante de ataques indiscriminados.

“Esta serie de ataques indica un patrón generalizado de apuntar a concentraciones civiles, barrios e infraestructura, incluso durante operaciones de rescate y funerales”, declaró un grupo de monitoreo local, en una denuncia pública sobre los hechos en el-Obeid. El efecto psicológico en la población es devastador: el temor a los ataques aéreos puede paralizar la vida cotidiana, restringir movimientos y hacer que la gente rehúya puestos sanitarios o centros de distribución por miedo a nuevas agresiones.

Actores internacionales y la proliferación de armas

Expertos en seguridad han señalado que tanto las fuerzas gubernamentales como la RSF han recibido apoyo en materia de drones y componentes desde países de la región y más allá. Esa asistencia ha facilitado la proliferación de tecnología letal en un entorno ya volátil, y ha incrementado la capacidad de daño a infraestructuras críticas como refinerías, puertos y líneas de suministro.

El control territorial en Sudán está dividido: el ejército mantiene presencia en el norte, este y zonas centrales —incluidos puertos del Mar Rojo y algunas refinerías—, mientras que la RSF controla gran parte de Darfur y sectores de Kordofán, regiones con riqueza en recursos como petróleo y minas de oro. La competencia por esos recursos ha sido un factor que alimenta la prolongación del conflicto.

Cómo los drones complican la ayuda humanitaria

Las operaciones con drones han tenido un efecto directo en la seguridad de las rutas humanitarias. En Kordofán, por ejemplo, el aumento de ataques aéreos ha forzado la suspensión de convoyes y ha restringido el acceso a poblaciones vulnerables. Las organizaciones humanitarias denuncian que la entrega de alimentos, medicinas y combustible se ha vuelto cada vez más peligrosa y costosa.

Según testimonios de trabajadores sobre el terreno, la presencia constante de drones obliga a modificar rutas, a operar con menos visibilidad y, en muchos casos, a posponer entregas críticas. Esto amplifica los riesgos de hambruna y de crisis sanitarias en comunidades que dependen de la ayuda externa.

Legalidad, consecuencias y el derecho internacional

Los ataques indiscriminados contra civiles y objetivos no militares violan normas del derecho internacional humanitario. Organizaciones de derechos humanos y monitoreo legal han instado a las partes a respetar las distinciones entre objetivos civiles y militares y a permitir el acceso seguro de la ayuda. La responsabilidad de prevenir crímenes de guerra recae sobre los comandantes y autoridades que dirigen las operaciones, y su potencial incumplimiento debería ser investigado por instancias competentes.

Además, la dificultad de atribución técnica —cuando múltiples actores externos suministran componentes o sistemas— complica la rendición de cuentas. No obstante, la documentación de patrones de ataque, testimonios de supervivientes y registros hospitalarios sirven como evidencia que puede alimentar investigaciones futuras.

Historias desde el terreno: el efecto cotidiano

Las narrativas locales ponen rostro al desastre. Médicos en hospitales como el de el-Obeid han reportado un flujo constante de víctimas de ataques aéreos: hombres, mujeres y niños con traumas, quemaduras y heridas por fragmentación. Un portavoz de una red médica local explicó que en algunas jornadas las salas de urgencia atienden un volumen de atendidos que excede su capacidad, lo que obliga a priorizar y, en muchos casos, a tomar decisiones éticas imposibles bajo presión.

Una trabajadora humanitaria que pidió anonimato por razones de seguridad relató que las escuelas han interrumpido las clases y que las familias se refugian en sótanos o buscan rutas de evacuación cuando se detectan drones sobre la ciudad. Esa lógica de supervivencia altera la educación, la economía local y el tejido social de comunidades enteras.

Qué se puede hacer: propuestas y retos

  • Protección de corredores humanitarios: impulsar acuerdos temporales de no ataque para permitir el tránsito seguro de ayuda y de evacuación de heridos, con verificación internacional.
  • Documentación y evidencia: apoyar iniciativas independientes para recopilar pruebas de ataques indiscriminados y suministros ilícitos de armamento, con miras a responsabilizar a culpables.
  • Presión diplomática: exigir a países terceros que suspendan suministros militares que puedan emplearse en violaciones del derecho humanitario y promover sanciones selectivas contra quienes facilitan la violencia.
  • Apoyo a la resiliencia local: financiar salud comunitaria, refugios y programas de seguridad que reduzcan la vulnerabilidad de civiles ante ataques aéreos.

Todas estas medidas enfrentan obstáculos: la fragmentación del conflicto, intereses geoestratégicos externos y la dificultad de garantizar mecanismos de verificación imparciales en zonas controladas por diferentes fuerzas. Aun así, la inacción perpetúa la tragedia.

Reflexión final

La introducción masiva de drones en el conflicto sudanés no sólo ha intensificado la letalidad de las operaciones, sino que ha transformado la guerra en una amenaza constante para la población civil. Para millones de sudaneses, la nueva realidad es la de vivir bajo el espectro de ataques aéreos impredecibles que destruyen no solo vidas, sino también la esperanza de reconstrucción social y económica.

Si la comunidad internacional quiere evitar que Sudán se hunda aún más en la catástrofe, es imprescindible combinar presión diplomática, apoyo humanitario efectivo y esfuerzos serios de documentación que permitan avanzar hacia mecanismos de justicia. Sin esas acciones, la guerra con drones continuará siendo una fuente de trauma y desolación para generaciones enteras.

Fuentes y referencias: Informe de la Oficina de Coordinación Humanitaria de la ONU (OCHA) sobre necesidades humanitarias en Sudán; reportes de organizaciones médicas y de monitoreo en el terreno. Para datos y alertas humanitarias actualizadas, consulte: https://www.unocha.org y comunicados de redes médicas locales.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press