El Niño 2026: un monstruo climático que llega sobre aguas ya calentadas por la era fósil
Cómo un evento oceánico extraordinario puede intensificar olas de calor, inundaciones y sequías en un planeta que ya suma calor por combustibles fósiles
Los científicos han confirmado que un fenómeno de El Niño se ha formado en el Pacífico ecuatorial y advierten que podría alcanzar una intensidad histórica, con implicaciones globales que van desde olas de calor extremas hasta lluvias torrenciales y sequías severas. La noticia no sólo resalta la naturaleza cíclica de El Niño, sino que subraya cómo ese ciclo natural puede actuar como amplificador de los efectos del calentamiento global causado por la combustión de combustibles fósiles.
¿Qué es El Niño y por qué importa ahora?
El Niño es una fase del fenómeno climático conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENSO), caracterizada por un calentamiento anómalo de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial. Ese calor altera patrones atmosféricos y, por extensión, el tiempo en regiones muy distantes: desde la cuenca del Pacífico hasta India, África y Sudamérica.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EE. UU. (NOAA) informó que existe una probabilidad del 63% de que este El Niño alcance una fuerza tal en el otoño e invierno del hemisferio norte que «estaría entre los más grandes en el registro histórico desde 1950» (NOAA, comunicado de prensa). Ese número implica que no se trata de un evento moderado sino de una potencial ola térmica oceánica de alcance excepcional.
El caldo de cultivo: un Pacífico ya más cálido
El problema esencial es la suma de factores: El Niño aporta calor adicional a la superficie oceánica, y ese calor adicional ocurre sobre un planeta que ya retiene más energía debido a las altas concentraciones de gases de efecto invernadero. Como dijo la científica del clima Abby Frazier, de la Universidad Clark, citado por medios internacionales, las aguas cálidas «llevan mucha energía extra a la superficie, alimentando eventos extremos en muchos lugares del mundo».
En términos simples: El Niño no crea el calentamiento de fondo, pero actúa como turbo que puede convertir una temporada cálida en una temporada excepcionalmente caliente.
Ganadores y perdedores: impactos regionales previstos
Los efectos de El Niño son heterogéneos; algunas regiones pueden experimentar alivio respecto a ciertos riesgos, mientras que otras verán agravadas condiciones adversas. Entre los patrones más relevantes se encuentran:
- Atlántico frente a Pacífico: El Niño tiende a suprimir la actividad de huracanes en el Atlántico, pero a aumentar las tormentas en el Pacífico. Eso puede significar menos huracanes para la costa este y golfo de EE. UU., pero mayor riesgo para islas como Hawái y países ribereños del Pacífico.
- Sudamérica occidental: Zonas como la costa peruana y ecuatoriana suelen recibir lluvias intensas y riesgo de inundaciones —es la región donde históricamente se identificó El Niño—; además, se asocian con veranos extraordinariamente cálidos.
- India y sur de Asia: Probabilidad de olas de calor más intensas, con implicaciones para la agricultura y la salud pública.
- Australia y el Pacífico suroeste: Mayor riesgo de sequías, incendios forestales y temperaturas extremas.
- Norte y este de África: Riesgo de «látigo climático» —pasar de sequías intensas a precipitaciones muy fuertes— lo que complica la adaptación y la respuesta humanitaria.
En Estados Unidos, El Niño suele traducirse en inviernos más húmedos para el sur del país y más cálidos y secos para el noroeste del Pacífico. Jon Gottschalck, del Centro de Predicción Climática de la NOAA, ha señalado que la agricultura estadounidense puede beneficiarse en general por condiciones más favorables para cultivos clave, aunque los efectos varían por industria: «para granos y semillas, especialmente la soja, las condiciones lucen favorables en 18 estados agrícolas importantes», mientras que sectores como la lechería pueden enfrentar resultados más mixtos.
Consecuencias económicas y sociales
Más allá de las pérdidas directas por eventos extremos, El Niño puede influir en indicadores macroeconómicos. El economista del clima Marshall Burke, de la Universidad de Stanford, ha destacado que temperaturas por encima de la media tienden a frenar el crecimiento económico: «Hay evidencia clara de que la economía de EE. UU. crece más lentamente cuando las temperaturas están por encima de lo normal», señaló en análisis publicados sobre los impactos del clima.
Los costos no son sólo económicos: la salud pública, la seguridad alimentaria y la estabilidad social también se ven amenazadas. Un informe técnico de la NOAA preparado tras episodios previos de El Niño documenta pérdidas por miles de millones de dólares en 1997-1998, cuando un El Niño excepcional desencadenó olas de calor, inundaciones y alteraciones en la pesca que afectaron a comunidades enteras.
Señales tempranas y tiempo de desarrollo
Los El Niños suelen formarse en verano y alcanzar su pico en otoño o inicio del invierno, para desvanecerse en la primavera siguiente. Sin embargo, los registros de 2026 mostraron señales tempranas de calentamiento, con aguas profundas empujando calor hacia la superficie. Algunos equipos, como el liderado por Muhammad Azhar Ehsan (Columbia University), estiman que este El Niño podría adelantarse y alcanzar su intensidad máxima uno o dos meses antes de lo habitual; otros expertos indican que, al ser fuerte, podría también durar más tiempo de lo típico.
El consenso reciente entre los principales centros de predicción ha sido notablemente uniforme en pronosticar un evento «ultra fuerte», cuando normalmente a estas fechas las proyecciones divergen. Gabriel Vecchi, de la Universidad de Princeton, ha señalado que la unanimidad en las predicciones refleja la claridad de las señales oceánicas observadas en las últimas semanas.
¿Es éste el «El Niño perfecto» del cambio climático?
La comunidad científica advierte que, si bien El Niño es un fenómeno natural, el calentamiento de fondo derivado de la quema de carbón, petróleo y gas hace que los episodios extremos sean más dañinos. Investigaciones recientes muestran una tendencia hacia El Niños más intensos en un planeta más cálido, aunque atribuir un solo evento a la actividad humana requiere análisis específicos de atribución.
António Guterres, secretario general de las Naciones Unidas, calificó las condiciones de El Niño como una «alarma climática urgente» y añadió que «las condiciones de El Niño van a echar más combustible al fuego de un mundo que se está calentando» (mensaje público de la ONU).
Preparación y adaptaciones necesarias
Frente a la posibilidad de un El Niño muy fuerte, las recomendaciones para gobiernos y comunidades incluyen:
- Fortalecer los sistemas de alerta temprana y coordinación interinstitucional para respuesta a inundaciones y incendios.
- Aumentar la vigilancia sanitaria para enfrentar olas de calor, con planes de atención a poblaciones vulnerables (personas mayores, sin hogar, niños).
- Implementar medidas agrícolas de mitigación de riesgos: reservas estratégicas, cambios temporales en calendarios de siembra y programas de apoyo para ganaderos y productores pequeños.
- Priorizar inversiones en infraestructura resistente —drenajes, presas, sistemas de riego eficiente— y en gestión de incendios forestales.
Como dijo Muhammad Azhar Ehsan, «en el Pacífico las cosas pueden tornarse muy graves con rapidez», lo que subraya la necesidad de actuar con antelación y flexibilidad.
Lecciones históricas y perspectiva
El registro muestra episodios de El Niño con impactos globales reconocidos: el de 1982-83 y el de 1997-98 figuran entre los más destructivos en términos económicos y humanitarios. El El Niño de 1997-98 contribuyó a pérdidas millonarias en cosechas, daños por inundaciones y perturbaciones ecológicas en múltiples continentes (revisión histórica en la NOAA).
Si el evento en curso llega a rivalizar o superar aquel de 1997, las implicaciones podrían ser profundas: desde pérdidas agrícolas generalizadas hasta ampliación de zonas con riesgo de incendios e intensificación de eventos meteorológicos extremos.
La única certeza es la incertidumbre: la escala espacial y temporal de los impactos dependerá de la intensidad precisa del fenómeno, de la preparación local y de la rapidez con que las instituciones y comunidades implementen medidas preventivas y de adaptación. Sin embargo, el llamado de la comunidad científica es claro: debemos anticiparnos y no reaccionar a posteriori.
Fuentes y lecturas recomendadas:
- NOAA — Comunicados y boletines sobre ENSO (probabilidades y predicciones técnicas).
- Mensaje del Secretario General de la ONU sobre El Niño y el clima.
- Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) — informes sobre la interacción entre modos naturales como ENSO y el cambio climático antropogénico.
