Gene Shalit: el crítico que convirtió el humor y los juegos de palabras en espectáculo televisivo

De la prensa escrita a la pantalla matutina: cómo su bigote, su ingenio y su voz moldearon la crítica cinematográfica en la televisión

Un rostro, una voz y un siglo de historias

Gene Shalit falleció a los 100 años, dejando atrás una impronta difícil de igualar en la cultura televisiva estadounidense. Más que un simple crítico de cine, Shalit fue una figura que combinó el periodismo cultural con el espectáculo, transformando la manera en que millones de espectadores escuchaban —y recordaban— las reseñas cinematográficas durante décadas.

De las páginas de las revistas al estudio matinal

Antes de convertirse en rostro habitual de la televisión, Shalit forjó su reputación en la prensa escrita. Su columna de entretenimiento en McCall’s y su labor como crítico cinematográfico en revistas como Look y otras publicaciones le granjearon un lugar en la conversación cultural de la época. Ese prestigio en papel fue la puerta para llegar a la pequeña pantalla: laNBC le ofreció un espacio a partir de finales de los años sesenta, y su llegada a Today en 1970 marcó el inicio de una etapa que lo definiría públicamente durante más de cuarenta años.

Un estilo inconfundible

Lo primero que recordaba la audiencia era su apariencia: el abundante cabello, el bigote de manillar y una presencia que invitaba tanto a la sonrisa como a la crítica. Pero, por encima de todo, Shalit se hizo famoso por su voz y por un arsenal de juegos de palabras que podían provocar tanto carcajadas como un gemido colectivo. Su sección en el programa, Critic’s Corner, se convirtió en cita obligada cada mañana para quienes buscaban una opinión accesible y, sobre todo, entretenida sobre el cine de la temporada.

Su forma de reseñar era deliberadamente menos académica y más conversacional que la de muchos colegas de periódicos o revistas, y esa naturalidad le permitió conectar con audiencias masivas. Guy Ludwig, productor de Shalit durante más de veinte años, destacó su combinación de inteligencia y sentido del humor: “Lo que resonaba por encima de su apariencia inusual era su ingenio increíble y su notable inteligencia. Pero no te lo imponía; te divertía. Iluminaba y entretenía cualquier tema sobre el que hablaba” (AP News).

Transformación del ecosistema crítico en EE. UU.

La llegada de críticos como Shalit a la televisión coincidió con un cambio más amplio en la manera en que el público consumía opiniones sobre cine. Hasta entonces, los periódicos y las revistas eran los espacios dominantes donde se forjaba la opinión crítica; la aparición de secciones de crítica en programas matinales ayudó a democratizar el acceso a la crítica cinematográfica. A raíz de ese cambio, programas y críticos de televisión —desde Sneak Previews con Siskel y Ebert hasta la contratación de críticos en espacios matinales rivales— empezaron a desempeñar un papel central en la conversación cultural.

Momentos memorables y polémicas

Shalit no estaba exento de controversias. Sus juicios a veces provocaron reacciones encontradas: en una crítica a Brokeback Mountain llegó a describir el personaje de Jake Gyllenhaal con palabras que llevaron a una condena por parte de organizaciones como GLAAD, lo que lo llevó a ofrecer disculpas públicas. Al mismo tiempo, su carácter amable y su curiosidad le permitieron realizar entrevistas entrañables, como aquella con Carol Channing, donde terminó en un ataque de risas que mostraba su lado más humano y espontáneo.

En su trayectoria aparecen frases ingeniosas que se volvieron parte de su sello: describió a Stand By Me como absorbente en lugar de repugnante; llamó a Frozen “very cool”; y ante el remake de King Kong inventó calificativos tan jocosos como “fabularious” o “brilliantological humongousness of marvelosity”. Su humor, cuando se lo aceptaba en su forma lúdica, fue un puente entre la crítica y el entretenimiento popular.

La dimensión humana detrás del personaje

Más allá de la caricatura pública —a menudo replicada en parodias televisivas como en Saturday Night Live—, Shalit fue un profesional con una formación sólida y una vida vinculada a la cultura. Nacido en Nueva York y criado en Morristown, Nueva Jersey, comenzó pronto en el periodismo creando el primer periódico de su escuela primaria y escribiendo una columna de humor en la secundaria. En 1949 se graduó en la University of Illinois, y su interés por las artes no se limitó a la crítica: también tocó el fagot, instrumento que recuerda como aquel que lo obligaron a tocar tras no practicar el clarinete con regularidad.

Además de su trabajo periodístico, editó en 1987 un volumen sobre la comedia estadounidense, Laughing Matters: A Celebration of American Humor, donde buscó recuperar y poner en valor a maestros del humor como Mark Twain, James Thurber y Russell Baker. Esa labor editorial confirma la visión de Shalit como alguien que no solo opinaba sobre la cultura sino que, a su manera, contribuía a conservarla y a reinterpretarla para nuevas generaciones.

Incidentes y adaptación

El paso del tiempo también trajo secuelas físicas: en 1994 sufrió un accidente en St. Pete Beach, Florida, cuando fue atropellado al cruzar la calle y se fracturó la pierna. A partir de entonces, y para facilitar su participación, Today comenzó a grabar sus reseñas desde el estudio en su casa, demostrando tanto su valor profesional como la disposición de la producción a adaptar su formato para mantener vivo su segmento.

Legado mediático y cultural

Shalit no sólo dejó reseñas; dejó una marca en la cultura pop. Apareció en programas infantiles y animados, como Sesame Street, Family Guy y Spongebob Squarepants, y fue parodiado en numerosas ocasiones, un indicador de su permanencia en el imaginario colectivo. Pocos críticos han conseguido que su personalidad sea tan inseparable de su oficio: para muchos, su bigote, su risa y su inclinación a crear juegos de palabras eran sinónimos de la crítica del día.

Su estilo, que algunos consideraron ligero o trasnochado, en realidad abrió la puerta a una forma de crítica más accesible, que mezclaba opinión y espectáculo sin renunciar a la erudición cuando fuere necesario. Fue, en definitiva, uno de los últimos grandes críticos cinematográficos con perfil de celebridad en la televisión de una cadena principal cuando se retiró en 2010.

¿Qué queda hoy de la figura del crítico televisivo?

El ecosistema mediático actual está fragmentado entre redes sociales, plataformas de streaming, podcasts y medios tradicionales; sin embargo, figuras como Shalit plantean una pregunta interesante: ¿existe hoy un espacio comparable donde la crítica combine autoridad, humor y presencia masiva? La respuesta parece ser mixta. El periodismo especializado y las voces influyentes siguen existiendo, pero rara vez coinciden en una sola pantalla matinal que concentre a millones de espectadores como lo hacía la televisión de antaño.

Al recordar a Gene Shalit conviene reconocer tanto sus virtudes como sus excesos: su capacidad para hacer de la crítica un entretenimiento masivo fue innegable, así como su talento para convertir una reseña en un momento memorable. Al mismo tiempo, los errores de juicio que cometió en ocasiones sirven como recordatorio de que la responsabilidad del comentarista público no se disuelve en la búsqueda de la sonrisa fácil.

Una vida recogida en anécdotas

Las anécdotas abundan en la biografía de Shalit: desde la famosa comparación de John Belushi que describió su cabello como “una granja de hormigas en llamas”, hasta los momentos en que sus entrevistas alcanzaban una intimidad que parecía terapia. Ese conjunto de rasgos —erudición, humor, humildad y un punto de excentricidad— conforma el retrato de un personaje imposible de copiar y difícil de olvidar.

Al celebrar su vida, muchos recordarán no sólo las películas que recomendó o detestó, sino la manera en que regaló a la crítica cinematográfica un rostro y una voz que, por décadas, acompañaron las mañanas de una audiencia vasta y heterogénea. Gene Shalit se va, pero su legado sigue vivo en la idea de que la crítica puede ser, a la vez, inteligente y divertida.

Fuentes citadas: Guy Ludwig, productor de Gene Shalit, citado en el obituario de su fallecimiento (AP News) — AP News.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press