Copa SudamericanaPublicado 3 años atrás Lectura: 7 min

132 minutos de caos en Villa Tunari: Blooming vence 3-2 a Palmaflor en un partido que tendrá árbitros suspendidos indefinidamente

El partido disputado en Villa Tunari acumuló 42 minutos de adición en el segundo tiempo, un campo inundado por lluvia torrencial y un arbitraje tan cuestionado que la Comisión Nacional de Árbitros de la FBF suspendió de manera indefinida a todo el equipo arbitral.

El fútbol boliviano vivió uno de los episodios más caóticos y surrealistas de su historia reciente. El partido entre Palmaflor y Blooming, correspondiente a la liga local y disputado en Villa Tunari (Cochabamba), terminó con marcador 3-2 a favor del equipo local tras 132 minutos y 11 segundos de juego efectivo, incluyendo un segundo tiempo que acumuló la escalofriante cifra de 42 minutos de adición. Al día siguiente del encuentro, la Comisión Nacional de Árbitros de la Federación Boliviana de Fútbol (FBF) anunció la suspensión indefinida de la totalidad del equipo arbitral que intervino en el cotejo.

El contexto: un duelo con historia reciente

El partido llegaba cargado de antecedentes. Apenas el 9 de marzo, Blooming había eliminado a Palmaflor de la Copa Sudamericana en un duelo directo, lo que añadía tensión adicional al reencuentro entre ambos clubes en el torneo doméstico. La carga emocional de ese precedente se notaría a lo largo de los 132 minutos que vendría a durar el encuentro.

Las polémicas comenzaron incluso antes del pitido inicial. En el marco de la Copa Sudamericana, la CONMEBOL había obligado a Palmaflor a cambiar su indumentaria: el organismo continental no permitió el uso de la camiseta blanca ni de la azul del conjunto local, limitándolo únicamente a su camiseta amarilla original. Un detalle que ya marcaba el tono de tensión que envolvería la jornada.

Un primer tiempo tranquilo antes de la tormenta

El primer tiempo transcurrió sin mayores sobresaltos. Las únicas anotaciones en el marcador de incidencias fueron la tarjeta amarilla para Luis Rodríguez y el gol de Jonathan Cañete, que puso el 1-0 parcial para Palmaflor. Laterales, saques de meta e infracciones menores completaron una primera mitad que no anticipaba la debacle que estaba por venir.

El segundo tiempo: de la tragedia al milagro, y de vuelta al abismo

El segundo tiempo comenzó con dos cambios en el entretiempo (que, en ningún caso, computan para el tiempo añadido) y se convirtió en un espectáculo difícil de describir. Palmaflor amplió su ventaja y llegó al 2-0, dejando a Blooming al borde de la eliminatoria futbolística. El conjunto cruceño parecía condenado.

Al minuto 85, Gastón Rodríguez descontó para Blooming y puso el 2-1. Sin embargo, el festejo se frenó en seco: el asistente anuló el tanto por presunta posición de fuera de juego. El VAR intervino y confirmó que no existía tal adelantamiento, aunque los árbitros consideraron una posible infracción contra el arquero. Lo que vino a continuación fue un episodio que por sí solo resume la tarde: el árbitro principal revisó la jugada, llamó al juez de línea para recabar su opinión y, tras una deliberación interminable, convalidó el gol. Solo esa revisión consumió 13 minutos.

Para ese momento, Villa Tunari ya estaba bajo una lluvia torrencial. El campo de juego se había llenado de charcos profundos que impedían el rodaje normal del balón. Las imágenes eran elocuentes: el esférico se detenía en seco al tocar el suelo encharcado, y los jugadores resbalaban sin control sobre un césped convertido en un barrizal.

A pesar de las condiciones inadmisibles del terreno de juego, el árbitro Julio Gutiérrez decidió continuar. Se añadieron primero 10 minutos de reposición y, sin anuncio previo, cinco más, justificados vagamente en las discusiones que se habían producido entre los jugadores.

Expulsiones polémicas y un VAR que alargó la agonía

Al minuto 90+18, el delantero de Blooming César Menacho disputó un balón con el portero rival y recibió una tarjeta amarilla que, en primera instancia, parecía justa. El VAR volvió a intervenir: otros cinco minutos aproximados se perdieron para revisar la jugada, llamar nuevamente al árbitro y que este tomara la decisión de convertir la amarilla en roja, dejando a Blooming con diez hombres.

Al 90+23, el guion dio otro giro: Sinisterra igualó el partido con el 2-2 para Blooming. La remontada, iniciada cuando el marcador era 2-0 en el minuto 81, parecía consumada. Pero el partido aún deparaba más sorpresas.

Al 90+27, llegó quizás la decisión más incomprensible de la tarde. El defensor de Blooming Miguel Becerra fue expulsado tras ganar una pelota dividida. El balón había quedado atrapado en uno de los charcos del campo y Becerra se lanzó a disputarlo con determinación. El césped empapado exageró visualmente la velocidad y la contundencia del movimiento, y el árbitro, sin consulta al VAR, mostró la tarjeta roja directa. Blooming se quedaba con nueve.

El tanto definitivo y el cierre de "el tercer tiempo"

Con nueve jugadores sobre el campo, inundado y bajo una lluvia que no amainaba, Blooming no pudo sostener la igualdad. Al minuto 90+38, Jonathan Cañete anotó su segundo gol del encuentro para establecer el definitivo 3-2 a favor de Palmaflor. Los minutos finales fueron un mero trámite de pelotazos al cielo, la única forma posible de mover el balón en un campo donde el rodaje era imposible.

Al minuto 90+42, el árbitro Julio Gutiérrez dio por concluido el partido. Blooming no tardó en reaccionar en sus redes sociales con una frase que lo decía todo: "Finalizó el tercer tiempo".

El desglose de incidencias del segundo tiempo incluye, además de los goles y las expulsiones, las tarjetas amarillas para Sebastián Reyes, Matías Pisano, Miyhel Ortiz y Ronny Montero por parte de Palmaflor, y la amonestación a César Romero de Blooming. Siete sustituciones se realizaron durante el encuentro. Ninguno de estos factores, ni sumados todos, justifica aritméticamente 42 minutos de adición.

La sanción: suspensión indefinida para todo el equipo arbitral

Al día siguiente del partido, la Comisión Nacional de Árbitros de la FBF actuó con celeridad inusual y anunció la suspensión indefinida de los siete integrantes del equipo arbitral, a la espera de la revisión exhaustiva de las imágenes y los audios generados durante el encuentro. Los sancionados son:

  • Julio Gutiérrez - árbitro principal (La Paz)
  • Edwin Paredes - asistente (La Paz)
  • Miguel Villanueva - asistente (La Paz)
  • Raquel Acero - cuarta árbitra (Cochabamba)
  • Carlos García - VAR (Cochabamba)
  • Gustavo Vera - asistente VAR (Cochabamba)

La determinación de la Comisión señala dos motivos principales: la acumulación de más de 42 minutos de adición en el segundo tiempo, cifra sin precedentes en el fútbol boliviano, y la decisión de continuar el partido a pesar de que el campo de juego no reunía las condiciones mínimas para el rodaje del balón, en plena lluvia torrencial.

Un partido que pasará a los registros históricos por las razones equivocadas

Lo sucedido en Villa Tunari plantea preguntas que van más allá de lo meramente anecdótico. El uso del VAR, herramienta diseñada para corregir errores claros y manifiestos, se convirtió en el principal generador de dilación: solo la revisión del gol de Gastón Rodríguez consumió 13 de los 42 minutos adicionales. Cada intervención del sistema sumó tiempo sin que existiera un protocolo claro para limitar la acumulación.

La continuidad del partido bajo lluvia torrencial representa, además, un riesgo cierto para la integridad física de los jugadores: un campo anegado multiplica las posibilidades de lesiones musculares y articulares, y distorsiona de forma radical el juicio sobre acciones como la que derivó en la expulsión de Miguel Becerra.

Blooming pasó de perder 2-0 en el minuto 81 a empatar 2-2 en el 90+23, y finalmente encajó el 3-2 en el 90+38, un arco emocional de una violencia inusitada que se desarrolló en condiciones que el propio reglamento del juego debería haber impedido. El fútbol boliviano tiene ahora sobre la mesa un expediente que obligará a revisar protocolos, responsabilidades y límites del arbitraje en su liga profesional.

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