Agustín Rogel y su nueva vida en Inter de Porto Alegre: "Necesitaba jugar, era una oportunidad que no quería dejar pasar"
El defensor uruguayo habla sobre su llegada al conjunto gaucho, la exigencia del Brasileirao, el rol clave de Sergio Rochet y su deseo de volver a la consideración de la Selección Uruguaya.
Diez días bastaron para que Agustín Rogel se convirtiera en titular indiscutido del Internacional de Porto Alegre. El zaguero uruguayo, cedido a préstamo por el Hertha Berlín por una temporada con opción de compra, llegó al sur de Brasil arrastrando casi diez meses de inactividad por una lesión de rodilla y, lejos de necesitar tiempo de adaptación, disputó tres partidos desde su primera semana en el club. La velocidad del acuerdo y la urgencia personal de recuperar el ritmo competitivo marcaron el tono de una decisión que, según el propio jugador, fue casi inmediata.
"La posibilidad de llegar surgió bastante rápido, la predisposición mía y del club fue determinante para que el acuerdo se hiciera rápido, y como yo venía de un tiempo largo de inactividad me servía empezar a jugar cuanto antes", explicó Rogel. "Era una oportunidad que no quería dejar pasar".
De Berlín a Porto Alegre: el camino de la recuperación
La trayectoria de Rogel en los últimos años combina geografías y emociones contrastadas. Tras su paso destacado por Estudiantes de La Plata, donde ganó continuidad y proyección continental gracias a la Copa Libertadores, llegó a Alemania con la expectativa de consolidarse en la Bundesliga. Lo logró durante varias temporadas, pero el descenso del Hertha Berlín a la segunda división germana desencadenó una serie de cambios institucionales que alteraron su situación. El golpe definitivo llegó con una grave lesión de rodilla que lo alejó de las canchas durante nueve meses y medio.
"Llegué a Alemania, jugué muchos partidos en Bundesliga, pero el equipo bajó de categoría, se dieron un montón de cambios en el club y después la lesión en la rodilla me alejó de las canchas durante 9, casi 10 meses. Ahí me surgió lo de Inter, y después de todo lo que había pasado yo necesitaba jugar", relató el defensor central, quien aún tiene dos años de contrato vigente con el club berlinés. La cesión a Porto Alegre es, por tanto, una pausa táctica antes de retomar la conversación con el Hertha al término del préstamo.
Un Brasileirao de ida y vuelta sin descanso
Con experiencia acumulada en el fútbol uruguayo, argentino, francés, ruso y alemán, Rogel se encontró en Brasil con una propuesta futbolística que lo sorprendió por su intensidad y sus particularidades tácticas. El Brasileirao, con su exigencia física y su ritmo frenético, representa para él un escenario completamente distinto a cualquier liga que haya pisado antes.
"Me encontré con una liga muy diferente. Los tres partidos que me tocó jugar fueron con un ida y vuelta tremendo, casi que no hay mitad de cancha y se juega defensa contra ataque, donde prevalecen las virtudes individuales", describió. "Es una transición defensa-ataque atrás de la otra, que suele agarrar con muchos espacios entre líneas a los equipos. Lo importante es no salir al voleo y tratar de recular para encontrar compañía para achicar espacios".
Esa lectura táctica, la capacidad de no desesperarse ante la presión y de organizarse defensivamente en bloque, es precisamente lo que Rogel lleva trabajando desde su etapa formativa y lo que el Inter necesita en una temporada en la que el equipo, a pesar de contar con futbolistas de calidad contrastada, atraviesa un momento de fragilidad anímica y de resultados.
Rochet, mucho más que un compañero de equipo
En ese proceso de aterrizaje, el portero uruguayo Sergio Rochet, pieza fundamental del Inter desde hace años, se convirtió en el puente más valioso que Rogel pudo tener. La relación entre ambos futbolistas va mucho más allá del vestuario y de la sintonía natural que existe entre compatriotas en el exterior.
"Rochet ha sido un fenómeno desde que llegué. Antes de que se diera el pase ya se había puesto en contacto conmigo, me habló del club, me dio una mano muy grande con el tema casa, transporte, hasta con la parte económica. En el campo se sabe claramente la jerarquía que tiene, pero ha sido muy importante para mí en todos estos días", destacó el defensor con evidente gratitud.
La presencia de Rochet no solo facilita la integración cotidiana de Rogel, sino que también aporta una referencia de comunicación en el campo que, en una fase de adaptación al idioma y a los automatismos del equipo, resulta decisiva para un central que necesita coordinarse constantemente con el portero y con los laterales.
El radar de la Selección Uruguaya y la herida de 2022
Detrás de la decisión de venir a Brasil hay un objetivo deportivo que Rogel no oculta: recuperar su lugar en la consideración del cuerpo técnico de la Selección Uruguaya. Su último contacto con la Celeste fue doloroso por las circunstancias: fue convocado para la fase previa al Mundial de Qatar 2022 precisamente el día en que Ronald Araújo sufrió una lesión que lo dejó fuera de la lista definitiva. Una oportunidad que no se materializó en minutos de competencia oficial.
"Una de mis ideas de venir al Inter es volver a estar en el radar de la Selección, y para eso necesito continuidad y encontrar el mejor nivel para entrar en la consideración de un equipo con tantas figuras", reconoció con franqueza. Uruguay, con una defensa históricamente competitiva y con nombres como el propio Araújo, Mathías Olivera o José María Giménez ocupando los puestos de mayor jerarquía, exige que cualquier aspirante a la convocatoria no deje de sumar minutos de calidad de forma sostenida. El Brasileirao, con su visibilidad continental y su nivel de exigencia, puede ser el escaparate ideal.
Nacional, el club de la nostalgia con la puerta abierta
Como varios futbolistas uruguayos formados en los grandes clubes del país, Rogel observa con emoción los retornos que se han producido últimamente al Club Nacional de Football, el equipo que lo vio crecer. El caso más reciente y resonante es el de Sebastián Coates, quien regresó al Parque Central tras su larga etapa en el Sporting de Lisboa y coronó su vuelta ganando un título en su primer partido oficial.
"Me puse muy contento cuando volvió a Nacional, le tocó debutar y ganar un título en su primer partido. Me pone feliz por él porque para mí es un referente que yo veía de chico, me lo cruzaba siempre en Los Céspedes en mi época de juvenil", contó Rogel, revelando la dimensión casi generacional de esa admiración.
Y cuando se le pregunta directamente si él podría seguir ese mismo camino, la respuesta es clara y sin rodeos: "Yo nunca le cierro la puerta, nunca le cerraría las puertas a Nacional y ojalá que ellos no me las cierren a mí. Por el momento no se ha dado mi regreso por diferentes circunstancias, pero me gustaría volver en un futuro porque salí de ahí, es el equipo con el que me identifico".
Porto Alegre también será el lugar de nacimiento de su hijo
La aventura brasileña de Rogel tendrá, además de su dimensión deportiva, una marca personal imborrable: su hijo Paolo nacerá en Porto Alegre. Su esposa, oriunda de la zona fronteriza entre Uruguay y Brasil, recibió la noticia con naturalidad, y el jugador no dudó en bromear sobre el futuro del pequeño. "Nuestro hijo lo vamos a tener acá en Porto Alegre. Vamos a tener un hijo gaúcho, se va a llamar Paolo y si lo vendemos se va a llamar Paolinho, porque va a salir más caro", dijo entre risas.
Más allá del humor, la anécdota resume bien el espíritu con el que Agustín Rogel afronta este nuevo capítulo: con ilusión, con hambre de revancha y con la certeza de que, después de meses de sombra, el fútbol volvió a encenderse para él en el sur de Brasil.
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