Alemania recupera su identidad y regresa a octavos de final en el Mundial 2026
La selección de Julian Nagelsmann lidera el Grupo E y rompe la maldición de las eliminaciones en fase de grupos de Rusia 2018 y Qatar 2022, con Musiala y Wirtz como estandartes de una renovación que ilusiona.
Hay selecciones que construyen su historia a través del talento individual. Otras lo hacen mediante una personalidad reconocible que atraviesa generaciones enteras. Alemania pertenece, sin ninguna duda, al segundo grupo. Durante décadas fue el equipo que encontraba soluciones cuando los partidos se complicaban, el que sobrevivía a los momentos difíciles y el que siempre aparecía en las instancias decisivas. Por eso, las eliminaciones en la fase de grupos de Rusia 2018 y Qatar 2022 fueron mucho más que derrotas deportivas: representaron una ruptura con una tradición que parecía inalterable.
En el Mundial 2026, la selección alemana está mostrando otra imagen y ya cumplió su primer objetivo: volver a plantarse en la fase de eliminación directa, ese escenario en el que se escribieron algunos de los capítulos más gloriosos del fútbol germano.
Grupo E: liderato con solvencia y un tropiezo calculado
La selección de Julian Nagelsmann clasificó como líder del Grupo E después de derrotar 7-1 a Curazao y 2-1 a Costa de Marfil. Cerró la fase con una derrota ante Ecuador, en un partido en el que bajó su nivel de intensidad competitiva y el cuadro sudamericano lo aprovechó con eficacia.
Los resultados cuentan una parte de la historia. La otra aparece en la forma en que llegaron las dos victorias. Alemania volvió a reaccionar frente a la adversidad, se sostuvo cuando el partido se volvió incómodo y transmitió esa sensación de fortaleza mental que tantas veces definió su recorrido en los grandes torneos. La goleada del debut devolvió confianza al grupo, pero fue la remontada frente a Costa de Marfil la que ofreció algo todavía más valioso.
Alemania comenzó perdiendo ese encuentro, encontró dificultades durante gran parte del tiempo reglamentario y terminó imponiéndose gracias a un doblete de Deniz Undav. El partido tuvo algo de aquellas noches que alimentaron la leyenda alemana durante décadas: sufrimiento, carácter y resolución.
Esta es exactamente la situación que esperábamos y estoy muy feliz por mi equipo. Tenemos grandes ambiciones.Julian Nagelsmann
La herida de Rusia y Qatar, y la reconstrucción de la identidad
La herida de los últimos dos Mundiales sigue presente dentro del fútbol alemán. En Rusia 2018, Alemania llegó como campeona defensora y quedó eliminada en la fase de grupos por primera vez en su historia moderna. Cuatro años después, en Qatar 2022, la historia se repitió con idéntico dramatismo. Para un país acostumbrado a medir sus campañas en función de semifinales, finales y títulos, aquellos resultados generaron una profunda crisis de identidad.
Durante meses, dirigentes, exjugadores y periodistas discutieron qué había ocurrido con una de las grandes potencias del fútbol mundial. Los análisis apuntaron a cuestiones tácticas, a problemas estructurales y a cuestionamientos sobre el carácter competitivo del equipo. Nagelsmann heredó parte de ese escenario cuando asumió la conducción técnica, y su principal misión era reconstruir la confianza colectiva.
La clasificación a los dieciseisavos de final no borra los problemas del pasado. Sí representa una señal clara de recuperación para una selección que volvió a sentirse cómoda bajo la presión que caracteriza a los Mundiales.
La frase de Lineker que vuelve a tomar vigencia
Pocas citas sobreviven tanto tiempo dentro del fútbol mundial como aquella pronunciada por Gary Lineker tras el Mundial de Italia 1990: "El fútbol es un deporte simple: juegan once contra once y al final siempre gana Alemania". La frase acompañó a varias generaciones y funcionó como símbolo de una característica que convirtió al seleccionado germano en potencia histórica: la capacidad de competir incluso cuando el juego no fluía.
Durante los últimos años, aquella definición comenzó a sonar lejana. Rusia y Qatar parecían demostrar que Alemania ya no encontraba respuestas en los momentos decisivos. Los primeros partidos del Mundial 2026 reabrieron el debate con fuerza. La victoria frente a Costa de Marfil tuvo mucho de esa vieja esencia: el equipo sufrió, quedó en desventaja y encontró los recursos para cambiar el resultado. No fue una exhibición táctica. Fue una demostración de carácter, ese rasgo que aparece una y otra vez cuando se revisan los 4 títulos mundiales conquistados por Alemania (1954, 1974, 1990 y 2014).
Musiala y Wirtz, los rostros del nuevo ciclo alemán
Toda reconstrucción necesita nuevos protagonistas. Jamal Musiala y Florian Wirtz representan la cara más visible de la renovación alemana. Ambos llegaron al Mundial convertidos en referentes de una generación que combina talento técnico, creatividad y una enorme capacidad para asumir responsabilidades en los momentos de mayor exigencia.
Musiala continúa siendo uno de los futbolistas más desequilibrantes del torneo. Su facilidad para romper líneas y generar ventajas en espacios reducidos le aporta una dimensión diferente al ataque alemán. Wirtz, por su parte, ofrece inteligencia táctica, visión de juego y una madurez sorprendente para su edad. Nagelsmann destacó en varias oportunidades la importancia de ambos dentro del proyecto:
Tienen la personalidad necesaria para asumir responsabilidades.Julian Nagelsmann
Alrededor de esta nueva generación aparecen nombres de experiencia comprobada: Antonio Rüdiger, Joshua Kimmich, Manuel Neuer y el propio Undav, artífice de los goles decisivos frente a Costa de Marfil. La combinación de juventud y veteranía es uno de los activos más sólidos con los que cuenta Nagelsmann para afrontar la fase eliminatoria.
La lesión de Schlotterbeck, la gran sombra sobre el optimismo
Las buenas noticias de la clasificación llegaron acompañadas de una preocupación de primer nivel. Nico Schlotterbeck sufrió una grave lesión en el tobillo durante el encuentro frente a Costa de Marfil y quedó descartado para el resto del Mundial. La baja golpea directamente a uno de los sectores más sólidos del equipo: Schlotterbeck se había consolidado como pieza fundamental dentro de la estructura defensiva diseñada por Nagelsmann, tanto por su capacidad de anticipación y corrección de espacios como por su participación en la salida desde el fondo.
"Lo vamos a extrañar mucho dentro del campo como un defensor extraordinario, especialmente por su excelente salida de balón", reconoció el seleccionador. La lesión obliga a replantear cuestiones defensivas justo cuando comienza la etapa más exigente del torneo. La experiencia de Rüdiger aparece ahora como el principal recurso para compensar esa ausencia.
Paraguay, el primer desafío de la fase eliminatoria
El camino de Alemania en los dieciseisavos de final comienza ante Paraguay, un rival conocido por su dureza táctica y su capacidad para incomodar a cualquier potencia europea. Los desafíos más complejos recién comenzarán aquí: rivales de mayor jerarquía y escenarios donde cada error puede resultar definitivo.
Sin embargo, el balance de la fase de grupos ofrece motivos fundados para el optimismo. Alemania recuperó competitividad, mostró capacidad de reacción y transmitió una confianza que había desaparecido durante los últimos años. Nagelsmann consiguió construir un grupo que vuelve a creer en sus posibilidades. El fútbol mundial observa nuevamente a una selección que recuperó parte de su identidad histórica: una selección que avanza en los Mundiales, que responde bajo presión y que vuelve a recordarle a sus rivales por qué Alemania ocupó durante tantas décadas un lugar privilegiado entre las grandes potencias del planeta.
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