Alemania vence 2-1 a Costa de Marfil y sella su clasificación a dieciseisavos del Mundial 2026
Un doblete de Deniz Undav, con el gol decisivo en el minuto 93, le dio la vuelta a un marcador adverso y permitió a Die Mannschaft enterrar el fantasma de las eliminaciones en fase de grupos de 2018 y 2022.
Alemania necesitaba ganar y lo hizo de la manera más dramática posible. Ante una Costa de Marfil que durante gran parte del encuentro pareció capaz de protagonizar una de las sorpresas del torneo, Die Mannschaft remontó un marcador adverso para imponerse 2-1 y certificar su pasaporte a los dieciseisavos de final del Mundial 2026. El héroe de la noche fue Deniz Undav, delantero del Stuttgart, autor de un doblete que incluye el tanto del triunfo en el tercer minuto de tiempo añadido. El técnico Julian Nagelsmann pisó el acelerador con sus cambios en la segunda mitad y dio en el clavo.
Un primer tiempo casi perfecto de los Elefantes
Costa de Marfil salió al campo sin complejos y ejecutó durante los primeros 45 minutos un plan de partido que rozó la perfección táctica. El capitán Franck Kessié abrió el marcador y puso a los Elefantes por delante, pero el verdadero protagonismo del primer tiempo lo tuvieron las bandas marfileñas. Amad Diallo y, sobre todo, un eléctrico Yan Diomandé sembraron dudas constantes en Nathaniel Brown y Joshua Kimmich, generando peligro en cada transición ofensiva.
La solidez defensiva de Costa de Marfil fue igualmente destacada. Los africanos consiguieron reducir al mínimo el margen de maniobra de Florian Wirtz y Leroy Sané, las dos grandes referencias creativas alemanas, que se vieron atrapadas sin espacios a lo largo del primer acto. Alemania dominó la posesión y el territorio, pero esa superioridad estadística no se tradujo en ocasiones claras de gol. Cuando las tuvieron, sus remates fueron débiles o incómodos, evidenciando la ausencia de un centrodelantero capaz de imponerse físicamente a la defensa africana.
Los errores que Costa de Marfil lamentará
El principal problema de los marfileños no fue su nivel, que fue alto, sino su falta de acierto en los momentos decisivos. Poco después de que Alemania igualara el marcador, Nicolas Pépé firmó una jugada individual espectacular que dejó a Simon Adingra en posición privilegiada para asestar el golpe definitivo. La decisión del atacante, sin embargo, fue equivocada y la oportunidad se evaporó. Antes, el propio Kessié había controlado mal en una zona idónea del campo, desaprovechando otra situación que podría haber cambiado el guión del partido.
En el fútbol de alto nivel, dejar viva a una selección de la jerarquía de Alemania casi siempre tiene consecuencias. Los Elefantes lo comprobaron de la peor manera: en su mejor oportunidad, Die Mannschaft clavó el puñal.
Los cambios de Nagelsmann, la clave del giro
La segunda mitad fue otro partido. La introducción de Nadiem Amiri y Deniz Undav en sustitución de Sané y Jamal Musiala representó el punto de inflexión. El delantero del Stuttgart transformó de inmediato el juego ofensivo alemán: se movió con inteligencia entre líneas, generó peligro en cada acción y, lo más importante, resolvió con frialdad y eficacia cuando tuvo el balón en los pies cerca del área.
Su primera diana igualó el marcador y devolvió la calma a un equipo que llevaba demasiado tiempo sufriendo. La segunda, en el minuto 93, desató la euforia. Un doblete en un partido eliminatorio del Mundial no es poca cosa, y la actuación de Undav abre un debate que Nagelsmann deberá resolver antes de la siguiente fase: si el atacante de Stuttgart, con esta demostración de oficio y olfato goleador, merece disputarle la titularidad a los delanteros que habían venido siendo fijos en el esquema alemán.
Kai Havertz, titular en el centro del ataque, jugó bien de espaldas a portería y fue el más peligroso en el juego aéreo, aunque sus ocasiones más claras llegaron principalmente a balón parado. La duda legítima que queda sobre la mesa es si Alemania puede aspirar a algo más con un delantero más vertical y resolutivo en la punta.
El peso histórico de una clasificación que no debería ser extraordinaria
Para el tetracampeón mundial, superar la fase de grupos no debería ser noticia. Pero las dos últimas experiencias de Die Mannschaft en Copas del Mundo convirtieron este hito en algo cargado de significado emocional y simbólico.
En Rusia 2018, Alemania llegó como campeona defensora y cayó en la fase de grupos en un grupo que compartía con México, Suecia y Corea del Sur. Fue una debacle histórica, una de las mayores en la historia del torneo tratándose del campeón vigente. Cuatro años después, en Catar 2022, la historia se repitió con matices: eliminada por España, Japón y Costa Rica, la selección germana volvió a casa antes de lo esperado, con una imagen deteriorada y muchas preguntas sin respuesta sobre su modelo de juego y su identidad colectiva.
Dos eliminaciones consecutivas en fase de grupos representan una herida profunda para un país con cuatro títulos mundiales (1954, 1974, 1990 y 2014) y una cultura futbolística basada en la solidez, la competitividad y la regularidad en las grandes citas. Que la clasificación a dieciseisavos genere alivio genuino en el vestuario alemán es, en sí mismo, un reflejo del daño que esos dos fracasos causaron en la autoestima del grupo.
Un nuevo capítulo con la mochila descargada
Con la clasificación ya en el bolsillo antes de la última jornada de la fase de grupos, Alemania llega a ese partido final en una posición radicalmente diferente a la de los dos torneos anteriores. Sin la presión existencial de necesitar un resultado para sobrevivir, Nagelsmann podrá gestionar el equipo con mayor libertad, experimentar con variantes tácticas y, sobre todo, permitir que sus jugadores compitan con soltura y confianza.
El fútbol que mostró el equipo no fue brillante en su totalidad. Hubo momentos de dominio estéril, de falta de ideas en ataque y de fragilidad defensiva ante la velocidad marfileña. Pero también hubo carácter, capacidad de reacción y un técnico que tomó las decisiones correctas en el momento adecuado. Eso, combinado con la liberación psicológica de haber superado la fase de grupos, puede ser el punto de partida de algo importante.
La ilusión está de vuelta en el fútbol alemán. Y tiene nombre propio: Deniz Undav.
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