Argentina avanza a cuartos de final del Mundial 2026 ante Suiza con virtudes renovadas y defectos pendientes
Tras la remontada ante Egipto, Scaloni debe corregir la dependencia ofensiva de Messi y la fragilidad defensiva en los contraataques.
El eufórico festejo por la remontada ante Egipto en el Arrowhead Stadium de Kansas City apenas dejó tiempo para el análisis. Argentina avanzó a cuartos de final del Mundial 2026 con un dramático 3-2, pero la agenda del torneo no espera: el próximo rival es Suiza, y el equipo de Lionel Scaloni llega con virtudes renovadas y defectos que aún exigen corrección.
La dependencia de Messi, un lujo con límites
El dato más revelador del torneo argentino hasta aquí es la concentración goleadora en un solo hombre. De los 14 goles que anotó la Selección en el campeonato, cifra que la ubica como la máxima artillera del certamen junto a Francia, Lionel Messi convirtió 8, un número extraordinario para un capitán de 39 años. Sin embargo, esa dependencia es, al mismo tiempo, una señal de alerta: el rendimiento colectivo ofensivo necesita más voces.
El propio Messi no estuvo infalible. Falló dos penales a lo largo de la fase de grupos y octavos, uno ante Austria y otro en el propio duelo contra Egipto, lo que subraya que incluso el mejor jugador del mundo puede atravesar fluctuaciones. En la recta final del Mundial, el entorno del 10 debe capitalizar las situaciones que él mismo genera, algo que todavía no ocurre con la regularidad necesaria.
El impacto de Paredes y el equilibrio recuperado
Una de las novedades más positivas del partido ante Egipto fue el ingreso de Leandro Paredes, que aportó exactamente lo que el equipo reclamaba: marca, equilibrio y distribución. Su presencia en el mediocampo permitió liberar de responsabilidades defensivas a Alexis Mac Allister y generó cambios de frente que rompieron líneas rivales con mayor fluidez.
Además, la incorporación de Paredes tuvo un efecto colateral inmediato en la banda izquierda: Nicolás Tagliafico se proyectó casi como extremo, gracias al respaldo que le ofreció el volante en las coberturas defensivas. Ese costado izquierdo mostró una dinámica diferente y más peligrosa. El sector derecho, sin embargo, con el dúo formado por Rodrigo De Paul y Nahuel Molina, todavía no encontró su mejor versión y sigue siendo una asignatura pendiente de cara a los cuartos de final.
No es el partido que más me hizo sufrir, porque el partido siempre estuvo. Argentina tuvo situaciones, creó. Uno sufre cuando no hay herramientas. La sensación es que en algún momento íbamos a tener una y se podía dar vuelta. Cuando uno ve al equipo bien, está confiado. Jugamos un fútbol diferente.Lionel Scaloni
La fragilidad defensiva ante los contraataques
Por primera vez en la era Scaloni, Argentina se encontró en desventaja en una Copa del Mundo. El 0-2 que marcaba el marcador a falta de 20 minutos encendió todas las alarmas: la desesperación por empatar llevó al equipo a acumular gente en ataque y a asumir riesgos excesivos, dejando espacios que Egipto explotó con precisión quirúrgica.
El arquero egipcio Mostafa Shoubir realizó una actuación brillante que complicó la tarea argentina mucho más de lo previsto. Sin esa actuación, la remontada quizás no habría sido necesaria. En el otro arco, Emiliano "Dibu" Martínez poco pudo hacer en los goles encajados, aunque tampoco fue exigido con grandes intervenciones a lo largo del certamen, un punto que genera cierta inquietud de cara a rivales de mayor jerarquía.
El momento más peligroso del encuentro fue un contraataque egipcio que pudo haber sido definitivo: fue Paredes quien extirpó el balón en el momento justo para evitar lo que habría sido un golpe casi irreversible. Ese episodio resume con claridad el problema que Scaloni debe corregir: cuando Argentina pierde la pelota en campo rival con muchos jugadores adelantados, queda expuesta a transiciones rápidas que, ante rivales como Suiza, pueden ser letales.
El patrón de ceder el juego cuando se gana
En los partidos previos al encuentro ante Egipto, Argentina mostró una tendencia preocupante: cuando tomaba ventaja en el marcador, abandonaba el protagonismo y cedía terreno y posesión al rival. Esa estrategia, que puede funcionar en determinadas fases de la competición, se vuelve cada vez más peligrosa conforme avanza el torneo, ya que los rivales cuentan con mayores recursos técnicos y tácticos para aprovechar esos espacios y tiempo con el balón.
Suiza, cuadro de sólida estructura defensiva y capacidad para hacer daño a la contra, puede castigar esa concesión con mucha eficiencia. La clave para Argentina será mantener el control del juego independientemente del resultado parcial, algo que el equipo demostró ser capaz de hacer, pero no con la constancia que exige esta fase del torneo.
Ajustes necesarios para dar el siguiente paso
El resumen de lo que Scaloni debe afinar de cara a los cuartos de final apunta a tres ejes fundamentales:
- Mayor eficacia colectiva en la definición, para no depender exclusivamente de la inspiración de Messi.
- Equilibrio en el repliegue defensivo cuando el equipo ataca, para evitar contraataques peligrosos.
- Activar el costado derecho con más presencia y verticalidad de De Paul y Molina, que no han mostrado aún su mejor nivel.
Argentina llega a cuartos de final con el corazón intacto y con un volumen de juego que mostró señales de mejoría ante Egipto. El sueño del bicampeonato sigue vivo, pero dependerá en gran medida de cuánto pueda pulir Scaloni esos engranajes antes del duelo ante la selección suiza.
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