FIFA World Cup 2026Publicado 2 meses atrás Lectura: 6 min

Argentina e Inglaterra chocarán en semifinales del Mundial 2026, el reencuentro de una rivalidad forjada en más de un siglo

El 15 de julio se disputará en México un nuevo capítulo de la rivalidad más apasionante del fútbol internacional, cargada de historia política y deportiva entre dos naciones separadas por más de 11,000 kilómetros.

Las mayores rivalidades en el fútbol suelen nacer entre vecinos, como una disputa territorial por el dominio de un barrio o una región. Pero a veces hay algo más, mucho más. Tantos ingredientes acumulados durante más de un siglo como para explicar que el enfrentamiento más apasionante del fútbol internacional se produzca entre dos selecciones separadas por más de 11,000 kilómetros: Argentina e Inglaterra. Para alegría de los aficionados de todo el mundo, esos dos universos paralelos volverán a colisionar el 15 de julio de 2026, en las semifinales del Mundial 2026, con un lugar en la gran final en juego.

El alumno que superó a los maestros

La historia de esta rivalidad arranca antes de cualquier partido oficial. Los británicos que llegaron a Argentina en el siglo XIX exportaron junto a sus costumbres un fútbol directo, vertical, físico. Sin embargo, los criollos fueron construyendo un estilo propio basado en la gambeta, la imaginación y la combinación, que pronto chocó filosóficamente con la escuela de quienes les habían enseñado el juego.

El fútbol que yo cultivé era una verdadera demostración de destreza y energía. Un juego algo más brusco, pero viril, hermoso, pujante. El fútbol moderno adolece de exceso de combinaciones hechas cerca del arco. El juego largo, en el que se formaron tantos jugadores invencibles, ya no se cultiva.Jorge Gibson Brown

Estas palabras, pronunciadas en 1921 por Jorge Gibson Brown, descendiente de británicos y figura del Club Alumni, el equipo dominante en los primeros años del fútbol argentino, reflejaban la tensión generacional entre dos concepciones del juego. Esa incomodidad fue creando en Argentina la necesidad de demostrar en el terreno de juego que el alumno había superado a sus maestros.

Wembley, el León y el gol imposible

La obsesión argentina por medirse con Inglaterra llegó a tal punto que, en una época en que la Albiceleste rehuía las competencias internacionales, incluso renunció a participar en el Sudamericano de 1949 y en el Mundial de 1950, se organizó un amistoso en Wembley en 1951. Fue la primera vez que el estadio más emblemático de Inglaterra recibía a una selección de fuera de las islas británicas.

Argentina se adelantó con un gol de Mario Boyé, pero los ingleses dieron la vuelta al marcador en el segundo tiempo y se impusieron 2-1. La derrota no borró la épica: el portero Miguel Armando Rugilo, autor de una actuación heroica, ganó para siempre el apodo de "El León de Wembley".

La revancha llegó dos años después, en Buenos Aires, y Argentina se impuso 3-1. Ese día nació otra leyenda: el gol de Ernesto Grillo, bautizado "El gol imposible", ejecutado desde un ángulo muy cerrado junto a la línea de fondo. Durante décadas la prensa argentina lo elevó a la categoría del milagro técnico, el símbolo perfecto de que los criollos habían reinventado el lenguaje del fútbol.

1966: Rattin, los "Animals" y la venganza de Estudiantes

Aunque Argentina e Inglaterra se cruzaron en el Mundial de Chile 1962 (victoria inglesa por 3-1), el choque que forjó mito fue el de los cuartos de final del Mundial de Inglaterra 1966, de nuevo en Wembley. El árbitro alemán Rudolf Kreitlein expulsó al capitán argentino Antonio Rattin por protestas en el primer tiempo, un episodio tan confuso que la FIFA decidió después inventar las tarjetas amarilla y roja para gestionar situaciones similares. En su marcha al vestuario, Rattin estrujó uno de los banderines de córner con la bandera británica, mientras la Reina Isabel II observaba desde su palco. England ganó 1-0 y luego se proclamó campeona del mundo.

El seleccionador inglés Alf Ramsey calificó a los jugadores argentinos de "Animals", un insulto que perduró décadas en la memoria colectiva de ambos países. Lo que se recuerda menos es que dos años después, Estudiantes de La Plata consumó en cierta forma una venganza al ganar la Copa Intercontinental 1968. El conjunto platense empató 1-1 en Old Trafford ante el Manchester United, capitaneado por Bobby Charlton, figura del Mundial 66, resultado suficiente para alzar el título. Antes del partido, el volante y médico Carlos Bilardo presumió ante los periodistas ingleses de los títulos universitarios de los jugadores de aquel plantel, en alusión directa a las palabras de Ramsey.

Acá no hay "animals", señores.Carlos Bilardo

Malvinas y México 86: la cima de la rivalidad

La Guerra de las Malvinas en 1982 añadió una dimensión política irreversible a la rivalidad futbolística. Cuatro años después, en el Mundial de México 1986, llegó el partido que muchos consideran el más cargado de significado en la historia de la competición. En los cuartos de final, Argentina venció a Inglaterra 2-1 con un doblete de Diego Armando Maradona: primero el gol marcado con la mano - la célebre "Mano de Dios" - y luego una carrera de 60 metros driblando a cinco jugadores ingleses y al portero, elegido el mejor gol de la historia de los Mundiales en una votación de la FIFA en el año 2002. La furia del portero inglés Peter Shilton, que no ha aceptado el primer tanto hasta la fecha, cerró un capítulo que sigue siendo, hasta el momento, la única victoria de Argentina sobre Inglaterra en un Mundial en tiempo reglamentario.

En Francia 1998, Argentina se impuso en los octavos de final en la tanda de penales, en un partido recordado también por la expulsión de David Beckham tras una entrada provocada con astucia por Diego Simeone. El centrocampista inglés pagó cara la roja: fue señalado como el culpable de la eliminación de su selección durante meses. En el Mundial de Corea y Japón 2002, en cambio, fue Inglaterra la que se impuso 1-0 en la fase de grupos, con un penal transformado por el propio Beckham, que así saldó en parte su deuda con la afición inglesa.

2026: historia y presente en semifinales

El encuentro del 15 de julio de 2026 llega en un contexto diferente al de aquellos duelos cargados de tensión política. El seleccionador argentino Lionel Scaloni ha subrayado que el partido debe tratarse como lo que es en esencia: una semifinal de Copa del Mundo. Un dato significativo del cambio de época es que cinco titulares de la Albiceleste militan en la Premier League y son figuras reconocidas y queridas por los aficionados ingleses en sus respectivos clubes.

Sin embargo, la rivalidad sigue muy presente en la cultura popular argentina. En cada partido de la selección, las tribunas entonan el cántico "El que no salta es un inglés", un eco de décadas de historia compartida. En Buenos Aires se representan actualmente obras teatrales que abordan las Invasiones Inglesas de 1806 y la Guerra de Malvinas, y sigue en cartel "El Partido", película basada en el libro homónimo de Andrés Burgo, con testimonios de jugadores de ambas selecciones sobre el mítico choque de 1986.

Quizá lo más paradójico de todo sea que, aunque a muchos argentinos les cuesta admitirlo, pocos pueblos comparten con ellos una pasión tan intensa y tan parecida por el fútbol como los ingleses. La misma entrega, el mismo sufrimiento, los mismos rituales colectivos. Pasiones idénticas con colores distintos. Ese es, posiblemente, el ingrediente secreto del clásico más grande del mundo.

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