Argentina e Inglaterra, una rivalidad que se remonta a 1951 con el "León de Wembley"
El ida y vuelta entre 1951 y 1953 sentó las bases del respeto y la rivalidad que perduran hasta hoy entre ambas selecciones.
La cuenta regresiva para el choque entre Argentina e Inglaterra en semifinales del Mundial 2026 paraliza al planeta futbolero. La rivalidad entre ambas selecciones es uno de los capítulos más ricos del fútbol mundial, alimentado por episodios como la polémica batalla de 1966, el épico cruce de México 1986, donde Diego Armando Maradona se consagró definitivamente como leyenda universal, y las tensiones de Francia 1998. Sin embargo, antes de que todos esos mitos tomaran forma, el destino de ambos seleccionados protagonizó un ida y vuelta fundacional a principios de la década de 1950, entre 1951 y 1953, que sentó las bases del respeto y la rivalidad que perduran hasta hoy.
1951: el bautismo en la Catedral y el nacimiento del "León de Wembley"
El 9 de mayo de 1951 no fue una fecha ordinaria para el fútbol argentino. Significó romper años de relativo aislamiento internacional y medir, de una vez por todas, la calidad del jugador criollo frente a los inventores del juego. El escenario no podía ser más imponente: el mítico estadio de Wembley, en Londres. Argentina se convirtió así en el primer seleccionado extranjero no perteneciente a las islas británicas en pisar el césped de esa catedral del fútbol.
El partido fue una batalla de titanes. Para sorpresa de los más de 90,000 espectadores locales, la Selección Argentina golpeó primero: a los 18 minutos, el delantero Mario Boyé conectó un cabezazo que abrió el marcador y causó estupor en las gradas londinenses. No obstante, Inglaterra impuso su jerarquía y dio vuelta el resultado, ganando 2-1 con goles de Stan Mortensen y Jackie Milburn.
Con todo, el resultado final quedó en un segundo plano ante la exhibición colosal de un solo hombre. El arquero Miguel Ángel Rugilo realizó una actuación consagratoria, con atajadas espectaculares y acrobáticas ante el incesante asedio británico, que dejaron atónitos al público local y a la prensa inglesa. Ese día nació el apodo que lo acompañaría para siempre: "el León de Wembley".
La celeste y blanca perdió el partido, pero se ganó el respeto del mundo. El periodista Félix Daniel Frascara lo resumió con precisión quirúrgica en las páginas de El Gráfico:
Si de algún modo podría definirse la fisonomía del match sería diciendo que los ingleses ganaron por cansancio. Obtuvieron dos tantos cuando ya los hombres de la defensa argentina no daban más, agotados al cabo de ochenta minutos de trabajo extenuante. Consideramos que el cuadro argentino cayó con todos los honores.Félix Daniel Frascara
1953: la revancha en el Monumental y el "gol imposible" de Grillo
Dos años más tarde, los ingleses viajaron a Sudamérica. La revancha se disputaría en el Estadio Monumental de River Plate, en el barrio porteño de Núñez, colmado por una multitud ansiosa de gloria. La gira británica contemplaba dos encuentros; fue el primero el que se metió para siempre en las páginas doradas del fútbol argentino.
El 14 de mayo de 1953, Inglaterra se puso en ventaja con un gol de cabeza de Taylor. La reacción argentina, sin embargo, fue contundente. Ernesto Grillo igualó el marcador con un gol que pasaría a la historia, Rodolfo Micheli puso el 2-1, y el propio Grillo cerró la cuenta con su segundo tanto para un histórico 3-1 ante la mirada de aproximadamente 86,000 espectadores.
El gol del empate de Grillo fue bautizado de inmediato como "el gol imposible". El atacante recibió la pelota, gambeteó a tres defensores ingleses dentro del área y, cuando prácticamente no le quedaba ángulo de tiro, ya sobre la línea de fondo, sacó un remate fulminante que tomó por sorpresa al arquero. Nadie entendió cómo entró esa pelota. Fue tal la genialidad de la acción que, en su homenaje, se instauró en Argentina el Día del Futbolista.
El triunfo por 3-1 representó la primera victoria de Argentina sobre Inglaterra, aunque los dirigentes británicos alegaron que el equipo que disputó el encuentro en cancha de River era un combinado de la liga local y no el seleccionado inglés propiamente dicho. Para la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) y para el pueblo argentino, aquella salvedad no tuvo mayor peso.
La victoria del equipo argentino, 3 a 1, produjo la satisfacción que es fácil imaginar. Lo que entendemos nosotros es que los 18 jugadores, y no solamente 11, son los que forman la selección. Y aunque haya un elenco titular, entre los integrantes de él y los considerados suplentes no puede existir una gran diferencia.Félix Daniel Frascara
El "partido invisible" y el cierre de una era
La historia de aquella gira de 1953 tuvo un epílogo singular. Tres días después, el 17 de mayo, estaba programado un segundo encuentro en el mismo Monumental, ante una concurrencia aún mayor, estimada en cerca de 93,000 espectadores. Sin embargo, una lluvia torrencial e implacable inundó el campo de juego, transformándolo en un lodazal en el que resultaba imposible jugar. Tras poco más de 20 minutos con el marcador en 0-0, el encuentro fue suspendido definitivamente. Ese "partido invisible" le bajó el telón a la primera gran era de los Argentina vs. Inglaterra.
El peso de la historia en el camino al Mundial 2026
Entre 1951 y 1953, Argentina e Inglaterra comenzaron a odiarse y a respetarse en partes iguales, en una relación de tensión permanente que se sostuvo a través de las décadas, alimentada también por contextos históricos más amplios, incluido el conflicto de las Islas Malvinas en 1982. La batalla de Wembley de 1966, con la expulsión del capitán argentino Antonio Rattín como episodio central, y el partido en el Estadio Azteca de México 1986, con Maradona como protagonista absoluto, no hicieron más que profundizar una rivalidad que el tiempo convirtió en una de las más intensas del fútbol mundial.
El Mundial 2026 vuelve a poner cara a cara a las dos selecciones en la instancia de semifinales. Los nombres en las camisetas cambiaron por completo, pero el espíritu de Rugilo deteniéndolo todo bajo los tres palos de Wembley, el cabezazo de Boyé rompiendo el silencio londinense y la zurda imposible de Grillo desafiando las leyes de la física sigue flotando en el aire cada vez que Argentina e Inglaterra se miran a los ojos.
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