Argentina en el Mundial 2026: entre la grandeza histórica y las dudas defensivas
La Albiceleste llega a Estados Unidos como una de las favoritas para revalidar el título de Qatar 2022, pero la historia, las lesiones y la sombra del retiro de Di María plantean preguntas incómodas sobre sus posibilidades reales.
Las probabilidades históricas están, con claridad, en contra de Argentina. Solo dos selecciones han logrado revalidar un título mundial: Italia en 1938 y Brasil en 1962. En ambos casos, la segunda corona llegó en el propio continente de cada campeón. Ningún equipo ha repetido título en un torneo disputado tan lejos de casa. Y, sin embargo, la Albiceleste aterriza en Estados Unidos como una de las grandes favoritas para ganar el Mundial 2026, respaldada por una racha de resultados que muy pocas generaciones han igualado en la historia del fútbol.
Una racha que recuerda a la España dorada
Desde aquella dramática final contra Francia en el Estadio Lusail de Qatar, Argentina no ha dejado de ganar. La Albiceleste ha conquistado tres títulos consecutivos: la Copa América 2021, el Mundial de Qatar 2022 y la Copa América 2024. Una secuencia que inevitablemente evoca a la gran España de 2008-2012, la única selección que ha encadenado tres torneos mayores de manera consecutiva en la era moderna. Antes de esta racha gloriosa, el último título argentino había sido precisamente una Copa América, la de 1993, lo que subraya aún más el valor de lo conseguido en estos tres años y medio.
La campaña de clasificación sudamericana no hizo sino confirmar la superioridad del equipo dirigido por Lionel Scaloni. Argentina terminó en lo más alto de la tabla con nueve puntos de ventaja sobre sus inmediatos seguidores. En las eliminatorias sudamericanas prácticamente no existen partidos fáciles: Ecuador, Uruguay, Colombia y Brasil pelean cada punto con ferocidad. Terminar con esa diferencia no es un dato menor.
Messi a los 39 años: presente pero ya no imprescindible
Uno de los mayores cambios tácticos y anímicos de esta Argentina respecto a la de Qatar es la reducción progresiva de su dependencia de Lionel Messi. El capitán cumplirá 39 años durante el torneo, y aunque fue el máximo goleador del equipo en la fase de clasificación, la Albiceleste ha demostrado de manera reiterada que puede funcionar a pleno rendimiento sin él sobre el campo.
Entre las actuaciones más destacadas sin Messi figuran:
- Victoria 3-0 a domicilio contra Bolivia
- Victoria 3-0 en casa contra Chile
- Victoria 1-0 a domicilio contra Uruguay
- Goleada 4-1 a Brasil, considerada por muchos analistas la mejor actuación del equipo bajo las órdenes de Scaloni
En la final de la Copa América 2024 contra Colombia, el rendimiento colectivo mejoró notablemente después de que Messi abandonara el campo por lesión, una paradoja que habla bien del crecimiento del grupo. Esto no significa que Messi sea prescindible en términos de liderazgo, sino que el equipo ya no depende exclusivamente de sus destellos individuales para ganar.
"Quien conoce a Leo sabe que, esté donde esté, ganar es su objetivo", declaró el centrocampista Rodrigo De Paul a ESPN. "Él compite; siempre quiere ganar y ser un jugador clave en sus clubes y en su selección."
El exinternacional Óscar Ruggeri, campeón del mundo en 1986 y finalista en 1990, establece un paralelismo elocuente entre el Messi actual y el Diego Armando Maradona de su época: "El equipo de hoy tiene un capitán muy parecido al que teníamos en los 90, y creo que los guiará por el camino correcto."
Julián Álvarez y el relevo generacional en el ataque
Si Messi sigue siendo el alma del equipo, Julián Álvarez se ha convertido en su músculo más potente. El delantero, que en Qatar 2022 comenzó como suplente y acabó como uno de los protagonistas del torneo, ha crecido hasta convertirse en el arma ofensiva más versátil de la Albiceleste. Puede actuar como delantero centro clásico junto a Messi, pero también retrasarse para ocupar el espacio que deja el capitán cuando este descansa o falta. Su resistencia física, inteligencia de movimiento y capacidad goleadora lo convierten en un jugador de primer nivel mundial.
A esto se suma la prometedora dupla que Álvarez ha desarrollado con el mediocampista ofensivo Thiago Almada, una combinación que Scaloni ha ido puliendo en los últimos meses y que podría ser una de las claves del torneo.
La otra gran incógnita ofensiva es cómo reemplazar la presencia de Ángel Di María, retirado de la selección a los 37 años. Di María fue mucho más que un extremo en esta generación: fue el jugador más determinante en los momentos decisivos, el artífice de goles cruciales en las tres finales que Argentina ganó, y un futbolista de una generosidad, inteligencia y versatilidad poco comunes. El hecho de que siga rindiendo a alto nivel en Rosario Central con 38 años hace aún más frustrante su ausencia. Scaloni aún no ha encontrado a nadie que llene ese rol de manera convincente.
Las estadísticas que inquietan
Los números son fríos pero elocuentes. Desde 1930, cinco selecciones han llegado a finales consecutivas de la Copa del Mundo: Países Bajos, la propia Argentina, Francia, Italia y Brasil. Sin embargo, solo el 9,09% de las ediciones del Mundial han terminado con un equipo revalidando el título. Las excepciones son los ya citados Italia 1938 y Brasil 1962.
Mario Kempes, campeón del mundo con Argentina en 1978, vivió en primera persona el fracaso de 1982, cuando los entonces vigentes campeones no pasaron de la segunda fase. Su testimonio resulta especialmente valioso: "Los equipos te conocen mejor ahora, saben cómo juegas. Tienen que cambiar porque Argentina es una selección nacional a la que todos quieren vencer."
Kempes también apuntó al desgaste físico como factor determinante: "El aspecto físico ya no es el mismo, porque han pasado tres años y medio. Los jugadores han tenido mucho más tiempo de juego, muchos minutos en las piernas. Ha habido muchas lesiones y muchos jugadores que llegan no están en su mejor forma física debido al cansancio." Y añadió con franqueza que algunos futbolistas "no están en su mejor momento actualmente", algo que el propio Scaloni ha reconocido públicamente.
El talón de Aquiles: la defensa en entredicho
Si hay un aspecto que genera más preocupación antes del torneo, es la solidez defensiva. En Qatar 2022, la zaga argentina mostró repetidas grietas bajo presión: casi se desmorona contra Australia, estuvo al borde del colapso ante Países Bajos y rozó la catástrofe en la final frente a Francia. Scaloni probó numerosas alternativas en los últimos dos años sin encontrar una defensa de garantías. La solución ha sido, en gran medida, recurrir a los mismos jugadores que estuvieron en Qatar, con la experiencia como principal argumento.
El problema es que varios de esos titulares defensivos llegan al Mundial tocados por lesiones:
- Emiliano Martínez se fracturó un dedo en el calentamiento previo al triunfo del Aston Villa en la Europa League y no participó en el último amistoso de preparación.
- Cristian Romero fue baja en el Tottenham por una lesión de rodilla y solo disputó 45 minutos en el partido de despedida de la selección.
- Gonzalo Montiel regresa con molestias físicas, aunque pudo participar en el último amistoso.
- Nahuel Molina tampoco estuvo disponible para ese partido por una lesión leve.
- Nico Paz, pieza importante en el mediocampo ofensivo, entrenó de manera diferenciada por una lesión en la rodilla izquierda, aunque entró como suplente en el amistoso previo al torneo.
Martínez y Romero fueron incorporaciones clave justo antes de la Copa América 2021 y transformaron la defensa argentina. Sin ellos, o con ellos a medio gas, la vulnerabilidad de la zaga se amplifica considerablemente. Y este Mundial, con un formato ampliado que incluye una ronda eliminatoria adicional respecto a Qatar, ofrece más ocasiones en que esa fragilidad puede ser explotada.
La mentalidad como argumento
Frente a todas estas dudas, los propios jugadores invocan algo que las estadísticas no pueden medir: la mentalidad competitiva forjada a lo largo de tres años de victorias seguidas.
"Siento que cuando llega el momento decisivo, este equipo se vuelve extremadamente competitivo. Creo que esa es nuestra mayor fortaleza", declaró el defensa Nicolás Tagliafico al programa Fuera de Juego de ESPN. Tagliafico, que estuvo en el Lusail cuando Messi se arrodilló entre lágrimas al proclamarse campeón, subraya que esa experiencia colectiva es un activo intangible pero real: "Si lo hicimos una vez, podemos hacerlo dos veces. Si lo hicimos dos veces, podemos hacerlo tres."
Ruggeri, por su parte, traza un paralelo con el equipo de 1990, que llegó a la final de Italia con múltiples lesionados y con un juego poco brillante, pero con una determinación inquebrantable: "Al principio no estábamos en plena forma, pero nos recuperamos gradualmente a medida que avanzaba el Mundial. Una vez que has ganado, te queda ese sabor agridulce de la experiencia vivida."
El primer gran examen llegará el 16 de junio, cuando Argentina dispute su partido inaugural ante Argelia. El tono emocional con el que la Albiceleste afronte ese partido revelará mucho sobre si este equipo puede desafiar la historia o si, como ha ocurrido con casi todos los campeones que lo han intentado, el peso de defender el título terminará siendo demasiado.
Scaloni tiene en sus manos uno de los trabajos más complejos del fútbol mundial: gestionar el ocaso de la mejor generación argentina de todos los tiempos, cubrir la ausencia irreemplazable de Di María, y sacar el máximo rendimiento a una defensa que llega tocada a la cita más importante. La Albiceleste puede desplegar un fútbol magnífico cuando encuentra su ritmo en el juego de posesión, con triángulos de pases cortos y cambios de orientación que resultan un placer estético. Pero las grietas defensivas siguen ahí, y en un torneo como este, los rivales más exigentes no perdonarán.
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