Argentina en el Mundial 2026: puede la Albiceleste desafiar la historia y revalidar el título
Con Messi rumbo a sus 39 años, una defensa con lesionados y el peso de una estadística que no perdona, la Albiceleste afronta en Estados Unidos el desafío más ambicioso de su historia reciente.
Las probabilidades están claramente en contra de Argentina. Cuando la Albiceleste salte al campo el 16 de junio frente a Argelia para inaugurar su participación en el Mundial 2026, lo hará cargando con un peso histórico que ninguna selección ha logrado superar en las circunstancias que ahora rodean al equipo de Lionel Scaloni.
Solo dos selecciones han revalidado el título mundial: Italia en 1938, cuatro años después de su primer corona, y Brasil en 1962. En ambos casos, la segunda victoria se produjo en el mismo continente donde nació la primera. Ningún equipo ha repetido el triunfo en un torneo celebrado tan lejos de casa. Argentina, vencedora en Qatar 2022, intentará romper ese molde en suelo norteamericano. Y, sin embargo, llega a Estados Unidos como una de las grandes favoritas del torneo.
Una racha histórica que recuerda a la España dorada
El argumento más poderoso a favor de Argentina no es un jugador ni un sistema táctico: es una racha de victorias consecutivas que no tiene precedente reciente. La Albiceleste ha conquistado tres títulos seguidos: la Copa América 2021, el Mundial de Qatar 2022 y la Copa América 2024. Una secuencia que inevitablemente evoca a la España que entre 2008 y 2012 encadenó dos Eurocopas y un Mundial, dominando el fútbol mundial con una identidad de juego cristalina.
Antes de este ciclo glorioso, Argentina no levantaba un trofeo mayor desde la Copa América de 1993, más de tres décadas atrás. Ganar, en cambio, se ha convertido en un hábito para esta generación. La clasificación sudamericana para el Mundial, el proceso más exigente del mundo por su extensión y paridad, lo confirmó: Argentina terminó nueve puntos por delante de su perseguidor más cercano, sin concesiones, en una competición donde prácticamente no existen rivales fáciles.
Messi a los 39: irremplazable, pero ya no imprescindible cada minuto
Lionel Messi cumplirá 39 años durante este torneo, y la pregunta sobre hasta dónde puede llegar su rendimiento físico flota en el ambiente. Fue el máximo goleador argentino en la fase de clasificación, pero el equipo de Scaloni ha demostrado de manera convincente que puede funcionar sin él en el campo.
Las victorias por 4-1 ante Brasil, por 3-0 ante Bolivia y Chile, o el triunfo por 1-0 ante Uruguay, todos sin Messi, dibujaron una selección con recursos propios. En la final de la Copa América 2024 ante Colombia, Argentina mejoró notablemente tras la salida del capitán por lesión, un detalle que no pasa inadvertido. El seleccionador ya le ha dado descanso en algunos partidos sin que el resultado se resintiera.
Pero sería un error subestimar la dimensión de Messi más allá de los minutos jugados. Rodrigo De Paul, uno de los pilares del mediocampo argentino, fue directo al respecto en declaraciones a ESPN: "Quien conoce a Leo sabe que, esté donde esté, ganar es su objetivo. Él compite; siempre quiere ganar y ser un jugador clave en sus clubes y en su selección".
El peso simbólico de su presencia en el vestuario es, según el exinternacional Óscar Ruggeri, comparable al que ejerció Diego Maradona sobre el equipo campeón del mundo en 1986 y finalista en 1990: "El equipo de hoy tiene un capitán muy parecido al que teníamos en los 90, y creo que los guiará por el camino correcto", afirmó el exdefensa, que vivió ambas aventuras mundialistas desde dentro.
Julián Álvarez, Thiago Almada y el relevo generacional del ataque
Si Messi es el símbolo, Julián Álvarez se ha convertido en el motor. Arrancó Qatar 2022 como suplente y hoy es el arma ofensiva más determinante del equipo: resistencia física, olfato goleador, versatilidad táctica. Puede actuar como delantero centro clásico junto a Messi o desplazarse hacia posiciones más retrasadas para ocupar el espacio que el capitán libera. Su combinación con el mediocampista ofensivo Thiago Almada apunta a ser uno de los dúos más dinámicos del torneo.
El problema de la herencia, en cambio, llega por el costado. La retirada internacional de Ángel Di María, hoy con 38 años y aún en plena forma en Rosario Central, deja un vacío difícil de cuantificar. Di María fue decisivo en los tres títulos consecutivos de Argentina, titular en las finales clave, generoso, inteligente, polivalente. Desde los Juegos Olímpicos de 2008 hasta Lusail 2022, su huella en los momentos definitorios del fútbol argentino es incuestionable. Scaloni deberá encontrar la manera de absorber esa ausencia sin un reemplazo evidente.
La defensa: el talón de Aquiles que ya amenazó en Qatar
La mayor inquietud estructural de esta Argentina no está en la creación, sino en la solidez defensiva. En Qatar, la zaga cedió bajo presión en partidos clave: ante Australia en octavos, ante Países Bajos en cuartos, y en la épica final ante Francia, cuando el equipo de Didier Deschamps remontó de 2-0 a 2-2 en apenas ocho minutos para forzar la prórroga y los penaltis.
Scaloni evaluó a varios defensores jóvenes desde entonces, pero ninguno ha convencido lo suficiente para desplazar a los titulares de 2022. Y esos mismos titulares llegan al Mundial con problemas físicos:
- Emiliano Martínez, el portero que fue clave en Qatar, se fracturó un dedo en el calentamiento previo a la final de la Europa League con el Aston Villa y no participó en el último amistoso de Argentina antes del Mundial.
- Cristian Romero, central del Tottenham, fue baja en el tramo final de la Premier League por una lesión de rodilla y solo disputó una mitad en la despedida de la Albiceleste.
- Gonzalo Montiel y Nahuel Molina, laterales habituales, también llegan con molestias físicas; Molina no llegó a jugar el partido de despedida.
Martínez y Romero deberían llegar a tiempo para el debut ante Argelia, pero la incertidumbre es real. Y en un Mundial ampliado a 48 equipos con una ronda eliminatoria adicional, cada tropiezo defensivo multiplica su coste.
El peso de las estadísticas y la advertencia de Kempes
Los números no acompañan a quien intente revalidar. Desde 1930, solo el 9,09% de los Mundiales han terminado con un campeón defensor del título. Cinco selecciones alcanzaron finales consecutivas (Países Bajos, Argentina, Francia, Italia y Brasil), pero lograr el doblete ha sido la excepción, no la regla.
Mario Kempes, campeón del mundo con Argentina en 1978, lo experimentó en primera persona cuatro años después, cuando la Albiceleste no superó la fase de grupos en España 82: "Los equipos te conocen mejor ahora, saben cómo juegas. Tienen que cambiar porque Argentina es una selección a la que todos quieren vencer", advirtió el exdelantero en declaraciones a ESPN.
Kempes también apuntó a la fatiga acumulada como factor determinante: "Los jugadores han tenido mucho más tiempo de juego, muchos minutos en las piernas. Algunos no están en su mejor momento. Eso lo ha dicho el propio Scaloni, no lo digo solo yo".
La preocupación tiene base estadística: los jugadores de esta plantilla, cuatro años mayores que en Qatar, cargan con calendarios de clubes cada vez más apretados. Incluso el propio Messi se unió a la concentración argentina tras sufrir fatiga muscular que lo obligó a abandonar el último partido del Inter Miami en el minuto 73. El mediocampista Nico Paz sigue entrenando al margen del grupo por una lesión en la rodilla izquierda.
La mentalidad como variable imponderable
Frente al peso de la evidencia estadística, los propios jugadores apelan a algo menos cuantificable pero igualmente real: la mentalidad de un grupo que sabe ganar. Nicolás Tagliafico, lateral izquierdo y testigo directo de la coronación en el Estadio Lusail, fue claro en el programa "Fuera de Juego" de ESPN: "Siento que cuando llega el momento decisivo, este equipo se vuelve extremadamente competitivo. Creo que esa es nuestra mayor fortaleza".
Y añadió algo que resume la psicología del grupo: "Si lo hicimos una vez, podemos hacerlo dos veces. Si lo hicimos dos veces, podemos hacerlo tres. Así que afrontamos esto con la mentalidad de trabajar incansablemente, con ese mismo espíritu competitivo que siempre nos caracteriza".
Ruggeri, que llegó a Italia 90 con lesionados y con un equipo lejos de su mejor nivel, trazó un paralelismo que los jugadores actuales conocen bien: "Al principio no estábamos en plena forma, pero nos recuperamos gradualmente a medida que avanzaba el Mundial. Una vez que has ganado, te queda ese sabor agridulce de la experiencia vivida. Viendo a este equipo, saben perfectamente lo que hacen".
Aquel equipo de 1990, con medios limitados y muchos detractores, llegó a la final en Roma. Perdió 1-0 ante Alemania Occidental, pero su recorrido quedó grabado en la memoria como un ejercicio de voluntad colectiva. La selección de Scaloni tiene más talento individual que aquella, pero también más expectativas y más focos apuntando a cada error.
Un desafío sin precedentes para Scaloni
Dirigir a Argentina en este Mundial es, quizás, la tarea técnica más compleja que Scaloni ha enfrentado en sus casi ocho años al frente de la selección. Debe gestionar el ocaso físico de Messi sin desperdiciar su liderazgo; debe reemplazar la influencia de Di María sin un equivalente natural; debe mantener unida una defensa que llega con piezas en el taller; y debe hacerlo contra rivales que han estudiado hasta el último movimiento de la Albiceleste.
Lo que está fuera de toda duda es que esta Argentina, cuando encuentra su ritmo, es un espectáculo: triángulos cortos, cambios de orientación rápidos, pressing coordinado y transiciones letales. Esa identidad de juego, construida pacientemente por Scaloni desde 2018, es el activo más valioso del equipo.
Si la defensa aguanta, si los lesionados se recuperan a tiempo y si la magia colectiva sobrevive a la presión de ser favoritos, Argentina tendrá una oportunidad real de escribir una página histórica. Si alguna de esas variables falla, la historia volverá a repetirse tal como lo dictan las estadísticas. Las próximas semanas en Estados Unidos, México y Canadá darán la respuesta.
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