FIFA World Cup 2026Publicado un mes atrás Lectura: 5 min

Argentina llegó a la final del Mundial 2026 con tres pilares: Messi, Cuti Romero y Lisandro Martínez

La Selección fue subcampeona en la Copa del Mundo 2026 tras una campaña respaldada por futbolistas que sostuvieron el nivel competitivo durante casi un mes de máxima exigencia.

Llegar a una final nunca es producto del azar. Argentina volvió a demostrar que pertenece a la élite del fútbol internacional y, aunque España se quedó con el título del Mundial 2026, el recorrido de la Scaloneta estuvo respaldado por futbolistas que sostuvieron el nivel competitivo durante casi un mes de máxima exigencia. Algunos fueron protagonistas de principio a fin; otros aparecieron cuando el equipo más los necesitó.

La campaña albiceleste dejó partidos de todo tipo: una fase de grupos que permitió tomar confianza, una trabajada clasificación frente a Cabo Verde en los dieciseisavos de final, un duro cruce con Egipto en octavos, una batalla táctica ante Suiza en cuartos, una semifinal tensa contra Inglaterra y una final en la que España impuso condiciones desde el juego. Cada instancia exigió respuestas diferentes y el plantel volvió a mostrar por qué lleva años instalado entre las mejores selecciones del mundo.

Lionel Scaloni resumió el sentimiento del grupo apenas terminó la final:

Estoy orgulloso de estos jugadores. Dieron absolutamente todo.Lionel Scaloni
Minutos después reconoció también el mérito del campeón: "Ellos fueron mejores". Sus palabras reflejaron la sensación de un equipo que volvió a competir hasta el último día y dejó rendimientos individuales muy altos, incluso en una derrota que dolió.

Messi, Cuti Romero y Lisandro Martínez, los tres pilares del subcampeón

Si hubiera que resumir el Mundial argentino en tres nombres, la elección sería clara. Lionel Messi volvió a ser el conductor futbolístico y emocional del equipo, mientras que Cristian "Cuti" Romero y Lisandro Martínez construyeron una sociedad defensiva que sostuvo a la Selección incluso en los momentos de mayor presión. Los tres mantuvieron un nivel alto desde el debut hasta la final.

Messi volvió a desafiar cualquier lógica. A los 39 años terminó el campeonato como goleador argentino con ocho tantos, generó asistencias decisivas y volvió a hacerse cargo del equipo cuando los partidos reclamaban personalidad. Cada rival preparó un plan específico para limitar su influencia y, aun así, el capitán encontró maneras de conducir a la Selección hasta otra final mundialista. Tras el partido decisivo, Scaloni volvió a respaldarlo:

Para mí sigue siendo el mejor jugador de todos los tiempos.Lionel Scaloni

Detrás del capitán apareció un Cristian Romero que completó, probablemente, el Mundial más sólido de su carrera con la camiseta argentina. El defensor fue el líder de la última línea, ganó la mayoría de los duelos individuales y transmitió autoridad frente a delanteros de primer nivel. Sus goles frente a Cabo Verde y ante Egipto fueron una muestra más de un campeonato en el que también aportó presencia ofensiva.

A su lado, Lisandro Martínez confirmó que forma, junto al Cuti, una de las mejores parejas centrales del fútbol internacional. El zurdo combinó firmeza defensiva, precisión para iniciar los ataques y una personalidad que apareció en cada partido importante. También convirtió frente a Cabo Verde y sostuvo un rendimiento parejo durante toda la Copa del Mundo, simbolizando junto a Romero una defensa que resistió cuando el desgaste físico empezaba a sentirse.

Los que respondieron cuando el equipo los necesitó

Detrás de ese tridente apareció un grupo de futbolistas con aportes muy importantes, aunque con recorridos diferentes. Ninguno sostuvo un nivel tan uniforme durante toda la competencia, pero todos encontraron momentos para convertirse en protagonistas.

Lautaro Martínez fue, probablemente, el mejor ejemplo. No comenzó todos los partidos como titular, pero respondió cada vez que Scaloni recurrió a él. Terminó el Mundial con tres goles y una asistencia para Enzo Fernández, cifras que reflejan su impacto cada vez que ingresó al campo. La única excepción fue la final, en la que no tuvo oportunidad de participar.

Enzo Fernández alternó actuaciones muy buenas con otras de menor influencia, aunque dejó una marca importante en el recorrido argentino. Sus goles frente a Egipto e Inglaterra fueron decisivos para que la Selección siguiera avanzando, y volvió a demostrar su capacidad para romper líneas llegando desde la segunda línea.

También merece reconocimiento Leandro Paredes. El mediocampista no fue titular indiscutido, pero cada vez que ingresó ofreció claridad para manejar los tiempos del juego. Su actuación frente a Inglaterra fue una de las mejores del campeonato, aunque en la final estuvo por debajo de ese nivel.

Tagliafico recuperó su lugar y el Dibu apareció en el momento justo

Nicolás Tagliafico atravesó un Mundial particular. El lateral comenzó condicionado por una lesión que le impidió tener continuidad desde el arranque del torneo, pero recuperó la titularidad con el correr de los partidos y ofreció la seguridad que tantas veces aportó en el ciclo Scaloni, incluyendo un buen control sobre Lamine Yamal.

El caso de Emiliano Martínez merece una lectura específica: su mejor versión apareció cuando la Copa del Mundo entró en las instancias decisivas. Frente a Inglaterra sostuvo a Argentina en momentos de enorme presión, y en la final evitó que España ampliara la diferencia con varias intervenciones de altísimo nivel. Scaloni siempre resaltó la tranquilidad que transmite el arquero: "Tenemos un arquero que transmite tranquilidad", comentó durante el campeonato.

Una base firme para el futuro

Las finales suelen resumirse en el resultado, aunque el camino hasta ellas explica mucho más que los noventa minutos decisivos. Argentina volvió a competir hasta el último partido gracias a un grupo consolidado, con futbolistas que sostuvieron el nivel frente a rivales de enorme jerarquía y otros que aparecieron en momentos puntuales para resolver situaciones complejas.

El subcampeonato dejó frustración, porque el objetivo era volver a levantar la Copa del Mundo. También dejó una certeza: Argentina sigue contando con una estructura competitiva capaz de pelear por los títulos más importantes y con una base de futbolistas que volvió a demostrar que puede mirar de frente a cualquier selección del planeta.

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