FutbolPublicado 3 meses atrás Lectura: 6 min

Argentina no tenía camisetas para el partido contra Inglaterra en el Mundial 1986 y debió comprarlas en Tepito

A horas del duelo de cuartos de final en México, el utilero logró conseguir en un mercado informal las prendas que le faltaban al equipo, que fueron confeccionadas artesanalmente con planchas la noche anterior al encuentro.

El 22 de junio de 1986, el Estadio Azteca de Ciudad de México fue el escenario de uno de los partidos más emblemáticos de la historia del fútbol mundial. Argentina enfrentó a Inglaterra en los cuartos de final del Mundial de México 1986, un duelo cargado de simbolismo político y emocional a cuatro años de la Guerra de Malvinas. Sin embargo, pocas horas antes de que Diego Armando Maradona firmara el "Gol del Siglo", la concentración argentina en el Club América vivía una crisis que tenía poco de épica y mucho de caos: el equipo no tenía camisetas para salir a jugar.

La obsesión de Bilardo con la indumentaria

Para entender el origen del problema, hay que comprender la mentalidad de Carlos Bilardo. El entrenador, conocido por su meticulosidad táctica y su atención obsesiva al detalle, había identificado desde el inicio del torneo un enemigo silencioso: el calor y la altitud de la capital mexicana. Jugar al mediodía en el Distrito Federal, a más de 2,200 metros sobre el nivel del mar, exigía soluciones que la indumentaria convencional de la época no ofrecía.

Él peleaba con Grondona porque las camisetas europeas eran más brillantes de nylon y se le pegaban al cuerpo a los jugadores. Él decía: "vamos a consumir más líquido, el jugador va a bajar más de peso". Y determinó que teníamos que hacer las camisetas caladas, perforadas.Rubén Moschella

Tras largas negociaciones con Le Coq Sportif, marca oficial del seleccionado en aquel entonces, lograron fabricar la camiseta celeste y blanca con una tela perforada y transpirable. Sin embargo, el stock de repuesto era limitado: cuatro juegos de la camiseta azul alternativa, y esos cuatro juegos no eran calados sino de una tela convencional, más pesada.

El detonante: Puebla y las camisetas intercambiadas

El problema explotó después del partido de octavos de final contra Uruguay, disputado en Puebla. Los jugadores, como es habitual, intercambiaron sus camisetas al finalizar el encuentro, y el utilero histórico de la selección, Tito Benros, se quedó prácticamente sin stock de la alternativa azul. Días después, en la reunión técnica previa al duelo contra Inglaterra, la FIFA determinó que Argentina debía vestir de azul. Al regresar a la concentración, la situación era alarmante: solo quedaban dos camisetas azules disponibles.

Bilardo, fiel a su estilo, no se paralizó ante la escasez: pidió unas tijeras y comenzó a perforar manualmente las dos prendas disponibles para hacerlas más livianas. El resultado fue desastroso. Moschella, hoy director del predio Lionel Andrés Messi de la AFA en Ezeiza, lo recuerda con una mezcla de humor e incredulidad.

La misión imposible: Tepito

Con los dirigentes negándose a intervenir y la marca sin stock ni en Buenos Aires, Moschella recibió una sola instrucción del cuerpo técnico: conseguir camisetas caladas azules como fuera. Subió a un automóvil facilitado por la FIFA y comenzó un periplo por la ciudad. Recorrió tiendas oficiales sin éxito y descartó con horror unas remeras de fútbol americano que no servían para el propósito. Fue el arquero Héctor Zelada quien le dio la pista definitiva: "Andate a Tepito".

Tepito, uno de los barrios más populares y complejos de Ciudad de México, conocido por su mercado informal de dimensiones descomunales, se convirtió en el lugar menos pensado para resolver una crisis mundialista. Moschella, escoltado por su chofer y sin saber muy bien en qué se metía, recorrió los puestos callejeros hasta que en el tercer local encontró lo que buscaba: dos pilas de veinte camisetas Le Coq Sportif azules guardadas detrás del mostrador. Un lote era de tela gruesa, similar a la que ya tenían. El otro, de esa tela brillante que tanto disgustaba a Bilardo.

La sentencia de Maradona

Al día siguiente, con el partido a menos de 24 horas, Moschella regresó al predio con el botín. Bilardo, al ver las camisetas brillantes, empezó a objetarlas. La tensión en el vestuario era máxima. Entonces apareció Diego Armando Maradona, en ojotas, con su paso pausado y su autoridad natural. Observó las camisetas y con cuatro palabras canceló cualquier debate: "Está linda, Carlos. Con esta ganamos".

Con esa sentencia, el problema de modelo quedó resuelto. Pero el verdadero trabajo apenas comenzaba: las camisetas compradas en Tepito eran completamente lisas, sin números ni escudo de la AFA.

El taller clandestino del Club América

La tarde y noche previas al partido se convirtieron en una operación textil artesanal sin precedentes. Se consiguieron números grises brillantes de los utilizados en el fútbol americano y se reclutó a las mucamas del Club América para pegarlos uno a uno con planchas domésticas. Para los escudos, se recortaron los emblemas de camisetas viejas de entrenamiento, sacrificando incluso el detalle de los laureles dorados.

A medianoche, con el equipo descansando y el mundo sin saber nada de lo que ocurría en aquella sala iluminada con tubos fluorescentes, Jorge Burruchaga observó la escena con una frase que resumía la magnitud del momento: que si Argentina salía campeona del mundo habiendo cosido sus propias camisetas la noche anterior, les tendrían que hacer un monumento. A las 12:30 de la noche, las 20 prendas artesanales fueron entregadas al utilero Tito Benros.

El partido, visto desde otro ángulo

Mientras Maradona inmortalizaba el fútbol con el "Gol del Siglo" y sus 11 rivales ingleses superados en 11 segundos de gambeta pura, Moschella vivía el partido con una angustia completamente diferente a la del resto del Azteca. Su preocupación no era el marcador, sino la integridad de las costuras.

Yo vi el gol, pero miraba otra cosa. Vi que Diego iba corriendo al córner, con el "10" en la espalda, y Burruchaga lo agarraba de la camiseta. Yo gritaba en la tribuna: "¡No se la rompan que no tenemos más!" Si se rompía, no teníamos repuesto para que siguiera jugando.Rubén Moschella

Argentina venció 2-1 a Inglaterra con los dos goles de Maradona, avanzó a semifinales y terminó coronándose campeona del mundo frente a Alemania Occidental el 29 de junio de 1986 en el mismo Azteca.

Del mercado de Tepito al remate millonario

Aquella camiseta azul, comprada en un puesto informal de Tepito por unos pocos pesos mexicanos y ensamblada con planchas prestadas y retazos de otras prendas, se convirtió décadas después en uno de los objetos deportivos más valiosos de la historia. La camiseta que Maradona vistió en ese partido, subastada en 2022 por la casa Sotheby's, alcanzó la cifra de $9,280,000 dólares, convirtiéndose en la prenda deportiva más cara jamás vendida hasta ese momento.

Rubén Moschella, hombre de perfil bajo que ha servido a la selección argentina durante décadas y que hoy administra el predio de Ezeiza que lleva el nombre del mejor jugador del mundo actual, jamás se quedó con una de aquellas camisetas. Fueron sus hijos quienes, años después, le regalaron una réplica exacta por su cumpleaños. Para él, verla equivale a revivir una historia que, como él mismo dice, parece imposible pero ocurrió exactamente así.

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