LaLiga EA SportsPublicado 2 semanas atrás Lectura: 3 min English

Atlético rechazó vender a Julián Álvarez al Barcelona y la novela parece cerrada por ahora

El delantero argentino quería marcharse pero el club colchonero solo escucharía ofertas del extranjero, un rechazo que dejó una herida con la hinchada.

Julián Álvarez quería vestirse de azulgrana este verano. Atlético de Madrid dijo que no. No fue un portazo cualquiera: el club colchonero directamente descartó reforzar a un rival directo en LaLiga y solo puso sobre la mesa la posibilidad de escuchar ofertas que llegaran desde fuera de España. Así, sin margen para el Barcelona, la novela del delantero argentino parece cerrada. Al menos por ahora.

El costo de esa negativa se paga puertas adentro. Julián dejó claro, en público, que su deseo era irse. Y puertas adentro, según trascendió, les reprochó a los directivos promesas que quedaron en el aire. Los hinchas del Atlético no tardaron en hacerle sentir su malestar en cuanto tuvieron la oportunidad. Del otro lado, los seguidores del Barcelona inundaron las redes con la consigna #FreeJulián, como si se tratara de una liberación pendiente.

Incómodo, sí. Pero no es la primera vez que el fútbol vive una escena así. Basta rebobinar casi cuatro décadas para encontrar un espejo casi calcado: Diego Maradona y su tormentosa despedida del Napoli.

La lección de Maradona en Nápoles

Corría noviembre de 1989. Un día después de que el Napoli venciera 2-1 al Wettingen para meterse en octavos de la Copa UEFA, Maradona se presentó al entrenamiento con el humor de quien no había jugado y no quería seguir ahí. No lo ocultó. Caminaba mirando el piso, con un polo verde, silbando, rodeado de periodistas, y soltó una frase que quedó para la historia: "Il mio capo e Ferlaino, quando lui vuole giocherò" (mi jefe es Ferlaino, cuando él quiera jugaré).

Mi jefe es Ferlaino, cuando él quiera jugaréDiego Maradona
Diego atravesaba el peor tramo de su relación con el presidente Corrado Ferlaino, quien le había prometido dejarlo salir del club si ganaban la Copa UEFA. Lo consiguieron en mayo de 1989. La promesa, sin embargo, no se cumplió.

Maradona terminó quedándose, casi a la fuerza. El Napoli volvió a salir campeón de la Serie A en 1990. Después llegaron el Mundial de Italia, una sanción de 15 meses por doping y, recién en 1992, con la FIFA de por medio, Ferlaino aceptó soltarlo para que continuara su carrera en el Sevilla, ya con Carlos Bilardo como entrenador.

¿Qué puede aprender Julián de todo esto?

La historia de Maradona deja una enseñanza incómoda: ganar títulos no alcanza para forzar una salida. Pasaron casi 40 años y la lógica del fútbol sigue siendo la misma: los contratos se cumplen, las palabras a veces no.

Julián Álvarez podrá cumplir su sueño de jugar en el Barcelona, tal vez en unos meses, tal vez en un par de años. Antes tendrá que volver a rendir al nivel de uno de los mejores delanteros del mundo, algo que ya sabe que no le garantiza nada: ni los goles ni los títulos le asegurarán la transferencia que reclama. Pero sí pueden ayudarlo a reconstruir el vínculo con una hinchada que, cuando finalmente llegue la despedida, lo recuerde con cariño y no con reproches.

La prioridad, ahora, pasa por otro lado: volver a disfrutar, volver a ser decisivo dentro de la cancha. El fútbol fue la salida de Maradona en su momento más tenso con Napoli, y también puede serlo para Julián con el Atlético. Ambas partes, jugador y club, deberían tener presente algo simple: esto también va a pasar.

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