Bélgica rescata un empate ante Egipto gracias a un gol en propia meta tras la entrada de Lukaku
El delantero del Nápoles entró en el minuto 66 e inspiró de inmediato el tanto del empate, firmado en propia meta por el defensor egipcio Mohamed Hany, en el debut de los Diablos Rojos en el Mundial.
Solo hicieron falta 23 segundos para que la entrada de Romelu Lukaku al terreno de juego transformara la esperanza en euforia. El estadio de Seattle, con 66.775 espectadores en las gradas, fue testigo de uno de los momentos más comentados de la jornada inaugural del Grupo G: el delantero del Nápoles pisó el césped como sustituto en la segunda parte y, prácticamente de inmediato, su presencia provocó el ataque que terminó en el tanto del empate. Bélgica y Egipto firmaron un 1-1 que dejó a ambas selecciones con sensaciones encontradas en su estreno mundialista.
El impacto inmediato de Lukaku
Lukaku, máximo goleador histórico de la selección belga, había tenido una primavera complicada. El ariete se retiró de los amistosos que los Diablos Rojos disputaron en Estados Unidos durante los meses previos al torneo para concentrarse en su recuperación de una lesión en el tendón de la corva. Las dudas sobre su estado físico sobrevolaban Seattle, pero el propio delantero se encargó de disiparlas en cuanto saltó al campo en el minuto 66.
Con paso decidido, Lukaku recorrió el centro del campo y se abalanzó sobre un centro procedente de la banda derecha con la intención de rematarlo. El defensor egipcio Mohamed Hany llegó antes, pero el impacto de la jugada fue el mismo: el balón entró en propia meta e igualó el marcador. La ovación del sector belga del estadio resonó como si el tanto lo hubiera marcado el propio Lukaku.
"Es un punto de referencia arriba", explicó el capitán belga Youri Tielemans. "Necesita ir recuperando la forma física, lo que es comprensible después de lo que ha estado fuera. Pero nos ayuda de esta manera."
Lukaku estuvo cerca de hacer aún más daño: en los últimos compases del partido cabeceó un balón que se fue muy por encima del travesaño, una ocasión que habría dado a Bélgica los tres puntos. Pese a no marcar directamente, su influencia fue determinante para evitar que los Diablos Rojos arrancaran el Mundial con derrota.
Egipto sorprendió con un primer tiempo sólido
El partido comenzó de la peor manera posible para Bélgica. En el minuto 19, el centrocampista Emam Ashour aprovechó un grave error defensivo belga para anotar su primer gol internacional, en lo que era su trigésima aparición con la camiseta de los Faraones. El tanto le dio a Egipto solo su segunda ventaja en la historia de los Mundiales, un dato que ilustra lo inusual del momento.
Los egipcios, que disputan su cuarto Mundial, siguen sin conocer la victoria en la fase final de un torneo de estas características, pero durante los primeros 45 minutos mostraron una cara enormemente combativa. Fueron más agresivos, más directos y e inteligentes en la presión, y llegaron al descanso con ventaja en el marcador pese al dominio del balón belga.
"El partido demuestra que estuvimos más cerca de ganar", afirmó el seleccionador egipcio Hossam Hassan en árabe tras el encuentro, una valoración que los números respaldaban parcialmente.
Los Diablos Rojos, demasiado estáticos
La posesión fue favorable a Bélgica durante prácticamente todo el partido, pero la eficacia brilló por su ausencia. El entrenador belga Rudi Garcia reconoció que solo el 20% de sus remates fueron entre los tres palos, lo que, en su opinión, hacía justo el marcador final de cara al gol conseguido. Sin embargo, no escondió su insatisfacción con el ritmo inicial del equipo.
"No estábamos en el ritmo adecuado", dijo Garcia en francés. "Técnicamente, dejamos mucho que desear."
El centrocampista Kevin De Bruyne fue el jugador más activo de Bélgica en la búsqueda del gol, pero la fortuna no le sonrió. En el minuto 7 envió un disparo al lado izquierdo del marco, y en el minuto 53 golpeó el poste izquierdo con un potente remate. Pese a ser el más insistente, acabó sin recompensa en el marcador.
El extremo Jérémy Doku, de tan solo 24 años, fue el elemento más desequilibrante de los Diablos Rojos en la primera parte e intentó mantener vivo el juego ofensivo belga, pero no fue suficiente para perforar la ordenada defensa egipcia antes del descanso.
Tielemans resumió con crudeza el problema del equipo: "Nuestro mayor desafío fuimos nosotros mismos. Perdimos demasiados balones, no fuimos lo suficientemente rápidos en las transiciones, y cuando tuvimos el balón no encontramos las soluciones. Éramos demasiado estáticos, especialmente en la primera parte. En la segunda creamos algunas ocasiones y podríamos haber ganado, pero ellos también tuvieron las suyas."
El peso de los veteranos en la selección belga
El partido ante Egipto puso de relieve la enorme dependencia que sigue teniendo Bélgica de su generación dorada. De Bruyne, Lukaku y el portero Thibault Courtois son los tres pilares del equipo, y los tres coinciden en disputar su cuarto Mundial consecutivo. Una cifra extraordinaria que también habla de la falta de relevo generacional en ciertas posiciones clave.
Esta realidad conecta directamente con el fracaso de Qatar 2022, cuando Bélgica, considerada una de las favoritas al título, cayó eliminada en la fase de grupos sin poder superar a Marruecos, Croacia y Canadá. Aquel golpe fue un aviso serio de que la llamada "generación de oro" belga estaba llegando a su fin sin haber conquistado ningún título mayor.
En este Mundial, los Diablos Rojos vuelven a partir como favoritos para ganar el Grupo G, que completan Nueva Zelanda e Irán. Sin embargo, el rendimiento mostrado ante Egipto fue una advertencia de que el camino no será sencillo.
Contexto histórico: Bélgica y sus cuentas pendientes
Bélgica llegó a la semifinal del Mundial de Rusia 2018, donde cayó ante Francia (0-1), y conquistó el tercer puesto al vencer a Inglaterra (2-0). Fue el mejor resultado de su historia. Sin embargo, la generación que protagonizó aquel hito no ha podido revalidar ese nivel en los torneos siguientes.
Con De Bruyne, Lukaku y Courtois como referencias absolutas, Garcia tiene la difícil misión de construir un equipo que funcione como colectivo y no solo dependa de individualidades. El empate ante Egipto mostró que, cuando esos referentes no aparecen durante los primeros 65 minutos, el equipo carece de recursos alternativos para doblegar a rivales de nivel medio.
La historia de Lukaku con Bélgica es, en sí misma, un capítulo aparte. Con más de 70 goles internacionales, es el máximo anotador de su país por un amplio margen, y su figura sigue siendo imprescindible aun cuando llega condicionado físicamente. Que su mera presencia, sin marcar directamente, sea capaz de desestabilizar a una defensa rival dice mucho del respeto que genera.
Egipto, con la mirada puesta en los puntos restantes
Para los Faraones, el empate sabe a poco después de haber controlado el partido durante gran parte del tiempo. Hassan, que conoce a la perfección la selección egipcia tras haberla dirigido y jugado con ella en distintas etapas, fue claro en su lectura: su equipo mereció más.
Egipto, que no participaba en un Mundial desde Italia 1990, regresó al máximo escenario del fútbol sin haber ganado jamás un partido en la competición. Ashour, con su gol ante Bélgica, al menos le dio al equipo la posibilidad de soñar con hacer historia antes de que Lukaku y Hany lo devolvieran a la realidad del empate.
El combinado africano deberá recomponerse para afrontar los siguientes partidos del Grupo G con opciones reales de clasificación. Ante Nueva Zelanda e Irán, los Faraones tendrán que confirmar que lo mostrado en Seattle no fue un espejismo.
Próximos pasos en el Grupo G
Tras el empate inaugural, Garcia fue contundente respecto al siguiente desafío de su equipo. "Tenemos que ganar contra Irán", declaró el técnico francés. "No hay otra opción."
El partido ante Irán, programado para el domingo, se convierte así en un encuentro casi obligatorio de victoria para los Diablos Rojos si quieren mantenerse en la senda de la clasificación a la siguiente fase. Una derrota o un nuevo empate complicaría seriamente sus aspiraciones en un grupo que Garcia considera dominado por Bélgica y Egipto, con Nueva Zelanda e Irán como rivales más accesibles sobre el papel.
Lo que el debut en Seattle dejó claro es que Bélgica, con Lukaku disponible aunque lejos de su mejor forma física, sigue siendo un equipo capaz de reaccionar y e imponerse. Pero también que, sin el nivel de sus estrellas, los engranajes del colectivo no funcionan con la fluidez que exige un Mundial. Para un equipo que lleva años persiguiendo el sueño de un gran título, el margen de error es cada vez más estrecho.
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