Liga Profesional de ArgentinaPublicado 17 horas atrás Lectura: 3 min English

Boca perdió identidad antes que el partido: cayó 1-0 ante Vasco da Gama por la Sudamericana

Sin Paredes y con el mediocampo desdibujado, el equipo de Arruabarrena ahora necesita ganar por dos goles en la revancha para meterse en la final.

Una cosa es perder un partido y otra muy distinta es perder la identidad. A Boca le pasó lo segundo en La Bombonera, donde cayó 1-0 ante Vasco da Gama en la ida de las semifinales de la Copa Sudamericana 2026. El resultado duele, pero lo que de verdad preocupa es cómo se llegó a él: con un equipo apurado, impreciso y sin el control de pelota que había sido su sello en este segundo ciclo de Rodolfo Arruabarrena al mando.

Durante el primer tiempo, Boca pareció pensar más en el resultado que en cómo construirlo. Esa urgencia se tradujo en imprecisiones constantes, dificultades para progresar con la pelota y una primera etapa donde el equipo nunca impuso condiciones. Lo llamativo es que justamente la circulación y la movilidad habían sido las virtudes que sostenían la propuesta del técnico hasta este partido. Contra el Vasco, casi no aparecieron: el Xeneize perdió el mediocampo y terminó dependiendo de jugadas aisladas para acercarse al arco rival.

Las bajas que cambiaron el mapa

Hay un nombre que explica buena parte del problema: Leandro Paredes. La lesión del capitán no solo fue un golpe anímico, también dejó al descubierto cuánto depende el equipo de su principal referencia para organizar la salida y darle claridad a la circulación. A esa ausencia se sumaron las de Alan Velasco y Tomás Belmonte, que achicaron todavía más las alternativas de Arruabarrena para armar el mediocampo.

El técnico tendrá que decidir qué variantes le devuelven el control de la pelota, y evaluar si Paredes llega en condiciones para la revancha, algo que dependerá pura y exclusivamente de su evolución física. Pero el verdadero desafío no pasa solo por recuperar a un titular: pasa por encontrar una estructura que resista aunque falte una pieza clave.

El equilibrio que falta encontrar

Vasco supo manejar la pelota y explotar las bandas cada vez que superó la primera presión, y ahí nació buena parte de su ventaja. Para la revancha, Boca necesitará ajustar la presión sobre el poseedor, cerrar los espacios interiores y coordinar mejor las coberturas para no quedar expuesto en los mano a mano. Sumar gente de ataque puede ser tentador para ir a buscar el resultado, pero no puede significar dejar los costados desprotegidos ni abrir distancias enormes entre líneas.

Hubo, eso sí, una reacción en el complemento, con Vasco jugando en inferioridad numérica: Boca se instaló en campo rival y generó situaciones, aunque la falta de eficacia le impidió llegar al empate. Esa frustración ahora tiene que convertirse en respuesta futbolística, con más precisión en los últimos metros y mejores decisiones sobre cuándo acelerar y cuándo guardar la pelota.

El margen es estrechísimo: Boca necesita ganar por dos goles para meterse directo en la final, porque una victoria por uno solo llevará todo a los penales. Eso obliga a Arruabarrena a preparar un partido donde la búsqueda ofensiva conviva con el orden durante los 90 minutos, sin que la necesidad de marcar vuelva a desordenar al equipo.

Para el entrenador, además, esta serie tiene ecos del pasado. En 2014 quedó eliminado ante River en semifinales de la Sudamericana, y en 2015 volvió a caer frente al Millonario, esta vez en octavos de la Libertadores. Ahora tiene la chance de demostrar que aprendió de aquellas noches. Boca todavía puede meterse en la final, pero necesita mostrar una versión bien distinta de la que se vio en La Bombonera, con ideas claras incluso en un partido que lo obligará a arriesgar.

Comentarios 0

Con tu cuenta de Google, Facebook o Apple.