FIFA World Cup 2026Publicado 3 meses atrás Lectura: 6 min

Colombia y el Mundial 2026: cómo Néstor Lorenzo reconstruyó una selección rota

Del 6-1 ante Ecuador y siete partidos sin marcar a la clasificación al Mundial 2026: el proceso que devolvió la identidad y la confianza a una selección colombiana que lo había perdido todo.

Ver a Colombia fuera de Qatar 2022 no fue solo una ausencia en un torneo. Fue la confirmación de que la Selección había perdido su manera de competir, de relacionarse con el juego y de reconocerse a sí misma en la cancha. El equipo que durante la era de José Pékerman había vuelto a los Mundiales, se sostenido en la élite sudamericana y construido una idea reconocible, quedó atrapado en una zona de dudas, cambios de rumbo y señales contradictorias. Esa travesía por el desierto terminó condenando a Colombia a reabrir una herida lejana y que parecía olvidada: ver la Copa del Mundo por televisión.

El legado de Pékerman: identidad, familia y mentalidad ganadora

Para entender el proceso de Néstor Lorenzo hay que entender primero lo que se destruyó. Pékerman había construido mucho más que un equipo ordenado dentro de la cancha. La selección colombiana de aquel ciclo se hizo fuerte alrededor de la pelota, de la asociación entre sus futbolistas de mejor pie, de la velocidad por bandas y de una estructura que también cuidaba el entorno humano del grupo.

"La Selección se convirtió en un equipo de élite, con mucha privacidad. Era una familia hacia adentro."Sarah Castro, periodista de ESPN

Carlos Valdés, mundialista en Brasil 2014, agrega otra dimensión que completa esa idea. Para él, la conexión con la afición tuvo una raíz emocional antes que táctica: Colombia era un equipo que transmitía deseo. "La principal identidad fue mostrar deseo y ambición de triunfo", recuerda el defensor. Después vinieron los automatismos y la evolución técnico-táctica, pero primero hubo un plantel que convenció porque quería ganar. Pékerman también entendió que en selección no alcanzaba con confiar en el talento natural del futbolista colombiano. Había que profesionalizar cada detalle, perfilar mejor las convocatorias y encontrar jugadores con calidad, sí, pero también con personalidad.

La ruptura: del extravío al golpe de Qatar

La salida de Pékerman en 2018 abrió un período en el que Colombia dejó de tener una referencia clara. Los síntomas se acumularon con rapidez. El 6-1 ante Ecuador en Quito, en noviembre de 2020, fue una exposición brutal del desorden interno, pero no fue el único. En el camino al Mundial de Qatar, la Selección terminó sexta en la Eliminatoria Sudamericana con apenas 23 puntos y quedó eliminada.

El dato más elocuente de esa caída estuvo en el ataque: siete partidos consecutivos sin marcar, 556 minutos en blanco entre octubre de 2021 y febrero de 2022. Esa sequía reflejó un problema más profundo: un equipo que había perdido agresividad, confianza y claridad. El ídolo y exportero Óscar Córdoba lo resume sin rodeos, señalando a los dos entrenadores que sucedieron a Pékerman: Carlos Queiroz no entendió la filosofía ni la identidad de fútbol colombiana, mientras que Reinaldo Rueda fue demasiado conservador, pensando más en defender que en atacar. Entre una cosa y la otra, Colombia se fue quedando sin convicción. Sin juego, pero sobre todo sin creencia.

Lorenzo: reconstruir desde la confianza

Ahí es donde aparece Néstor Lorenzo. Su mayor virtud fue reconocer qué parte del camino anterior todavía servía. Lo primero que hizo no fue imponer un sistema, sino reconectar con los jugadores: devolverles la confianza y la capacidad de decidir en el campo. También ayudó el hecho de que ya era una figura conocida y respetada por muchos futbolistas de la etapa anterior. No llegaba con la hoja de vida de Pékerman, pero sí con su conocimiento del grupo y de la cultura interna de la selección.

"Se apoya en jugadores de experiencia y va renovando con el tiempo. No es un cambio brusco."Óscar Córdoba

Valdés lo lleva a lo esencial con una frase que sintetiza el ciclo entero: "Cuando el jugador colombiano cree, compite distinto". Esa creencia fue el primer material de construcción de Lorenzo, mucho antes que cualquier esquema táctico.

La nueva Colombia: resultados, figuras y funcionamiento

En la cancha, esa recuperación se tradujo en una selección más compacta, con mejores distancias entre líneas, una ocupación de espacios más clara y mayor decisión para presionar alto y acelerar en transición. El equipo recuperó rasgos propios: más velocidad, presión organizada y una estructura diseñada para potenciar a sus figuras más desequilibrantes.

Dos nombres son determinantes en este ciclo:

  • Luis Díaz terminó la Eliminatoria como segundo máximo goleador con 7 tantos, consolidándose como el jugador más peligroso y desequilibrante del equipo.
  • James Rodríguez recuperó centralidad como organizador y cerró como máximo asistidor con 7 pases de gol, siendo el eje del sistema ofensivo y el cerebro que dicta los tiempos de juego.

Los resultados respaldan el proceso con cifras concretas:

  1. Tercer lugar en la Eliminatoria Sudamericana con 28 puntos.
  2. Clasificación directa al Mundial 2026.
  3. Subcampeonato de la Copa América 2024, el mejor resultado del país en el torneo continental en décadas.

Colombia volvió a competir con regularidad. Volvió a ser un equipo serio.

Las dudas: lo que todavía falta por resolver

Si el proceso de Lorenzo quiere aspirar a algo más que clasificar, todavía tiene asuntos pendientes y urgentes. La dependencia de James Rodríguez es el principal factor de vulnerabilidad: cuando el volante no está o el partido exige otra cosa, el equipo pierde claridad y cuesta encontrar variantes en la creación. Además, el cuerpo técnico carece de la experiencia acumulada que tenía Pékerman para gestionar los momentos críticos de un torneo grande.

Valdés baja esas dudas al plano concreto del campo: falta consolidar la zaga central, no hay un lateral izquierdo fijo que sea indiscutible y existe irregularidad en el mediocampo cuando el equipo no tiene la pelota. Los amistosos ante Croacia y Francia desnudaron falencias graves que Lorenzo deberá corregir en un plazo muy corto antes de que arranque el torneo.

Colombia ya volvió a ser un equipo reconocible. Pero todavía no ha demostrado que puede reinventarse en un partido de alta exigencia, que puede resolver con otro registro cuando el plan A no funciona. Ese gran salto cualitativo está pendiente.

¿Hasta dónde puede llegar Colombia en el Mundial 2026?

Aun así, después del golpe de Qatar, el equipo parece encaminado de nuevo al lugar en el que lo dejó la generación de 2014. Lorenzo recogió una selección herida y la devolvió al mapa. Retomó bases que habían funcionado, restauró la confianza colectiva y armó un grupo que mezcla la jerarquía de los veteranos con el impulso de una camada más joven y hambrienta.

La pregunta que Colombia lleva al Mundial 2026 no es si puede competir, sino hasta dónde puede llegar. ¿Puede superar los cuartos de final, el techo histórico de la selección? Óscar Córdoba responde con la naturalidad de quien conoce el talento disponible: "¿Y por qué no? Hay jugadores para hacerlo". El Mundial será el juez que dictará sentencia sobre si Colombia es un aspirante real o simplemente un animador con potencial sin explotar.

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