Deco logra un mercado movido con Rodri como gran fichaje y recauda 117 millones en ventas
El Barcelona refuerza el ataque con Gordon, Adeyemi y Gabriel Jesús, mientras que la defensa queda como la asignatura pendiente de un verano intenso de cambios.
Julián Álvarez se quedó en el camino, sí. Pero eso no significa que el Barcelona haya pasado de puntillas por este mercado de fichajes. Todo lo contrario: entre entradas discretas y alguna que otra sorpresa de última hora, Deco firmó uno de los veranos más movidos que se recuerdan en las últimas temporadas, con seis caras nuevas y una limpieza de plantilla que deja las cuentas mucho más sanas.
El nombre propio es, sin discusión, el de Rodri. Todo apuntaba a que el mejor jugador del Mundial 2026 terminaría vistiendo de blanco, con el Real Madrid de José Mourinho ya casi dando el fichaje por hecho. Pero Deco se metió en medio de la negociación y acabó convenciendo a Rodrigo Hernández de que Barcelona era el destino correcto. En el club reconocen que no era un movimiento planificado, sino una oportunidad que apareció en el mercado y que no se podía dejar pasar. El resultado: un fichaje que además de doler en el eterno rival, le da a Flick justo lo que llevaba tiempo pidiendo, un líder con jerarquía en el medio del campo. Pagar 69.5 millones de dólares por un futbolista de ese calibre, recién salido de ganar el Mundial, es de esas operaciones que se firman sin pensarlo dos veces.
La delantera también cambió de cara casi por completo. Con las salidas de Robert Lewandowski rumbo a la MLS, la venta de Ferran Torres al PSG y el adiós de Marcus Rashford tras no ejecutarse su cláusula de compra, el ataque necesitaba una reconstrucción urgente. Julián Álvarez era el objetivo declarado, pero el Atlético de Madrid se plantó y no hubo manera. Ahí aparecieron Anthony Gordon (81 millones de dólares) y Karim Adeyemi (25.5 millones), dos fichajes que encajan como un guante en la idea de Flick: jugadores que rotan de posición, que corren y que presionan apenas pierden el balón. Gordon, de hecho, se adaptó desde el primer entrenamiento. Y cuando parecía que Raphinha iba a tener que hacer de delantero centro toda la temporada, Deco sacó de la manga a Gabriel Jesús (11.5 millones), presentado el último día de mercado.
La defensa, la gran asignatura pendiente
Si hay un capítulo que deja dudas es el defensivo. El equipo notó demasiado la baja de Íñigo Martínez la temporada pasada, y esa fragilidad atrás seguía sin resolverse. El Barcelona sondeó a Alessandro Bastoni al inicio del mercado y luego puso el foco en Ruud Nijstad, del Twente, pensando más en el futuro que en el presente inmediato. Las pretensiones económicas del club holandés terminaron por tumbar esa opción. Al final, el único refuerzo llegó por la banda: João Cancelo, que se marchó gratis del Al Hilal tras rescindir contrato, después de convencer a Flick con su rendimiento en la cesión anterior. Con eso, Pau Cubarsí, apenas con 19 años, queda como el líder indiscutible de la zaga.
Bajo palos también hubo movimiento, aunque menor: Dominik Livakovic llegó por apenas 2.3 millones de dólares, pensado en un principio para la próxima temporada, cuando termine el contrato de Wojciech Szczesny, pero finalmente se queda ya desde ahora como respaldo de Joan García.
Un mercado que también dejó caja
Lo llamativo de este verano no fue solo lo que entró, sino lo que salió. Deco logró recaudar unos 117 millones de dólares, una cifra que no se veía en el club hacía tiempo. La venta más importante fue la de Ferran Torres al PSG por 56.2 millones de dólares, pero también ayudaron los traspasos de varios nombres de la Masía: Tommy Marques, Ansu Fati, Héctor Fort, Jan Virgili, Jofre Torrents, Iñaki Peña, Álvaro Cortés, Toni Fernández y Guille Fernández, todos con porcentajes distintos de sus derechos económicos.
Marc Casadó, apartado por Flick desde el arranque de curso, rechazó ofertas de Arabia Saudita y de Europa y terminó cedido en el Deportivo de la Coruña, sin opción de compra. Ronald Araújo y Marc-André ter Stegen también salieron cedidos, sin generar ingresos pero sí liberando masa salarial, algo clave para el fair-play financiero.
En total, contando solo los importes fijos, el gasto del Barcelona rondó los 190 millones de dólares, con variables incluidas en casi todas las operaciones. Sumado a los ingresos, el balance deja un club más liviano en lo económico y, sobre el papel, más competitivo en el campo. Queda por verse si la falta de un central de peso pasa factura en los meses que vienen.
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