FIFA World Cup 2026Publicado 3 meses atrás Lectura: 6 min

Deniz Undav, el goleador yazidí y kurdo que lleva a dos pueblos sin bandera al corazón del Mundial 2026

El delantero del Stuttgart, hijo de refugiados yazidíes, se ha convertido en uno de los grandes protagonistas del torneo con tres goles y dos asistencias, transformando su éxito deportivo en un símbolo de dignidad para comunidades históricamente perseguidas.

En el Mundial 2026 hay figuras consagradas: Lionel Messi por Argentina, Kylian Mbappé por Francia, Vinicius Jr. por Brasil. Y luego está Deniz Undav, el delantero alemán de 29 años que entró como suplente y terminó sacudiendo el torneo con tres goles y dos asistencias, cifras que lo colocan apenas por detrás de esas estrellas en el liderato de la tabla de goleadores. Pero los números no cuentan la historia completa. Undav es hijo de refugiados yazidíes y se identifica como kurdo yazidí, y su presencia en el escaparate más grande del fútbol mundial está siendo celebrada con una intensidad que va mucho más allá del marcador.

Quiénes son los yazidíes y los kurdos: pueblos sin selección propia

Los kurdos conforman uno de los grupos étnicos sin Estado más numerosos del planeta, con aproximadamente 30,000,000 de personas repartidas como minorías en Turquía, Irak, Irán y Siria. Los yazidíes, por su parte, son una minoría religiosa de habla kurda concentrada principalmente en esos mismos países. Ninguno de estos dos grupos tiene una selección nacional reconocida por la FIFA, lo que hace que figuras como Undav sean su única ventana al mayor torneo del mundo.

En Alemania residen actualmente unos 235,000 yazidíes, según Irfan Ortac, presidente del Consejo Central de Yazidíes en Alemania. Una gran parte llegó tras la brutal ofensiva del grupo Estado Islámico en 2014 contra la región iraquí de Sinjar, donde miles de yazidíes fueron asesinados o secuestrados por ser considerados herejes. Esa tragedia marcó a fuego la identidad de la diáspora y convirtió al pueblo yazidí en sinónimo, ante el mundo, de víctima.

Hasta ahora, hemos sido conocidos principalmente como víctimas de la violencia. Siempre que hablábamos de los yazidíes, teníamos que hablar de genocidio, discriminación y desplazamiento. Nos hace muy orgullosos y felices poder hablar de algo positivo.Irfan Ortac, presidente del Consejo Central de Yazidíes en Alemania

Un gol, una danza, un mensaje

El partido ante Curazao, disputado el 14 de junio de 2026 en Houston, quedará en la memoria colectiva yazidí. Cuando Undav marcó uno de los tantos de la goleada alemana, rompió a bailar un jig de inspiración yazidí con las manos entrelazadas a la espalda. A su lado se unió Antonio Rüdiger, el central alemán que también ha sufrido abusos racistas e islamófobos a lo largo de su carrera, en una imagen que Düzen Tekkal, documentalista y escritora alemana de herencia kurda yazidí, definió como "uno de los momentos más destacados, independientemente de cómo acabe este Mundial".

Tekkal, cofundadora de la organización sin fines de lucro Scoring Girls, que ofrece clases gratuitas de fútbol a niñas de entornos diversos, describe el baile como un acto político y cultural cargado de significado: "Bailar es para nosotros una forma de expresar resistencia. Bailamos sobre las tumbas de nuestros muertos. Nuestro lema es que la resistencia es vida. Él está bailando allí por sus antepasados que fueron oprimidos".

La misma Tekkal apunta a algo más profundo cuando se pregunta por qué Undav rinde bajo presión: "La gente se pregunta cómo puede jugar con tanta ligereza y libertad, cómo aguanta tanta presión. Porque no conoce otra cosa. Ese es el ADN, esa es la resiliencia. Por eso marca esos goles: ¿qué es esa presión comparada con ser kurdo o yazidí?"

Desde Siria hasta Irak: una comunidad unida frente a la pantalla

En el pequeño pueblo de Khirbet al-Ghazal, en el noreste de Siria, un grupo de yazidíes se reunió en la casa del líder comunitario Ismail Dalaf para ver el partido de Alemania contra Ecuador. Muchos de los vecinos son parientes de la madre de Undav, oriunda de una aldea cercana que quedó desierta tras la guerra civil siria iniciada en 2011. Para ellos, el delantero del Stuttgart ya no es solo un futbolista.

"Cuando la gente ve a un yazidí entrar al campo, marcar goles y cambiar el resultado de los partidos, cambia la percepción pública", señaló Dalaf. "Le dice al mundo que los yazidíes tienen un papel en él".

En Irak, sede del templo sagrado de Lalish, el corazón espiritual del pueblo yazidí y la mayor concentración de esta comunidad en el mundo, el portavoz del templo, Luqman Sleiman, expresó su emoción: "Me alegra mucho ver a un yazidí llevar nuestro nombre al Mundial y jugar ante todo el mundo". Y Diyar Bakir, un joven yazidí de 29 años originario de Sinjar, resumió el sentimiento con una frase que condensa décadas de historia: "Surgió de las entrañas del sufrimiento, y le deseamos todo el éxito".

El precio del éxito: insultos y hostilidad online

El camino de Undav no ha estado exento de sombras. Cuando su club, el VfB Stuttgart, visitó al Fenerbahce en Turquía el año pasado, medios alemanes reportaron cánticos ofensivos dirigidos contra él en referencia a su madre. Dos grupos kurdos antidiscriminación denunciaron que los insultos en redes sociales formaban parte de una campaña creciente de "hostilidad racista y motivada étnicamente". Además, la decisión de Undav de representar a Alemania, y no a Turquía como otros jugadores nacidos en suelo alemán han hecho en el pasado, generó rechazo en sectores de la afición turca en internet.

Sin embargo, ese ruido contrasta hoy con la oleada de apoyo que recibe desde Berlín hasta Bagdad. Mahmoud Kanabi, un kurdo de Irbil que emigró a Berlín en 2020 y trabaja en un restaurante kurdo, lo explicó con sencillez: "Lamentablemente, nosotros los kurdos no tenemos equipo porque no tenemos país. Cuando un jugador kurdo está en un equipo, tenemos que ser fans de ese equipo. No importa cuál sea".

Siempre recibo noticias de mis padres sobre cómo me ven, cómo me perciben, y me hace sentir orgulloso de que finalmente tengamos a alguien.Deniz Undav

El "efecto Undav" y lo que significa para la diáspora

Tekkal acuña el término "efecto Undav" para describir algo que va más allá del fútbol: niños y jóvenes de herencia yazidí y kurda que, por primera vez, pueden señalar a alguien en el escenario más grande del planeta y decir "es uno de los nuestros". En un momento político europeo en el que la migración se trata frecuentemente como un problema, ese símbolo cobra una dimensión adicional.

Con tres goles anotados, dos asistencias repartidas y una danza grabada en millones de pantallas, Deniz Undav lleva al Mundial 2026 no solo los colores de Alemania, sino la historia entera de dos comunidades que llevan décadas esperando que el mundo las mire de otra manera.

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