EE.UU. defiende la expulsión inmediata de Irán tras su empate en la Copa Mundial: "Siempre fue el plan"
El gobierno estadounidense rechaza las quejas del seleccionado iraní, que fue obligado a abandonar el país pocas horas después de su empate 2-2 ante Nueva Zelanda, en un ambiente marcado por tensiones diplomáticas sin precedentes en la historia del torneo.
La selección de fútbol de Irán no pudo dormir en suelo estadounidense tras su debut en la Copa Mundial. Horas después del empate 2-2 ante Nueva Zelanda en el arranque del torneo, el equipo persa fue obligado a abandonar el país y regresar a su base de entrenamiento en México, sin que se le concediera el día de recuperación que el cuerpo técnico esperaba. La Casa Blanca salió rápidamente al paso de las protestas iraníes y defendió el protocolo aplicado como algo acordado desde un principio.
"Fuimos muy claros sobre cuál era el proceso", declaró Andrew Giuliani, director ejecutivo del Grupo de Trabajo FIFA de la Casa Blanca. Giuliani subrayó que las condiciones impuestas al equipo iraní no constituían ninguna improvisación ni represalia, sino un marco de entrada y salida previamente definido y comunicado a la delegación.
Un protocolo de entrada y salida sin margen de maniobra
Según explicó el propio Giuliani en una entrevista emitida por CBS News, las normas para Irán son estrictas e inalterables: el equipo puede ingresar al territorio estadounidense el día previo a cada partido y debe abandonarlo la misma tarde o noche en que concluye el encuentro. Esta fórmula se aplicará de forma idéntica en las próximas sedes iraníes del torneo, incluidas Los Ángeles y Seattle.
"El equipo podrá ingresar el día anterior al partido. Deberán marcharse el mismo día en que termine el partido, esa noche. Y así sucederá de nuevo en Los Ángeles y en Seattle", precisó Giuliani, sin dejar espacio a ninguna ambigüedad.
El técnico iraní, Amir Ghalenoei, había relatado tras el partido del lunes que la orden de partir llegó apenas unas pocas horas después del pitido final, cuando el plantel esperaba quedarse en California para completar el proceso habitual de recuperación física tras un encuentro de alta exigencia. Para Ghalenoei, esa expectativa era razonable y se ajustaba a los estándares de cualquier competición profesional de alto nivel.
Cinco horas de viaje entre Tijuana y Los Ángeles
El capitán iraní, Mehdi Taremi, uno de los delanteros más reconocidos del fútbol europeo por su paso por el Oporto y el Inter de Milán, describió con detalle las dificultades logísticas que vivió el grupo. El trayecto desde Tijuana, ciudad fronteriza donde el equipo tiene su base mexicana, hasta la zona de Los Ángeles, un recorrido que en condiciones normales duraría menos de una hora, se prolongó hasta cinco horas debido a los controles de seguridad y los trámites migratorios a los que fueron sometidos.
"Creo que la FIFA tiene que ayudarnos más", declaró Taremi, apuntando directamente al organismo rector del fútbol mundial como responsable de facilitar las condiciones deportivas mínimas para todas las selecciones participantes.
A las dificultades de desplazamiento se sumó otro problema de carácter individual: el extremo Mehdi Torabi vio expirar su visado de entrada justo al concluir el primer partido. Los responsables de la delegación iraní confirmaron que estaban trabajando para obtener un nuevo documento que le permita acompañar al equipo en los siguientes compromisos del grupo.
Personal de apoyo bloqueado en la frontera y el veto a la Guardia Revolucionaria
Giuliani reconoció también que una parte del personal auxiliar y de los dirigentes de la federación iraní fue rechazada en la frontera y no pudo ingresar al país. Sin entrar en detalles concretos sobre los casos individuales, el funcionario de la Casa Blanca remitió a las declaraciones previas del secretario de Estado, Marco Rubio, quien había sido inequívoco al respecto.
"El secretario Rubio dijo con mucha claridad: cualquier persona con vínculos directos con la Guardia Revolucionaria Islámica no va a entrar en los Estados Unidos de América, y no van a permitir que la Copa Mundial sea el motivo para que puedan hacerlo", citó Giuliani. "Creo que queda muy claro el porqué."
La Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (IRGC, por sus siglas en inglés) está designada como organización terrorista por el gobierno de los Estados Unidos, lo que convierte en automáticamente inelegibles para el visado a quienes mantengan vínculos directos con ella, independientemente del contexto deportivo.
Un ciclo mundialista marcado por la guerra y la diplomacia
El periplo de la selección iraní hacia esta Copa del Mundo ha estado plagado de turbulencias desde su misma génesis. El contexto geopolítico se deterioró de manera drástica cuando, el 28 de febrero, Estados Unidos e Israel iniciaron operaciones militares contra Irán, sumiendo al país persa en un conflicto armado de alcance incierto. A pesar de ello, la federación iraní optó por mantener su participación en el torneo.
Antes del inicio de la competición, Irán solicitó formalmente a la FIFA que sus tres partidos de la fase de grupos fueran trasladados fuera del territorio estadounidense, argumentando razones de seguridad e igualdad de condiciones. El organismo rechazó la petición, obligando al equipo a competir bajo las restricciones diplomáticas vigentes y a asumir unas condiciones de preparación muy alejadas de las del resto de selecciones.
El resultado del debut, un empate 2-2 ante Nueva Zelanda, refleja la capacidad del equipo para rendir deportivamente a pesar de las circunstancias. Sin embargo, la situación extradeportiva sigue dominando el debate en torno a la participación iraní, convirtiendo cada partido en un episodio con una dimensión política tan relevante como la futbolística.
La FIFA, en el ojo del huracán
Las palabras de Taremi ponen sobre la mesa una pregunta incómoda para el organismo con sede en Zúrich: ¿hasta qué punto es la FIFA responsable de garantizar condiciones equitativas de preparación para todas las selecciones, incluso cuando los anfitriones del torneo imponen restricciones derivadas de sus propias políticas exteriores?
El reglamento de la Copa del Mundo obliga a los países sede a facilitar el acceso y los recursos necesarios para que todos los equipos puedan preparar sus partidos en condiciones similares. Sin embargo, la situación de Irán representa un caso sin precedentes: una selección clasificada que compite en el país con el que su gobierno está en estado de guerra abierta, con parte de su delegación bloqueada en la frontera y sus jugadores sometidos a controles que ningún otro equipo del torneo ha experimentado.
La FIFA no ha emitido ninguna declaración pública sobre las quejas iraníes hasta el momento, una postura de silencio que contrasta con la gravedad de las denuncias formuladas por el técnico y el capitán del equipo persa.
El calendario iraní y lo que queda por delante
Irán se medirá a dos rivales más en la fase de grupos, con los partidos programados en Los Ángeles y Seattle según el calendario establecido. En ambas ciudades se aplicará el mismo protocolo: llegada el día anterior al encuentro y salida la misma noche del partido, sin posibilidad de pernoctar en suelo estadounidense.
Para el cuerpo técnico dirigido por Ghalenoei, cada partido supondrá una nueva prueba de adaptación: no solo futbolística, sino logística y emocional, en unas circunstancias que ningún manual de preparación deportiva contempla. La selección iraní se ha convertido, quizás a su pesar, en el símbolo más visible de las tensiones entre el deporte y la geopolítica en esta Copa del Mundo celebrada en suelo norteamericano.
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