FutbolPublicado 5 años atrás Lectura: 6 min

El AS Poissy, club de cuarta división francesa, rescata a seis futbolistas ucranianos de la guerra y les da una nueva vida en el fútbol

Un presidente con raíces ucranianas pagó de su propio bolsillo los gastos para traer a los jugadores y su entrenador desde Turquía hasta las afueras de París, en una iniciativa sin precedentes en el fútbol francés.

En el extrarradio de París, en la tranquila ciudad de Poissy, un modesto club de la cuarta división francesa ha protagonizado uno de los gestos humanitarios más singulares que ha generado el conflicto bélico en Ucrania dentro del mundo del fútbol. El AS Poissy ha acogido a seis futbolistas profesionales ucranianos y a su entrenador, rescatándolos de una situación de incertidumbre y peligro tras el estallido de la guerra el pasado 24 de febrero. La iniciativa no tiene precedentes en Francia y ha puesto de relieve cómo el deporte puede convertirse en un canal de solidaridad concreta, más allá de los gestos simbólicos.

Origen de la operación: de Turquía a Poissy

Todos los futbolistas acogidos proceden del FC Alians, club de segunda división ucraniana con sede en Sumy, ciudad ubicada en el noreste del país y una de las primeras en ser asediada por las tropas rusas al inicio de la invasión. La guerra los sorprendió en el peor momento posible: estaban en Turquía completando la pretemporada cuando el conflicto estalló. Atrapados fuera de su país, sin certeza sobre su futuro deportivo ni personal, el contacto con el presidente del Poissy cambió el rumbo de sus vidas.

Olivier Szewczuk, presidente del club y propietario de un pequeño negocio, asumió personalmente el coste económico del traslado. Con raíces ucranianas por el lado paterno, Szewczuk desembolsó varios miles de euros de su propio patrimonio para cubrir los gastos de viaje y las primeras necesidades de los futbolistas. "No podíamos traer a veinte; al final se quedó en seis. El resto de la plantilla está dispersa en diferentes lugares", explicó el dirigente, quien además contó con la contribución financiera de otras empresas para hacer viable la operación. Su implicación no se limitó a lo económico: también se encargó de buscar alojamiento para los jugadores y de gestionar los trámites burocráticos necesarios para regularizar su situación legal en Francia.

El entrenador que viajó sin poder entrenar

Hace aproximadamente tres semanas también llegó a Poissy Youri Yaroshenko, de 61 años, técnico del FC Alians y exfutbolista profesional del FC Zoryá Luhansk. Yaroshenko observa los entrenamientos del grupo desde la banda, ayudado por un intérprete, pero sin ejercer como entrenador principal. Ese rol corresponde a Walid Aichour, el técnico habitual del Poissy. La función del veterano preparador ucraniano es facilitar la adaptación de sus compatriotas al nuevo entorno, actuando como puente emocional y comunicativo.

"Casi no dormimos desde que comenzó la guerra. Ahora, moralmente y psicológicamente, estamos mejor, aunque la cabeza siga estando en Ucrania", confesó Yaroshenko durante un entrenamiento en las instalaciones del club. Sus palabras reflejan la dualidad que viven estos futbolistas: agradecidos por el refugio encontrado, pero con la mente permanentemente anclada en el país que dejaron atrás. "Si la guerra se prolonga mucho nos quedaremos aquí, aunque esperemos que se acabe rápidamente. Lo que ocurre allí está siendo una tragedia", añadió el técnico, quien agradeció expresamente la hospitalidad y el empeño de Szewczuk.

La burocracia, el gran obstáculo

Más allá del esfuerzo humano y económico, la iniciativa del Poissy choca con una barrera administrativa que frustra a todos los implicados. Los seis futbolistas ucranianos aún no pueden disputar partidos oficiales porque no disponen de la ficha profesional homologada por las autoridades deportivas francesas. La demora en el procesamiento de su documentación los mantiene en un limbo deportivo que tensiona su día a día.

"No sé cuánto tiempo van a aguantar así. Esta gente es profesional y entrena para jugar", lamentó Szewczuk, señalando además una flagrante asimetría en la normativa vigente: "Un francés que jugaba en Ucrania tiene la ficha automática para regresar a Francia, pero un ucraniano que viene aquí, no". La situación pone de manifiesto las contradicciones del sistema de transferencias y habilitaciones deportivas cuando se aplica en contextos de emergencia humanitaria.

Kostyantyn Yaroshenko, la joya formada en el Shakhtar

Entre los seis jugadores acogidos destaca especialmente Kostyantyn Yaroshenko, considerado el más talentoso del grupo. Hijo del entrenador Youri, el centrocampista de 35 años se formó en las categorías inferiores del Shakhtar Donetsk, uno de los clubs más prestigiosos de Europa del Este, y llegó a ser internacional con la selección ucraniana sub-21. Su trayectoria habla de un futbolista que conoce el alto nivel, y eso se nota incluso en los entrenamientos del Poissy.

"Cuando entrenamos nos olvidamos de lo que está sucediendo allí, aunque sea solo por media hora", declaró el mediocampista poco después de concluir una sesión. Yaroshenko reconoció estar adaptándose bien al nuevo club y expresó su sorpresa ante el nivel que ofrece una entidad de cuarta categoría francesa: "En Ucrania, un club de cuarta división no tiene el nivel del Poissy ni de lejos". El futbolista, admirador confeso de Zinedine Zidane y de Andrés Iniesta, representa el perfil de jugador con una carrera consolidada que la guerra ha obligado a reinventarse.

El guardameta que entrena pensando en su familia

La historia más desgarradora del grupo quizá sea la de Yaroslav Vazhynskyi, portero de 28 años también formado en la cantera del Shakhtar Donetsk. A diferencia de algunos de sus compañeros, Vazhynskyi dejó en Ucrania a su mujer y a su hijo, lo que convierte cada sesión de entrenamiento en un ejercicio de voluntad para mantener la mente enfocada.

"Yo tengo a mi mujer e hijo en el país y eso lo echo mucho de menos. Solo cuando entro en el campo lo olvido todo", afirmó el guardameta con una sinceridad que resume la tensión emocional que atraviesa el grupo. El campo de fútbol, para estos hombres, no es solo un lugar de trabajo: es un espacio de evasión temporal, el único ámbito donde la guerra deja de existir durante unos minutos.

Un club semiprofesional a la altura de la historia

El AS Poissy milita en la National 3, el cuarto nivel del sistema de ligas francesas, un escalón habitualmente alejado del foco mediático. Sin embargo, las cifras internas del club revelan una estructura sólida para su categoría, con instalaciones que han sorprendido a los propios futbolistas ucranianos acostumbrados a otra realidad. El hecho de que un club de este nivel sea capaz de articular una operación de rescate humanitario de esta envergadura dice mucho de la voluntad de sus dirigentes y, en especial, de un presidente dispuesto a asumir un sacrificio económico personal considerable.

La iniciativa del Poissy ha generado un debate más amplio en el fútbol francés sobre cómo los clubes, independientemente de su tamaño, pueden contribuir en situaciones de crisis internacional. Mientras organismos como la FIFA y la UEFA articulaban respuestas institucionales, un pequeño club de las afueras de París ya había pasado a la acción con hechos concretos. El fútbol, una vez más, demostró que puede ser mucho más que un deporte.

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