El Mundial 2026, el mayor crisol de identidades en la historia del fútbol: elegibilidad dual y cambios de nacionalidad que redefinen el torneo
Decenas de jugadores compiten en Estados Unidos, México y Canadá bajo una bandera distinta a la de su país de nacimiento, un fenómeno impulsado por las migraciones globales y las reformas normativas de la FIFA que ha convertido este torneo en el más cosmopolita de la historia.
Cada partido del Mundial 2026 guarda, casi sin excepción, la historia de un futbolista que podría haber vestido una camiseta diferente. La Copa del Mundo que se disputa entre Estados Unidos, México y Canadá es, por número de jugadores nacidos fuera del país al que representan, el torneo más diverso desde que Jules Rimet imaginó la competición en 1930. Detrás de esa diversidad hay décadas de migraciones, vínculos familiares que atraviesan continentes y un marco reglamentario de la FIFA que, lejos de dificultar los cambios de selección, los ha facilitado progresivamente desde 2020.
La cifra que lo explica todo: casi 100 jugadores nacidos en Francia
El dato más ilustrativo del fenómeno lo aporta Francia. Cerca de un centenar de futbolistas presentes en este Mundial nacieron en territorio francés, pero solo 23 de ellos visten la camiseta de Les Bleus. El resto integra de forma significativa las plantillas de Argelia, Cabo Verde, Congo, Ghana, Haití, Costa de Marfil, Marruecos y Túnez. Es el reflejo directo de la inmigración postcolonial que transformó la demografía francesa durante la segunda mitad del siglo XX y que ahora impacta de lleno en los campos de juego.
El caso más resonante en las primeras jornadas del torneo ha sido el de Ayyoub Bouaddi, centrocampista de 18 años formado en el Lille. Bouaddi llegó a ser capitán de la selección francesa sub-21 en marzo de 2025, pero unas semanas antes del inicio del Mundial consumó su cambio federativo para representar a Marruecos, el país de origen de su familia. Su actuación en el empate marroquí a uno frente a Brasil confirmó que la apuesta del presidente de la Federación Marroquí de Fútbol, Faouzi Lekjaa, era acertada. Lekjaa visitó personalmente al jugador en su domicilio y se reunió con la cúpula directiva del Lille para presentarle el proyecto deportivo del reino norteafricano.
"Estoy muy orgulloso de mi decisión y muy feliz de representar a mi país, Marruecos", declaró Bouaddi antes del torneo. "Mi familia está feliz y espero que lleguen grandes cosas en las próximas competiciones."
Marruecos, que en 2022 se convirtió en la primera selección africana en alcanzar las semifinales de un Mundial, cuenta en su plantilla de 26 jugadores con 19 nacidos en el extranjero. El lateral Achraf Hakimi nació en Madrid, y el delantero del Real Madrid Brahim Díaz llegó a disputar un partido con España antes de que la FIFA procesara su cambio de federación a favor de Marruecos en 2024.
Balogun y el poder del lugar de nacimiento
La figura de Folarin Balogun encarna otra dimensión del debate. El delantero anotó dos goles en la victoria de Estados Unidos por 4-1 ante Paraguay en el partido inaugural, convirtiéndose en una de las revelaciones del torneo. Su historia personal es un compendio del fenómeno: nació en Nueva York mientras sus padres nigerianos se encontraban de visita, creció en Inglaterra y fue internacional en categorías inferiores inglesas, salvo un breve periplo con la sub-18 estadounidense.
En 2023 optó definitivamente por representar a Estados Unidos, amparándose en la ciudadanía por derecho de nacimiento que le otorga la legislación norteamericana. Balogun ha explicado que la pasión de los aficionados estadounidenses que presenció durante una visita a un entrenamiento en Florida en marzo de 2023, junto a las conversaciones mantenidas con la federación, fueron determinantes. El entonces seleccionador inglés Gareth Southgate admitió que seguía su evolución, pero no pudo garantizarle un puesto.
"Los aficionados siempre me dieron mucha motivación y me mostraron un apoyo enorme. Lo más importante siempre ha sido poder devolverles eso", afirmó Balogun tras el partido ante Paraguay. "Solo quiero seguir demostrándoles que tomé la decisión correcta."
Ayari, el sueco de raíces tunecinas que eligió con el corazón
El caso de Yasin Ayari, centrocampista del Brighton en la Premier League, añade una perspectiva familiar al debate. Túnez intentó reclutarle apelando a la nacionalidad de origen de su padre, Azzouz Ayari. Sin embargo, fue precisamente el padre quien rechazó con contundencia esa posibilidad. En declaraciones al diario sueco Aftonbladet, Azzouz Ayari fue categórico: "Soy un inmigrante, pero mis hijos, no. Yasin es sueco, con raíces tunecinas. Quiero que juegue por Suecia porque quiero que sienta que está devolviendo algo al país que realmente se ocupó de él."
El resultado quedó en el marcador: Ayari anotó dos goles en la victoria de Suecia 5-1 sobre Túnez en el partido inaugural de ambas selecciones. El centrocampista celebró sus tantos con gestos contenidos, en señal de respeto hacia el país de su padre.
Hermanos bajo banderas distintas: los Doué, los Williams y los Souttar
La elegibilidad dual produce situaciones que hace décadas habrían resultado impensables: hermanos carnales representando a países distintos en el mismo torneo. En este Mundial conviven varios ejemplos simultáneos:
- Désiré y Guéla Doué: ambos nacieron en Francia, pero Désiré juega para Les Bleus mientras que Guéla optó por Costa de Marfil, la nación de origen de su padre.
- Nico e Iñaki Williams: nacidos en España de padres ghaneses, Nico defiende la camiseta española e Iñaki la de Ghana.
- John y Harry Souttar: John representa a Escocia y Harry a Australia.
A estas situaciones se suma la de Kylian Mbappé, elegible tanto para Camerún como para Argelia por sus lazos familiares, que optó por Francia, el país donde nació y se formó. O la de Lamine Yamal, que podría haber representado a Marruecos -el país de origen de su padre- antes de consolidarse como pieza indiscutible de la selección española.
La FIFA y la evolución del marco normativo
El fenómeno no es nuevo, pero el volumen que ha alcanzado en 2026 responde en gran medida a los cambios regulatorios acumulados en las últimas dos décadas. La FIFA intervino por primera vez de forma decisiva en 2004, preocupada por la facilidad con la que algunos países, entre ellos Qatar, naturalizaban a jugadores brasileños mediante pasaportes expedidos con escaso rigor. Se exigió entonces una "conexión clara" con el país, materializable mediante dos años de residencia o un abuelo nacido en el territorio.
El organismo rector del fútbol mundial endureció los requisitos en 2008, elevando el período de residencia exigido a los jugadores mayores de 18 años a cinco años. En 2011, una propuesta de los Emiratos Árabes Unidos para reducir ese plazo a tres años fue rechazada en el Congreso de la FIFA. Antes, el entonces presidente Sepp Blatter había advertido que en un Mundial de 32 equipos "tendrás 16 llenos de jugadores brasileños" si no se ponían límites.
La norma vigente, reformada en 2020, flexibilizó los criterios de cambio de elegibilidad. Un jugador puede solicitar representar a otra selección siempre que no haya disputado partidos oficiales -fases finales de un Mundial o de un campeonato continental- con su primera federación. Los encuentros amistosos y los torneos de categorías inferiores no generan vínculo definitivo.
El precedente histórico más célebre de cambio de selección lo protagonizaron dos cracks del Real Madrid de los años 50 y 60. Ferenc Puskás, líder de los legendarios "Magiares Mágicos" húngaros en la década de 1950, representó a España en el Mundial de Chile 1962. Su compañero en el Bernabéu, Alfredo Di Stéfano, había iniciado su carrera internacional con Argentina antes de colgar el dorsal albiceleste y vestir la camiseta española, aunque nunca llegó a disputar una fase final de la Copa del Mundo con ninguna de las dos selecciones.
África y el Caribe: la diáspora como columna vertebral
Mientras las grandes potencias europeas como Francia, Alemania o Inglaterra acumulan en sus filas a hijos de inmigrantes llegados desde África, Asia y América, las selecciones africanas y caribeñas dependen de ese mismo flujo migratorio pero en sentido inverso: buscan en la diáspora a jugadores que no habrían encontrado hueco en las canteras europeas pero que sienten una conexión genuina con sus raíces.
Marruecos es el paradigma más exitoso de este modelo. El camino trazado desde la semifinal de Catar 2022 pasa precisamente por integrar el talento de la diáspora marroquí residente en España, Francia, Bélgica y los Países Bajos dentro de un proyecto deportivo serio y competitivo. La captación de Bouaddi, con la implicación personal del presidente federativo y el respaldo institucional de la monarquía alauí, ilustra hasta qué punto estos procesos se han profesionalizado.
El debate de fondo, sin embargo, permanece abierto. ¿Debe el fútbol internacional seguir ligado al concepto tradicional de nación, o debe aceptar plenamente que la identidad de las personas es múltiple, cambiante y legítima en cualquiera de sus expresiones? Los jugadores que protagonizan este Mundial 2026, con sus decisiones personales, sus silencios en las celebraciones y sus declaraciones medidas, están respondiendo esa pregunta partido a partido.
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