Estudiantes llega a cuartos de la Libertadores con carácter y sin depender del dinero
El Pincha enfrenta a Corinthians con un proyecto sostenido que ha ganado al menos un título por año desde 2023.
Tres cabezazos seguidos tras un córner, casi sobre la hora, para tumbar a Independiente Medellín. Un empate agónico sufrido en La Plata y una respuesta contundente días después en Santiago, con un 3-0 que dejó en el camino a Universidad Católica. Así llegó Estudiantes de La Plata a los cuartos de final de la Copa Libertadores 2026, sin la comodidad de los grandes números pero con esa mezcla de carácter y fútbol que lo define desde siempre.
El Pincha no viene de un andar perfecto en el torneo local, pero cuando llega la Libertadores parece encontrar otra marcha. La memoria ayuda: no levanta el trofeo desde 2009 y las ganas de volver a hacerlo se sienten en cada rueda de prensa, en cada charla de café. Con Juan Sebastián Verón como presidente, el club sostiene un proyecto que no depende de un golpe de suerte, sino de decisiones sostenidas en el tiempo. Basta mirar la vitrina reciente: al menos un título por año entre 2023 y 2025, en un fútbol argentino donde nadie regala nada.
El año pasado la ilusión se cortó en cuartos de final, eliminado por penales ante Flamengo, que terminó siendo campeón. Ahora, otra vez entre los ocho mejores, el rival de turno es Corinthians, otro peso pesado brasileño. Y aunque el poder económico de los cariocas y los paulistas es innegable, Estudiantes llega con argumentos propios, no como un invitado de compromiso.
Refuerzos con cabeza, no con billetera
Una de las claves del Pincha es saber cuándo gastar y cuándo no. En agosto llegó Joaquín Correa desde Botafogo, repatriado justo para pelear la Libertadores. Más de una década después de irse a Europa, donde pasó por Sampdoria e Inter y jugó para la selección argentina, Correa volvió sin necesidad de reinventar nada: se sumó a un equipo que ya funcionaba y aportó lo que tenía que aportar, incluido un gol clave en la revancha de Santiago.
Ese mismo criterio se vio cuando el Ruso Santiago Ascacíbar se fue a Boca y apareció Mikel Amondarain desde las divisiones juveniles para no dejar el hueco. Cuando después llegó por Amondarain una oferta de $12,000,000 desde Bologna, el club respondió con la llegada de Baltasar Rodríguez desde Racing, que se acopló sin sobresaltos. Ahí también entran Guido Carrillo en ofensiva, la dupla de centrales Santiago Núñez y Tomás Palacios, y el trabajo silencioso de Gonzalo Piovi, Alexis Castro y Joaquín Tobio Burgos en la mitad de la cancha.
El recambio en el banco y la mano de Medina
En febrero de este año la salida de Eduardo Domínguez, que se fue a dirigir a Atlético Mineiro en Brasil, generó ruido entre los hinchas. No era un entrenador más: con cinco títulos en tres años (Copa Argentina 2023, Copa de la Liga y Trofeo de Campeones 2024, y Clausura y Trofeo de Campeones 2025) quedó como el segundo técnico más ganador en la historia del club, solo detrás de Osvaldo Zubeldía.
La llegada de Alexander Medina generó dudas, sobre todo después de su paso no del todo exitoso por Talleres de Córdoba. Pero el uruguayo encontró un plantel con las ideas claras, y ahí su costado más visceral, en lugar de complicar, terminó potenciando a un grupo que ya sabía a qué jugar.
Muslera, del golpe anímico a la recuperación
El buen nivel en Estudiantes le devolvió a Fernando Muslera la titularidad en la selección de Uruguay durante la primera mitad de 2026. Pero después de su floja actuación en el Mundial, donde sus errores pesaron en la eliminación de la Celeste, las dudas no se disiparon del todo, y menos cuando una desinteligencia con Ramiro Funes Mori derivó en el segundo gol de Independiente en una derrota 2-0 por el torneo local.
Ahí apareció algo típico del Pincha: el respaldo de la gente. Ese sostén anímico ayudó a que Muslera volviera a mostrar el nivel que lo consagró como uno de los mejores arqueros sudamericanos de su generación, y hoy vuelve a ser un pilar desde el fondo.
La historia también juega a favor. Con Zubeldía en el banco, Estudiantes rompió la hegemonía de los cinco grandes del fútbol argentino al ganar el Metropolitano de 1967, y entre 1968 y 1970 se convirtió en el primer tricampeón de América, sumando en 1968 la Copa Intercontinental ante Manchester United en Old Trafford. Con esa cantidad de títulos continentales, el club platense está a la par de gigantes como River y Flamengo, el más ganador de Brasil, algo que muchas veces pasa inadvertido fuera de La Plata.
Con angustias, con temple y con buen fútbol, Estudiantes sigue vivo en la Libertadores. Le toca medirse con rivales de mayor poder económico, pero ya nadie lo mira por encima del hombro.
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