FIFA World Cup 2026 · 7 horas · 9 min

Francia y Senegal se reencuentran en el Mundial 2026 con la historia del 2002 como telón de fondo

Los Leones de la Téranga y Les Bleus se miden en el Grupo I del Mundial 2026 en East Rutherford, Nueva Jersey, 24 años después de que Senegal protagonizara una de las mayores sorpresas en la historia de los Mundiales al eliminar a la entonces campeona defensora.

El MetLife Stadium de East Rutherford, Nueva Jersey, será este martes el escenario de un duelo que va mucho más allá del fútbol. Francia y Senegal se enfrentan en la fase de grupos del Mundial 2026, en un choque cargado de simbolismo histórico, colonial e deportivo que promete despertar pasiones a ambos lados del Atlántico. El partido, correspondiente al Grupo I, arrancará a las 15:00 horas del este de Estados Unidos, con cielos despejados e una temperatura estimada de unos 25 grados centígrados, condiciones muy distintas al sofocante calor que los jugadores padecieron durante los entrenamientos previos.

El fantasma del 2002: cuando Dakar salió a bailar a las calles

Para entender la dimensión de este encuentro hay que retroceder hasta el 31 de mayo de 2002, en Seúl, Corea del Sur. Francia llegaba al Mundial de Corea-Japón como campeona defensora, con una plantilla plagada de estrellas, incluyendo a Zinedine Zidane, Thierry Henry e Patrick Vieira. Senegal, en cambio, debutaba por primera vez en una Copa del Mundo. Lo que ocurrió a continuación sacudió los cimientos del fútbol mundial.

En el minuto 30 del partido inaugural, Papa Bouba Diop anotó de forma acrobática, mientras se encontraba tendido de lado sobre el césped, el único gol de un encuentro que terminó con la victoria senegalesa por 1-0. La celebración del tanto se convirtió en icónica: los jugadores del equipo africano corrieron en tropel hacia el banderín de córner y dejaron sus camisetas en el suelo para bailar alrededor de ellas. Miles de kilómetros al este, en Dakar, las calles se llenaron de júbilo hasta la madrugada, y el presidente senegalés Abdoulaye Wade decretó festivo nacional al día siguiente.

Francia, por su parte, cayó en la fase de grupos sin marcar un solo gol en los tres partidos, siendo la gran eliminada de aquel torneo. Senegal, con Bruno Metsu al frente del banquillo, siguió avanzando hasta los cuartos de final, donde cayó ante Turquía en la prórroga. Aquella hazaña permanece grabada en la memoria colectiva del continente africano como uno de los momentos más gloriosos de su historia futbolística.

Un partido simbólico entre dos naciones unidas por la historia

La carga simbólica de este reencuentro no escapa a nadie. Senegal fue una colonia francesa hasta 1960, y los lazos culturales, lingüísticos e económicos entre ambas naciones siguen siendo profundos y complejos. El propio seleccionador senegalés, Pape Thiaw, lo expresó con claridad rotunda: "Sabemos que un partido entre Francia y Senegal es un encuentro muy simbólico".

Sin embargo, tanto los técnicos como los futbolistas de ambos bandos han querido centrar el foco en lo deportivo. El centrocampista francés N'Golo Kanté rechazó la narrativa de la revancha con una reflexión propia de la madurez que le caracteriza: "No queremos ganar por venganza, sino avanzar lo más lejos posible en esta competición". El seleccionador galo, Didier Deschamps, fue todavía más directo: "En el fútbol no existe la revancha. Este será otro capítulo que escribir. Lo que ocurrió en 2002 fue bueno para Senegal en aquel momento, pero ahora nos aseguraremos de que el resultado sea positivo para nosotros".

Kanté añadió, con una humildad que contrasta con el poderío sobre el papel de la selección francesa, que el principal rival de Les Bleus son ellos mismos: "No podemos vernos demasiado guapos ni demasiado fuertes". Un aviso dirigido tanto a sus propios compañeros como a quienes dan por segura la victoria francesa.

Seis jugadores franceses que aún no habían nacido en 2002

El tiempo transcurrido desde aquel choque inaugural en Seúl queda de manifiesto en un dato revelador: seis de los jugadores convocados por Francia para este Mundial 2026 no habían nacido todavía cuando Papa Bouba Diop marcó aquel histórico gol. La generación que entonces vistió de azul ha cedido el testigo a una nueva hornada de futbolistas que solo conocen la derrota de 2002 a través de los libros de historia o los relatos de sus predecesores.

Francia, actualmente clasificada tercera en el ranking mundial de la FIFA, llega a este torneo como uno de los máximos favoritos al título. Los Bleus son bicampeones del mundo (1998 e 2018) y en el último Mundial de Qatar 2022 alcanzaron la final, donde cayeron ante Argentina en la tanda de penaltis tras un partido épico que terminó 3-3 después de la prórroga. Su objetivo declarado es disputar una tercera final consecutiva, algo que ninguna selección había logrado desde Brasil en los años 50 e 60.

Senegal, por su parte, ocupa el puesto 16 del ranking FIFA e llega como uno de los equipos más competitivos del continente africano, pese a las turbulencias institucionales que han envuelto su participación.

Thiaw y la herencia de Bruno Metsu

Pape Thiaw, actual técnico de los Leones de la Téranga, tiene un vínculo personal indisoluble con aquel Mundial de 2002. Fue convocado para la histórica expedición senegalesa, aunque su participación fue limitada: jugó únicamente en el partido de los octavos de final ante Suecia, un encuentro que Senegal ganó para avanzar a cuartos. Ahora, desde el banquillo, reconoce que transmitirá a sus jugadores el legado del fallecido Bruno Metsu, el técnico francés que llevó a Senegal hasta las puertas de las semifinales.

"Por supuesto, habrá un efecto Bruno cuando hable con mis jugadores. Le añadiré mi toque personal y también incorporaré lo que Bruno me enseñó en el camino", afirmó Thiaw, con visible emoción al recordar a quien fue uno de los artífices del milagro senegalés. Metsu falleció en 2013 a causa de un cáncer, y su memoria sigue siendo una fuente de inspiración para el fútbol senegalés.

La cuestión de los visados: una afición que no puede cruzar el Atlántico

Uno de los episodios más dolorosos para Senegal en la preparación de este Mundial ha sido la denegación masiva de visados por parte del gobierno estadounidense a aficionados senegaleses que deseaban desplazarse para apoyar a su selección. Sin embargo, Thiaw se mostró optimista respecto al ambiente que encontrarán dentro del MetLife Stadium.

"Por supuesto que nos gustaría contar con nuestros aficionados. Sabemos lo que pueden hacer por nosotros, nos empujan", reconoció el seleccionador. "Pero contamos con una comunidad senegalesa muy numerosa en Estados Unidos. El senegalés es muy patriota y ama a su selección. Mañana lo veréis: no creeréis que no ha venido ningún senegalés desde Senegal". La diáspora africana asentada en la costa este de Estados Unidos augura, efectivamente, un ambiente vibrante en las gradas.

La controversia de la Copa África: "Para mí somos campeones"

Senegal llega a este Mundial envuelta en una polémica institucional que sigue sin resolverse. Los Leones de la Téranga se proclamaron campeones de África en 2022 e este año lograron superar a Marruecos por 1-0 en la final de la Copa África. Sin embargo, la Confederación Africana de Fútbol (CAF) les adjudicó un 3-0 por incomparecencia a los Atlas Lions tras un incidente durante el tiempo añadido: Senegal abandonó el terreno de juego durante 15 minutos en protesta por un penalti que consideró injusto, y ese abandono fue sancionado como retirada del campo.

Senegal ha presentado un recurso ante el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS), cuya resolución está pendiente. La posición del cuerpo técnico senegalés es inequívoca. "Para mí somos campeones de África, punto", sentenció Thiaw, negándose a admitir cualquier otra interpretación del resultado.

Este contexto añade una capa adicional de motivación para los jugadores senegaleses, quienes llegan al torneo con la sensación de que una parte del fútbol internacional les ha dado la espalda, lo que históricamente ha servido como poderoso catalizador para las grandes actuaciones en los grandes escenarios.

Deschamps, a cinco partidos del récord histórico de entrenadores

Este partido también tendrá un significado especial para Didier Deschamps, el hombre que ha dirigido a Francia durante 14 años consecutivos al frente del banquillo bleu. El técnico nacido en Bayona anunció en enero que se retirará al término de este torneo, poniendo fin a la etapa más exitosa del fútbol francés desde la generación de Zidane.

El encuentro ante Senegal será el partido número 20 de Deschamps como técnico en Mundiales, a tan solo cinco del récord histórico que ostenta el alemán Helmut Schön, quien dirigió a la República Federal de Alemania en 25 partidos mundialistas entre 1966 e 1978. Si Francia llega a las etapas finales del torneo, Deschamps tendría la posibilidad de superar esa marca antes de colgar el silbato definitivamente.

Más allá de las cifras, Deschamps pertenece a un exclusivo club de solo tres personas en la historia que han conquistado la Copa del Mundo tanto como jugadores como en calidad de entrenadores. Le acompañan en ese palmarés el brasileño Mário Zagallo (campeón como jugador en 1958 e 1962, e como técnico en 1970) e el alemán Franz Beckenbauer (campeón como jugador en 1974 e como entrenador en 1990). Una distinción que le sitúa entre los más grandes de la historia universal del fútbol.

Los números de un choque desequilibrado sobre el papel

Los datos objetivos favorecen claramente a Francia. Más allá del ranking FIFA, los Bleus cuentan con una plantilla valorada en miles de millones de euros, con jugadores como Kylian Mbappé, Aurélien Tchouaméni e el propio Kanté, recuperado de sus problemas físicos y nuevamente en plena forma. Sin embargo, la historia de los Mundiales está llena de lecciones sobre la inutilidad de los pronósticos.

Senegal, por su parte, no carece de argumentos. Su generación actual, liderada durante años por Sadio Mané, ganó la Copa África de 2021 (celebrada en 2022) e ha demostrado ser un equipo sólido, difícil de batir e capaz de las mayores sorpresas. La pregunta que flota en el ambiente es si la historia puede repetirse, o si Francia, esta vez, tendrá la respuesta adecuada para un rival que nunca dejará de ser especial.

Kanté resumió con precisión el estado de ánimo del vestuario francés al recordar las exigentes sesiones de entrenamiento en el calor de Massachusetts, donde el equipo se preparó tras aterrizar en Estados Unidos el miércoles pasado: "Tuvimos que entrenar bajo el sol e el calor, e comprobamos lo cansados que podíamos llegar a estar". Una advertencia que dice mucho sobre la humildad con la que los campeones del mundo afrontan este torneo, conscientes de que en el fútbol, como demostró Senegal en 2002, las certezas duran exactamente lo que tarda en pitarse el inicio del partido.

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