FutbolPublicado 3 años atrás Lectura: 5 min

Grecia cierra sus estadios hasta febrero: la violencia ultra obliga al gobierno a imponer partidos a puerta cerrada en la Superliga

El ejecutivo griego ordena disputar todos los partidos de la Superliga sin público hasta el 12 de febrero tras una escalada de enfrentamientos entre ultras y policía que dejó un agente en la UCI.

El gobierno de Grecia anunció este lunes una de las medidas más drásticas adoptadas en el fútbol europeo en los últimos tiempos: todos los partidos de la Superliga griega se disputarán a puerta cerrada hasta el próximo 12 de febrero. La decisión, comunicada en rueda de prensa por el portavoz del ejecutivo, Pavlos Marinakis, llega como respuesta directa a una peligrosa escalada de violencia protagonizada por grupos ultras durante las últimas semanas, que ha culminado con un agente de policía hospitalizado en estado crítico en una UCI.

"Los atletas, los aficionados y los ciudadanos no pagarán el comportamiento asesino de organizaciones criminales y la triste tolerancia de una mínima minoría de aficionados fanáticos", declaró Marinakis ante los medios. El portavoz no escatimó en dureza al calificar la situación como un "problema crónico" de violencia arraigado en la sociedad griega, y advirtió de que el gobierno del primer ministro conservador Kyriakos Mitsotakis llevará a cabo "intervenciones dinámicas" para erradicarlo.

El detonante: una bengala que dejó a un policía en la UCI

El episodio que colmó la paciencia de las autoridades griegas tuvo lugar el pasado jueves en Atenas, cuando un grupo de seguidores del Olympiakos se enfrentó violentamente con efectivos de la policía griega. El incidente se saldó con un agente gravemente herido tras ser alcanzado por una bengala lanzada desde el grupo de radicales. El policía permanece ingresado en una unidad de cuidados intensivos por cuarto día consecutivo en estado crítico, lo que ha generado una enorme alarma social en el país.

Las autoridades detuvieron a un joven de 18 años que confesó haber lanzado el artefacto. Su detención no ha calmado la indignación institucional, que se suma a otro altercado ocurrido apenas días antes: el 3 de enero, hinchas del Olympiakos protagonizaron disturbios dentro del estadio del Volos FC después de que le anularan un gol a su equipo, dejando imágenes de violencia dentro del recinto deportivo que recorrieron toda la prensa helena.

El alcance de las medidas: más allá de la primera división

La prohibición de público no se limita únicamente a los encuentros de la Superliga. El gobierno griego ha extendido la medida a varios ámbitos adicionales que reflejan la gravedad de la situación:

  • Los partidos en casa de los equipos de segunda división que pertenezcan a clubes filiales o vinculados a franquicias de la Superliga también se disputarán a puerta cerrada.
  • La restricción podrá aplicarse igualmente a los partidos europeos que los clubes griegos disputen como locales durante este periodo.
  • El portavoz confirmó de manera explícita que el partido del Olympiakos ante el Bačka Topola serbio, correspondiente a la fase de grupos de la UEFA Europa League, se celebrará sin espectadores en las gradas.

Esta última decisión tiene un impacto económico y deportivo considerable. El Olympiakos, el club más laureado de Grecia con más de 47 títulos de liga, disputará uno de sus compromisos continentales sin el calor de su afición, una circunstancia que el propio club deberá gestionar tanto en lo institucional como en lo competitivo.

Dos meses para modernizar la seguridad en los estadios

El gobierno no se ha limitado a imponer el veto al público como castigo puntual. Las autoridades han fijado un plazo de los dos meses que dura la medida para que los clubes de la Superliga ejecuten una serie de reformas estructurales obligatorias en materia de seguridad. Entre las exigencias figuran:

  1. La instalación de cámaras de alta definición en todos los recintos deportivos de los clubes afectados.
  2. La implantación de un sistema de entrada electrónico con control simultáneo de la identidad de los aficionados, lo que en la práctica supone un registro biométrico o por documento de identidad en tiempo real.

Marinakis advirtió de que estos resultados serán evaluados de forma rigurosa: "Si los equipos no logran convencer de que podrán garantizar la seguridad de los aficionados y los futbolistas, se considerará prorrogar las medidas". En otras palabras, el 12 de febrero no es una fecha inamovible. Si las condiciones de seguridad no mejoran de forma verificable, los estadios griegos podrían seguir cerrados más allá del invierno.

Un problema histórico sin resolver

La violencia en el fútbol griego no es un fenómeno nuevo. Los grupos ultras vinculados a los grandes clubes del país, especialmente el Olympiakos, el Panathinaikos y el AEK Atenas, tienen un historial de enfrentamientos que se remonta a décadas atrás. Grecia ya vivió suspensiones puntuales de competiciones y partidos a puerta cerrada en ocasiones anteriores, pero la magnitud de la medida actual, que afecta a toda una liga de forma simultánea y durante casi dos meses, no tiene precedentes recientes en el país.

La UEFA, por su parte, ya ha sancionado en múltiples ocasiones a clubes griegos por incidentes relacionados con sus aficiones en competiciones europeas. El Olympiakos, en particular, acumula un historial de amonestaciones y multas por comportamiento violento de sus seguidores en torneos continentales, lo que convierte la decisión del gobierno de extender la puerta cerrada a Europa en un mensaje inequívoco: la tolerancia cero no admite excepciones.

El fútbol griego afronta ahora uno de sus momentos más delicados. La imagen de un policía luchando por su vida en una UCI a causa de una bengala lanzada por un seguidor radical ha cruzado todas las líneas rojas. El gobierno de Mitsotakis ha decidido actuar con contundencia, consciente de que el coste político de la inacción sería mucho mayor que el ruido mediático que genera cerrar los estadios. Lo que queda por ver es si las reformas impuestas serán suficientes para romper un ciclo de violencia que, como admitió el propio portavoz, lleva demasiado tiempo enquistado en la sociedad helena.

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