FIFA World Cup 2026Publicado 3 meses atrás Lectura: 9 min

Hervé Renard vuelve al Mundial: Túnez lo contrata de urgencia tras la debacle ante Suecia

El entrenador francés asume el banquillo tunecino para los dos partidos que le quedan en la fase de grupos del Mundial 2026, convirtiéndose en el único técnico en dirigir a tres selecciones distintas en tres Mundiales masculinos consecutivos.

Hervé Renard es, sin duda, el personaje más pintoresco del fútbol internacional contemporáneo. El técnico francés, reconocible por su bronceado perpetuo e inconfundible camisa blanca de cuello abierto, acaba de aceptar su misión más breve e improbable: salvar a Túnez en el Mundial 2026 con tan solo dos partidos por disputar en la fase de grupos. La federación tunecina lo contrató de urgencia, apenas días después de que el equipo encajara una goleada histórica de 5-1 ante Suecia en su debut mundialista, resultado que precipitó el despido fulminante del técnico Sabri Lamouchi.

Con este nombramiento, Renard se convierte en el primer entrenador en dirigir a tres selecciones diferentes en tres Copas del Mundo masculinas consecutivas: Marruecos en 2018, Arabia Saudí en 2022 y ahora Túnez en 2026. A esa trayectoria se suma su paso por el banquillo de Francia femenina, con quien disputó el Mundial Femenino de 2023 y los Juegos Olímpicos de París 2024. Una carrera que, lejos de seguir una trayectoria convencional, avanza a golpe de rescate e impacto mediático.

El detonante: una derrota humillante frente a Suecia

La catástrofe que abrió la puerta a Renard llegó el domingo en forma de cinco goles suecos. Túnez, que acudía al torneo con ciertas expectativas tras una fase de clasificación solvente, fue incapaz de oponer resistencia alguna al combinado escandinavo. El 5-1 no solo fue el marcador más abultado sufrido por los Águilas de Cartago en la historia de los Mundiales, sino también una señal inequívoca de que algo fallaba profundamente en la estructura del equipo.

La federación tunecina actuó con una celeridad inusual: en la mañana del martes siguiente, Lamouchi recibió su carta de despido. Pocas horas después, el nombre de Renard ya circulaba por los medios africanos y europeos como el sustituto elegido. La negociación fue rápida, el acuerdo firmado antes del mediodía, y el técnico, que llevaba apenas dos meses sin trabajo tras su salida de Arabia Saudí, aceptó el reto con la naturalidad de quien ya está acostumbrado a los aterrizajes de emergencia.

Un currículo construido sobre rescates e hitos históricos

Para entender por qué una federación africana acude a Renard en momentos de crisis, basta con repasar su palmarés en el continente. El francés, nacido en Aubagne en 1968, es el único técnico de la historia en ganar la Copa Africana de Naciones (CAN) con dos selecciones diferentes:

  • Zambia 2012: en uno de los resultados más impactantes de la historia del fútbol africano, Renard condujo a los Chipolopolo hasta el título en Libreville, Gabón, batiendo en la final a Costa de Marfil en los penaltis. Zambia, sin estrellas reconocibles a nivel mundial, compitió con una organización táctica y un espíritu colectivo que llevaban la firma inconfundible del técnico francés.
  • Costa de Marfil 2015: tres años después, repitió el milagro con los Elefantes en Guinea Ecuatorial, derrotando también en la final a Ghana en una tanda de penaltis dramática. Renard se convirtió así en el primer técnico en ganar la CAN con dos países distintos, un récord que perdura hasta hoy.

Ese historial explica por qué Túnez se convierte en la sexta selección africana que deposita su confianza en el técnico galo, después de Marruecos (dos etapas), Angola, Costa de Marfil, Zambia e incluso su salto fuera del continente a Arabia Saudí.

La hazaña de Qatar 2022: vencer a Argentina con Arabia Saudí

Si existe un momento cumbre en la carrera mundialista de Renard, ese es el 22 de noviembre de 2022 en el estadio Lusail de Qatar. Arabia Saudí, considerada uno de los grandes candidatos a la eliminación temprana, se enfrentaba a la que muchos ya coronaban como campeona antes de empezar: la Argentina de Lionel Messi. El resultado final fue un 2-1 para los saudíes que sacudió los cimientos del fútbol mundial.

El técnico francés había construido una trampa táctica perfecta: una línea defensiva alta y sincronizada que anuló el fuera de juego en el primer tiempo (tres goles argentinos fueron invalidados por esa razón) y una segunda parte de presión y transiciones que terminó con dos goles de Saleh Al-Shehri y Salem Al-Dawsari. La imagen de Renard arengando a su equipo en el vestuario, con la camisa blanca como bandera, dio la vuelta al mundo.

Sin embargo, a pesar de esa victoria histórica, Arabia Saudí no logró superar la fase de grupos. Y esa asignatura pendiente, superar la primera eliminatoria en un Mundial, sigue siendo la gran deuda de Renard con la competición.

El reto de 2018 con Marruecos: potencial sin continuidad

La primera experiencia mundialista de Renard al frente de una selección masculina llegó en Rusia 2018, con un Marruecos que ya apuntaba maneras. Los Leones del Atlas quedaron encuadrados en un grupo enormemente competitivo junto a España, Portugal e Irán, y a pesar de mostrar destellos de calidad en los tres partidos, no consiguieron el billete para los octavos de final.

El tiempo demostró que aquella generación marroquí tenía potencial de sobra: cuatro años después, en Qatar 2022 y ya sin Renard en el banquillo, Marruecos alcanzó las semifinales del Mundial, la mejor actuación de una selección africana en toda la historia de la competición. Renard había sembrado parte de esas semillas, aunque no estuviera presente en la cosecha.

El paréntesis femenino: Francia en 2023 y los Juegos de París

Entre su salida de Arabia Saudí tras Qatar 2022 y su regreso al fútbol masculino de élite, Renard aceptó un desafío inédito: hacerse cargo de la selección femenina de Francia. Con las Bleues disputó el Mundial Femenino de Australia y Nueva Zelanda 2023, donde el equipo fue eliminado en cuartos de final. Posteriormente, guió a Francia como anfitriona en los Juegos Olímpicos de París 2024, con el mismo resultado: eliminación en la ronda de cuartos.

Dos quartos de final con la selección femenina francesa cerraron ese capítulo, y Renard regresó al banco saudí para afrontar el proceso clasificatorio para el Mundial 2026, una travesía de altibajos que culminó con la clasificación del equipo, aunque con el coste del despido del propio técnico apenas dos meses antes del inicio del torneo. Las razones exactas de esa salida nunca se han aclarado del todo públicamente, pero Renard, fiel a su estilo, no tardó en encontrar un nuevo destino.

Cuatro días para preparar dos partidos decisivos

El calendario no perdona. Renard dispone de apenas cuatro días para transmitir sus ideas al grupo tunecino antes del segundo partido del Grupo ante Japón, fijado para el sábado en Monterrey, México. El último compromiso de la fase de grupos será contra Países Bajos en Kansas City el 25 de junio, un rival considerado favorito del grupo.

El margen de maniobra es estrecho. Túnez necesita ganar los dos partidos restantes para tener opciones reales de clasificación, aunque todo dependerá también de los resultados cruzados. La misión parece titánica, pero Renard lleva toda su carrera haciendo cosas que parecían imposibles sobre el papel.

En sus declaraciones tras aceptar el cargo, el técnico fue directo y sin artificio: su objetivo es imponer una organización defensiva sólida de inmediato e intentar recuperar la confianza de un vestuario que recibió un golpe durísimo con la goleada ante Suecia. Quienes conocen su metodología destacan su capacidad para motivar grupos en situaciones de crisis y para implementar sistemas tácticos claros en periodos muy cortos de tiempo.

La maldición de la fase de grupos: la gran asignatura pendiente

A pesar de todos sus logros, Renard arrastra una estadística que ningún especialista pasa por alto: nunca ha logrado superar la fase de grupos en un Mundial masculino. Marruecos cayó en 2018, Arabia Saudí cayó en 2022 (pese a la victoria histórica sobre Argentina) y ahora Túnez llega al borde del abismo tras el 5-1 inicial.

Esa cifra pone en perspectiva su carrera mundialista y hace que la misión tunecina sea, al mismo tiempo, la más desesperada e interesante de su trayectoria. Si consiguiera clasificar a los Águilas de Cartago para los octavos de final desde una posición casi imposible, quebraría de una vez su particular maleficio mundialista y añadiría un nuevo capítulo extraordinario a una carrera que ya de por sí desafía toda lógica narrativa.

Los orígenes: de Cambridge a las grandes selecciones africanas

Pocos imaginaban, cuando Renard llegó al Cambridge United inglés en 2004 como ayudante del veterano técnico francés Claude de Roy (quien había dirigido a Camerún en el Mundial de 1998), que aquel hombre de piel curtida por el sol se convertiría en uno de los entrenadores más reconocibles del panorama internacional. Cambridge era entonces, y sigue siendo, un club de las divisiones inferiores del fútbol inglés, más famoso por su universidad que por sus éxitos futbolísticos.

Desde aquel humilde punto de partida, Renard construyó su reputación a fuerza de disciplina táctica, trabajo físico intenso e inteligencia emocional para gestionar vestuarios multiculturales con pocas semanas de margen. Su imagen, la camisa blanca impecable y el bronceado que desafía las temporadas, se ha convertido en una marca personal tan reconocible como sus victorias en la CAN.

Con 57 años recién cumplidos, el técnico de Aubagne sigue siendo uno de los personajes más magnéticos del fútbol mundial. Ya sea en el banquillo de un club de la cuarta división inglesa, en el vestuario de una selección africana en apuros o frente a la prensa en una rueda de prensa mundialista, Renard proyecta la misma imagen: calma, convicción y la absoluta certeza de que siempre hay una salida, por complicada que parezca la situación.

Túnez lo ha llamado porque sabe que, si alguien puede rescatar lo irrescatable en diez días, ese alguien lleva camisa blanca y apellido francés.

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