FIFA World Cup 2026 · 3 horas · 7 min

Irán en el Mundial 2026: visas denegadas, sanciones económicas y la sombra de la guerra con EE.UU.

La selección iraní afronta el torneo más complicado de su historia con 14 acreditados sin visa, aficionados sin entradas y un conflicto armado que amenaza la concentración del equipo.

El Mundial 2026 arranca en un ambiente de euforia global, pero para la selección de Irán el camino hacia la cita ecuménica ha estado sembrado de obstáculos diplomáticos, sanciones económicas y las consecuencias directas de un conflicto armado sin precedentes. El delantero Mehdi Taremi, figura del Inter de Milán y veterano de tres Copas del Mundo, lo resumió con una claridad desarmante: "He asistido a tres Mundiales y siempre dicen que, una vez que bajas del avión y entras al país anfitrión, se respira un ambiente único de cordialidad y camaradería. Desafortunadamente, no lo siento ahora mismo. Hay mucha tensión en este Mundial".

De Tucson a Tijuana: un cambio de base forzado por la política

La primera señal de que este no sería un Mundial ordinario para Irán llegó antes incluso de que el equipo pisara el continente americano. La Federación Iraní de Fútbol había planificado establecer su campo de concentración en Tucson, Arizona, territorio estadounidense. La FIFA intervino y sugirió un traslado: la delegación acabó instalándose en Tijuana, la ciudad fronteriza mexicana situada a apenas unos kilómetros del estado de California.

El equipo llegó a su nueva base el domingo por la mañana, procedente de Antalya, Turquía, a bordo de un avión privado. No es casualidad que el combinado iraní llevara meses entrenando en suelo turco: desde el inicio de la guerra, la liga nacional iraní fue suspendida indefinidamente, obligando a los internacionales a buscar instalaciones en el extranjero. El traslado a Tijuana permitió que toda la delegación viajara a México, pero no resolvió el problema de fondo: 14 miembros del personal técnico y directivo vieron denegada su solicitud de visa estadounidense, incluido el propio vicepresidente de la federación, Mehdi Mohammed Nabi.

"El equipo no solo está formado por los jugadores y el entrenador, sino también por el personal de apoyo: el cuerpo técnico y la directiva. Todos somos un solo equipo", declaró Nabi. "La FIFA lo ha reconocido y seguimos investigando el asunto. Esperamos que se resuelva en los próximos días. No debería haber discriminación en el deporte".

El contexto bélico que lo condiciona todo

Para entender la magnitud de las dificultades, es imprescindible situar la participación iraní dentro del conflicto que estalló el 28 de febrero, cuando Israel y Estados Unidos ejecutaron ataques aéreos contra territorio iraní. Irán respondió con ataques contra bases militares estadounidenses en la región y contra infraestructura civil y energética en países como Baréin, Kuwait, Omán, Catar, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos. El impacto sobre la vida cotidiana iraní, incluido el fútbol, fue inmediato y profundo.

Durante varios meses, la participación de Irán en el Mundial estuvo en duda. La FIFA mantuvo en todo momento que el equipo acudiría al torneo, postura que finalmente se confirmó. Ahora bien, las consecuencias de la guerra se filtran inevitablemente en la preparación y el estado anímico del plantel. El delantero Alireza Jahanbakhsh reconoció la dificultad de abstraerse: "Ha sido muy difícil, para ser honesto, para todos nosotros con toda esta situación. Tienes que estar pendiente de tu familia, de tus seres queridos, de tu gente en casa, y por supuesto, esto afecta al grupo".

Nabi, pese a lo anterior, insistió en que la concentración del equipo no se ha visto comprometida: "No permitimos que nuestros jugadores se distraigan. Se mantienen concentrados en el juego. Nuestros jugadores son profesionales y se centran en el entrenamiento, la rutina y el programa que tenemos".

Sanciones económicas y aficionados sin entradas

Más allá de las visas, otro frente abierto amenaza la experiencia del torneo para los seguidores iraníes. La Federación Iraní de Fútbol anunció que la FIFA revocó la asignación de entradas para aficionados iraníes en los tres partidos de la fase de grupos disputados en territorio estadounidense. Esa asignación equivalía al 8% del aforo de cada estadio.

El motivo no es deportivo sino financiero: las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos contra Irán impiden que entidades con sede en el país, como los organizadores de FIFA 26, procesen transacciones con residentes iraníes. La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) bloquea legalmente la venta de entradas asignadas a Irán si el comprador reside dentro del país. La FIFA trabaja en encontrar una fórmula que permita a los iraníes residentes fuera de Irán adquirir esas localidades dentro de la legalidad vigente.

"La FIFA está trabajando en estrecha colaboración con la Federación Iraní de Fútbol para identificar soluciones que cumplan con la normativa y maximicen las oportunidades para que los aficionados iraníes asistan a los partidos", señaló el organismo rector del fútbol mundial en un comunicado oficial.

La situación adquiere especial relevancia en el área metropolitana de Los Ángeles, donde viven aproximadamente 140.000 expatriados iraníes. Taremi lanzó un mensaje de unidad hacia esa comunidad, muchos de cuyos miembros mantienen posiciones críticas hacia el gobierno de Teherán: "Obviamente, algunas personas fuera de Irán, en medio de la guerra, tal vez estén en contra del gobierno, pero todos somos iraníes. Estamos unidos y buscamos la paz. Creo que vendrán a apoyarnos".

La posición de Washington y el control sobre la delegación

El gobierno estadounidense ha reconocido que todos los jugadores del equipo iraní recibieron sus visas, así como entrenadores, preparadores físicos y parte del personal de apoyo. No obstante, otro funcionario apuntó que ciertos solicitantes vinculados a la delegación fueron rechazados por presentar sus solicitudes "con información falsa", sin ofrecer más detalles al respecto.

El secretario de Estado Marco Rubio fue más explícito sobre los criterios de Washington durante una audiencia ante el subcomité de Asignaciones de la Cámara de Representantes: "No tenemos ningún problema con los atletas ni con su personal de apoyo. Pero lo que no vamos a permitir es que incluyan en su delegación a personas que sabemos que no tienen nada que ver con el atletismo y que tienen vínculos con la Guardia Revolucionaria Islámica. Así que íbamos a vigilar esto muy de cerca, y seguiremos haciéndolo".

La situación logística también generó confusión sobre las condiciones de estancia. El embajador de Irán en México afirmó el sábado que las visas obligaban al equipo a entrar y salir de Estados Unidos el mismo día de cada partido. Sin embargo, un portavoz de la federación iraní desmintió esa versión: para el debut contra Nueva Zelanda, el equipo volará a Los Ángeles el 14 de junio y partirá al día siguiente, con disposiciones similares para los partidos siguientes.

El calendario iraní: tres ciudades, un posible duelo con EE.UU.

Irán se enfrenta a un grupo que exige máxima concentración y una logística extraordinaria:

  • 16 de junio: Irán vs. Nueva Zelanda, en Inglewood (California).
  • 22 de junio: Irán vs. Bélgica, en Inglewood (California).
  • 26 de junio: Irán vs. Egipto, en Seattle (Washington).

Si ambas selecciones terminan segundas en sus respectivos grupos, Irán y Estados Unidos podrían medirse en los dieciseisavos de final el 3 de julio en Arlington, Texas. Un escenario que, a la luz de todo lo ocurrido, convertiría ese hipotético encuentro en uno de los partidos más cargados políticamente de la historia del fútbol mundial.

Taremi, que la temporada pasada disputó la final de la Liga de Campeones con el Inter de Milán, sabe que este Mundial se juega en dos frentes a la vez: sobre el césped y fuera de él. "Quizás sea solo mi impresión personal", matizó al hablar de la tensión ambiental, con la cautela de quien conoce el peso de las palabras. Pero los hechos, las cifras y los titulares le dan, difícilmente, la razón.

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