FIFA World Cup 2026Publicado 3 meses atrás Lectura: 5 min

Japón, la amenaza más seria que Brasil podía encontrar en los 16vos del Mundial 2026

Los Samurai Blue llegan al cruce de octavos con un historial de victorias ante gigantes, una identidad táctica afilada y la ambición de acortar su propio "Plan de 100 años" para ganar una Copa del Mundo.

Brasil es favorito. Tiene más historia, más figuras y el peso de cinco títulos mundiales. Sin embargo, si hay una selección que ha demostrado en los últimos años que disfruta enfrentar a las grandes potencias, esa es Japón. Los Samurai Blue dejaron hace tiempo de ser una simple sorpresa. Hoy son un equipo consolidado, con identidad propia, experiencia europea y una confianza construida a base de golpes históricos. Por eso, la Canarinha tendrá mucho más que un trámite en los 16vos de final del Mundial 2026, con el partido programado para este lunes en Houston.

Un matagigantes con antecedentes muy recientes

Si hay un apodo que Japón se ganó con hechos concretos, ese es el de matagigantes. En el Mundial de Qatar 2022 protagonizó dos de las mayores sorpresas del torneo: remontó para vencer a Alemania y luego eliminó a España, terminando en el primer lugar de su grupo. Cuatro años después, en este Mundial 2026, volvió a demostrar que no le pesa enfrentar rivales de jerarquía: empató con Países Bajos, goleó 4-0 a Túnez y cerró la fase de grupos en el segundo lugar de una zona muy competitiva, sumando 7 goles anotados en tres partidos.

Pero el antecedente más reciente y más concreto lo tiene Brasil grabado en la memoria. El pasado 14 de octubre de 2025, los dos países se enfrentaron en un partido amistoso y Japón se llevó la victoria por 3-2. A ese resultado se suma una racha de victorias en amistosos previos al torneo, entre ellas un triunfo 1-0 ante Inglaterra en Wembley. Brasil sabe, o debería saber, que enfrentará a un equipo que compite sin complejos ante cualquier rival.

Una disciplina táctica que incomoda a cualquiera

Pocas selecciones están tan trabajadas tácticamente como la de Hajime Moriyasu. El esquema japonés reduce espacios, presiona con inteligencia colectiva y obliga al rival a jugar siempre incómodo. No necesita dominar la posesión para controlar el partido. Cuando recupera el balón, lo hace con velocidad y precisión, una fórmula que históricamente ha complicado a selecciones con vocación ofensiva como Brasil.

Jugadores como Daizen Maeda, Junya Ito y Ritsu Doan son piezas clave de ese sistema: atacantes rápidos, capaces de explotar los espacios que deja una defensa adelantada. Ante un Brasil que suele proyectar sus líneas hacia adelante, esa capacidad de transición puede convertirse en un arma letal. Japón necesita muy poco para hacer daño, y llega al cruce con la confianza de haber marcado 7 goles en la fase de grupos.

Europa los moldeó, pero la primera influencia fue brasileña

La mayoría de los titulares japoneses compite semanalmente en las mejores ligas del mundo, algo que reduce considerablemente la diferencia individual frente a las potencias tradicionales. Lejos quedó aquella selección que sorprendía únicamente por su entrega física. Hoy es un equipo acostumbrado a enfrentar a los mejores delanteros y mediocampistas del planeta.

Sin embargo, hay una ironía histórica en este cruce: la primera gran influencia en el fútbol japonés fue brasileña. El fútbol en Japón no se profesionalizó hasta 1992, con la creación de la J-League, y ese proceso tuvo un protagonista fundamental: Zico, quien llegó al fútbol japonés en 1991 y fue un verdadero líder en su profesionalización, primero como jugador y luego como entrenador. La filosofía del jogo bonito y décadas de intercambio entre ambas naciones forjaron parte del ADN futbolístico japonés. Ahora, ese mismo país enfrenta a su maestro histórico en busca de una de las mayores hazañas de su historia.

El crecimiento ha sido más rápido de lo previsto. Japón se clasificó por primera vez para un Mundial en 1998. En 2002, jugando en casa, llegó a octavos de final por primera vez. Hoy se mantiene entre los 20 mejores del mundo en el ranking FIFA desde 2023, y todo eso responde a un plan estructurado con precisión.

Un plan de 100 años que se acorta cada vez más

La Asociación Japonesa de Fútbol (JFA) no improvisa. En 2005 publicó un comunicado que establecía con claridad sus objetivos a largo plazo: organizar y ganar la Copa Mundial de 2050. El documento, de 58 páginas, detallaba cómo construir desde las bases, crear un entorno que atrajera a niños y adultos al fútbol, y culminar en la victoria mundialista.

"Para 2050, lograremos dos objetivos clave que nos permitirán compartir una alegría especial. La Familia del Fútbol Japonés contará con 10 millones de personas. Seremos sede de la Copa Mundial en Japón y la selección nacional japonesa será campeona."Comunicado oficial de la JFA, 2005

La idea original era aún más conservadora: un "Plan de 100 años" que contemplaba ganar el Mundial recién en 2092. Ese objetivo ya se acortó 42 años, hasta 2050. Y si depende de los propios jugadores, la fecha se acortará todavía más.

"Nuestro objetivo es sin duda ganar el Mundial. Tenemos muchas posibilidades de lograrlo. Claro que no es fácil, pero vamos a intentar ganar."Zion Suzuki, portero de Japón

Brasil tiene la presión; Japón, nada que perder

Toda la obligación recae sobre la Verdeamarela. Brasil está llamado a pelear por el título y cualquier eliminación prematura sería considerada un fracaso histórico. Japón, en cambio, afrontará el encuentro en Houston con libertad total, sin la carga de la obligación, exactamente el escenario donde ha construido sus mayores hazañas.

Sobre el papel, Brasil sigue siendo favorito. Tiene mayor talento individual y una profundidad de plantilla que pocos equipos del mundo pueden igualar. Pero si subestima a Japón, podría cometer el mismo error que ya cometieron Alemania y España en Qatar. Porque este Japón no sorprende por casualidad: compite, incomoda, castiga cada error y cree firmemente que puede eliminar a cualquiera. Y eso, en una Copa del Mundo con formato de eliminación directa, lo convierte en uno de los rivales más peligrosos que Brasil podía encontrar en los 16vos de final.

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