FIFA World Cup 2026Publicado 3 meses atrás Lectura: 6 min

La altitud del Azteca, factor decisivo en el duelo de octavos entre México e Inglaterra

A 2,240 metros de altura, los ingleses enfrentarán un deterioro de su capacidad aeróbica sin tiempo suficiente para aclimatarse antes del partido de octavos de final.

El partido de octavos de final del Mundial 2026 entre México e Inglaterra, programado en el Estadio Ciudad de México, también conocido como el Estadio Azteca, no se jugará solo con balón. La altitud de 2,240 metros sobre el nivel del mar del recinto capitalino se convierte en un factor táctico de primer orden, y dos preparadores físicos consultados explican con detalle por qué ese dato geográfico puede inclinar la balanza a favor del equipo local.

Inglaterra ha disputado todos sus partidos previos en el Mundial, tanto en fase de grupos como en los dieciseisavos de final, en sedes ubicadas en Estados Unidos, donde la altitud es considerablemente menor. Los futbolistas ingleses compiten habitualmente en Europa a una altura inferior a los 300 metros sobre el nivel del mar. El salto a 2,240 metros representa un cambio fisiológico que, según los especialistas, no puede resolverse en apenas tres o cuatro días de aclimatación.

"Es uno de los encuentros más bonitos, jugar ante México en el Azteca. Hay muchos obstáculos esperándonos, la altitud es una gran desventaja porque es imposible adaptarse en cuatro días. Estamos listos para eso. Ahora hay que creer realmente que estamos listos. Encontraremos las respuestas."Thomas Tuchel

Toma de decisiones y reflejos comprometidos

Alwin Schreiber, preparador físico del piloto mexicano de IndyCar Pato O'Ward, y Giber Becerra, quien trabajó junto a Miguel Herrera en el América y en la Selección Mexicana, coinciden en que el impacto de la altura no se limita al plano físico. La reducción de oxígeno disponible afecta directamente al cerebro y, por tanto, a la velocidad con la que los jugadores procesan información durante el juego.

"El cerebro recibe menos oxígeno. La capacidad de toma de decisiones cambia bajo mucha presión, mucho ruido y es ahí donde puede afectar. Justo es el tipo de deportes donde puede llegar a afectar: deportes con sprints intermitentes, como es el fútbol", explicó Schreiber, quien se formó como futbolista profesional en clubes como América, Pumas y Lobos BUAP antes de dedicarse a la preparación física.

Becerra añadió que la mente de un jugador no acostumbrado a la altura queda ocupada en compensar la falta de oxígeno, dejando menos margen cognitivo para leer el partido: "Para jugar necesitamos pensar. A falta de oxígeno ya me ocupo más en querer oxigenar de una mejor forma y no me da mucho espacio para procesar de manera cognitiva. Se sufre un poco."

Hasta un 8% de pérdida de rendimiento aeróbico

En términos cuantitativos, Schreiber señaló que incluso un deportista de élite puede ver reducida su capacidad aeróbica entre un 3% y un 8% por efecto de la altitud, la menor oxigenación y el cansancio acumulado. Aunque el porcentaje puede parecer moderado, en el contexto de un encuentro de octavos de final entre selecciones de alto nivel, cada décima de diferencia tiene peso real.

A ese factor se suma la deshidratación. El aire más seco de la Ciudad de México acelera la pérdida de agua a través de la respiración, aumentando el riesgo de calambres y bajadas de rendimiento en los tramos finales del partido, pese a los tiempos de hidratación reglamentarios.

El lactato, el enemigo invisible de los ingleses

Uno de los efectos más concretos que identificó Schreiber es la acumulación de lactato en los músculos. En condiciones normales de altitud, el organismo disuelve ese subproducto del esfuerzo con mayor rapidez. A 2,240 metros, ese proceso se ralentiza significativamente, lo que se traduce en piernas pesadas, sprints menos explosivos y mayor sensación de fatiga conforme avanza el partido.

"Si tienes menos oxigenación, tarda mucho más en disolverse. En un momento del partido va a llegar un punto que el lactato ya no se disuelve. Ya sentirán las piernas pesadas, cansadas, los sprints ya no son tan rápidos", detalló el especialista.

Los dos preparadores físicos coinciden en que el deterioro se acentúa a partir del minuto 60 o 70, aunque el estrés fisiológico comienza desde el calentamiento. Becerra subrayó que el corazón eleva su frecuencia cardiaca para compensar la menor cantidad de oxígeno por litro de aire, lo que supone un gasto energético adicional antes incluso del pitido inicial.

48 horas de margen, el escenario más difícil

La ciencia del deporte establece dos ventanas de aclimatación relativamente seguras: llegar al lugar del partido en las horas más inmediatas posibles o permanecer en altura durante un mínimo de dos semanas para que el organismo produzca más glóbulos rojos y se adapte. La selección inglesa llegará a la Ciudad de México el viernes, con apenas 48 horas de antelación sobre el partido, lo que según Becerra sitúa al equipo de Tuchel precisamente en el peor escenario.

"Tienes que llegar lo más cercano a tu partido, o estar por lo menos unas 2 semanas en la altura, algo que no es fácil. Como mínimo, estamos hablando de aproximadamente 2 semanas para que el cuerpo ya pueda adaptarse a oxigenar de una buena forma. Si no, empiezas a sentir los estragos: te empieza a molestar bastante el pecho, tienes dolor de cabeza."Giber Becerra

Tuchel ha sido transparente sobre la imposibilidad de resolver el problema en ese plazo. En rueda de prensa reconoció que "físicamente no podemos adaptarnos a la altitud en cuatro días, es simplemente imposible", aunque insistió en que el equipo estará preparado para competir pese a esa desventaja.

La lesión de Rice, un riesgo añadido

La situación física de Declan Rice añade otro frente de incertidumbre al planteamiento inglés. El centrocampista del Arsenal, figura central en el esquema de Tuchel, arrastra un dolor nervioso en el isquiotibial desde diciembre y tuvo que ser sustituido en los minutos finales del partido ante la República Democrática del Congo. El propio técnico alemán reveló que Rice le confesó estar "con un dolor terrible" antes de salir al campo, aunque descartó una lesión estructural. La perspectiva de jugar en altura con esa molestia preexistente eleva el riesgo de que el centrocampista no complete los noventa minutos.

México, los argumentos propios

Mientras Inglaterra gestiona sus limitaciones físicas, México llega al partido con argumentos concretos. La movilidad y el descaro de Gilberto Mora, mediocampista de 17 años con capacidad para romper líneas y cambiar el ritmo del juego, representa un problema de lectura para la medular inglesa. La potencia en transición de Julián Quiñones, capaz de castigar pérdidas de balón con aceleración y profundidad, y la intensidad de la pareja formada por Erik Lira y Luis Romo en el centro del campo configuran un equipo diseñado para incomodar la salida de balón rival y explotar los espacios en campo abierto.

Esas virtudes, combinadas con el calor de 80,000 aficionados en el Azteca y el desgaste fisiológico que la altitud impondrá a sus rivales, dibujan el escenario ideal para que México compita de igual a igual ante un rival con más jerarquía individual. La geografía, en este caso, no es un detalle menor: es parte del plan de partido.

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