FutbolPublicado 7 años atrás Lectura: 7 min

La pandemia golpea al fútbol argentino de ascenso: clubes cerrados, crisis de socios y jugadores que trabajan para sobrevivir

Mientras el coronavirus mantiene suspendida la actividad, los clubes del ascenso argentino luchan por sobrevivir con cuotas sociales desplomadas, contratos en el aire y futbolistas que combinan el fútbol con otros oficios para llegar a fin de mes.

El fútbol argentino lleva meses sin pelota, y mientras los grandes equipos de Primera División soportan la parálisis con estructuras millonarias y contratos televisivos robustos, las categorías del ascenso enfrentan una realidad radicalmente distinta. Clubes cerrados, recaudación por el piso, jugadores con contratos próximos a vencer y una presión social que supera con creces los límites de lo deportivo: esa es la postal que describe hoy a decenas de instituciones de la Primera Nacional, la Primera B, la Primera C y más abajo en la pirámide del fútbol argentino.

Cuotas sociales en caída libre

La principal fuente de ingresos de los clubes del ascenso, la cuota social, se derrumbó con una velocidad alarmante desde que comenzó el aislamiento obligatorio. En Deportivo Morón, que milita en la Primera Nacional (segunda división del país), el ingreso por cuotas cayó un 70 por ciento desde abril, sosteniéndose casi exclusivamente a través del débito automático. Ante esa realidad, la dirigencia lanzó una campaña que ofrece un descuento del 25 por ciento y una camiseta de regalo a quienes abonen todas las cuotas hasta fin de año. Sin embargo, el propio Ángel Moretto, secretario del club, reconoció que la medida no alcanza: "La cuota es una ayuda para cubrir el déficit mensual, pero no es suficiente".

En Ituzaingó, conjunto de la Primera C (cuarta categoría del fútbol argentino), el presidente Hernando Politano confirmó que la recaudación por socios cayó un 80 por ciento. El club intenta reconvertir sus canales de cobro, incentivando el pago digital mediante plataformas como Mercado Pago para evitar la presencia física en las ventanillas. La reconversión, sin embargo, es lenta, y los gastos fijos no esperan: "Hace unos días nos llegó la factura del agua y, con el club sin usarse, era más cara que la anterior. No se puede pagar", graficó Politano.

La AFA como salvavidas (temporario)

El único colchón financiero que separa a muchos de estos clubes del colapso total es la distribución de los fondos televisivos que realiza la Asociación del Fútbol Argentino (AFA). Esos aportes, derivados de los contratos de televisación, fueron comprometidos al menos hasta el 30 de junio, fecha en la que vencen los contratos de la mayoría de los futbolistas del ascenso. Qué ocurrirá a partir de ese momento es la gran incógnita que desvela a dirigentes y jugadores por igual.

En Almirante Brown, de la Primera B (tercera división), el dinero aportado por la AFA no cubre la totalidad de los salarios, pero permitió alcanzar un acuerdo con el plantel. "Si bien no llega a cubrir el total, es un gran porcentaje. Se logró un consenso entre todos para acordar un número que nos sirva a ambas partes. Si no, sería imposible sostenerse", explicó Roberto Coniglio, responsable de prensa del club. Allí, 20 contratos vencían en junio, pero la institución logró extenderlos hasta fin de año para no dejar futbolistas sin trabajo en medio de la crisis.

En Deportivo Morón, la situación de los jugadores es por ahora relativamente estable, aunque el horizonte genera incertidumbre: 15 contratos llegan a su fin el 30 de junio y el destino de esos futbolistas depende de lo que resuelvan tanto la dirigencia como la propia AFA respecto a la reanudación de los torneos.

Los jugadores hablan: entre el esfuerzo físico y la angustia laboral

Cristian Lillo, volante y referente de Deportivo Morón, describió con crudeza la cotidianeidad de los futbolistas del ascenso durante la cuarentena: "Es una situación fea. Entrenamos con lo que manda el profe todos los días, hay que hacerlo para no perder estado físico, pero entrenar solo y en un espacio reducido no está bueno". El mediocampista también puso el foco en la cuestión laboral: "No hay que olvidarse de que el jugador del ascenso vive día a día. A nadie le conviene que no arranque el fútbol y que cientos de compañeros se queden desempleados".

Por su parte, Rodrigo Alonso, delantero de Almirante Brown, valoró la comunicación fluida con la dirigencia como un factor clave para atravesar el momento: "La buena voluntad de las partes hace que la situación sea llevadera. Confiamos en la institución". Sobre la continuidad deportiva, Alonso fue directo: "Lo más lógico es que, si la situación no se modifica, no haya descensos en la temporada 2019/2020, y que los ascensos se diriman por logros deportivos. En lo que coincidimos la mayoría es en que no se eliminen los descensos en temporadas venideras, porque eso atentaría contra la competencia y afectaría a los jugadores".

El caso de Almirante Brown tiene además una arista deportiva particular: La Fragata se coronó campeón del Apertura a fines del año pasado, lo que le garantizaba un lugar en la final por el ascenso a la Primera Nacional. Pero el Clausura, que comenzó en 2020 (y cuya conquista hubiera significado el ascenso directo), fue suspendido. Cómo se resolverá esa situación es todavía una incógnita sin respuesta.

Un arquero en la clínica, no por lesión

La realidad del fútbol del ascenso argentino tiene una dimensión que los números no siempre capturan: la de los jugadores que, además de entrenar y competir, deben trabajar en otro empleo para sostener a sus familias. Blas Pisano, arquero de Ituzaingó, es un ejemplo elocuente de esa doble vida. En tiempos sin pandemia, el guardameta trabaja como personal de limpieza en una clínica de Ramos Mejía durante las tardes, luego de los entrenamientos. En días de partido, reorganiza sus horarios para poder cumplir con ambas obligaciones.

Hoy, su jornada laboral tiene una carga adicional de riesgo: "Es delicado, lo tengo que hacer con la máxima precaución para evitar un contagio. Vivo en Merlo y voy hasta Ramos en auto". Pisano describe un ambiente sanitario reducido al mínimo: "Estamos yo, una enfermera, el médico de guardia de adultos, el de pediatría y una persona de administración. A los pacientes los atienden solo para urgencias. Por ahora no tuvimos ningún ingreso con sospecha de coronavirus, pero hay que estar atentos y cuidarse mucho".

Gimnasios convertidos en hospitales y ollas populares en la puerta del club

La crisis que atraviesan los clubes del ascenso trasciende lo futbolístico para adentrarse de lleno en lo social. Almirante Brown, ubicado en el corazón de Isidro Casanova, una de las zonas más populosas del conurbano bonaerense, convirtió el gimnasio de su sede social en un hospital de emergencia con 80 camas, puesto a disposición ante un eventual colapso sanitario en la zona. La iniciativa surgió a partir de un pedido del ministro de Seguridad bonaerense, Sergio Berni, al presidente del club, Maximiliano Levy.

En tanto, Deportivo Morón e Ituzaingó organizan ollas populares para asistir a vecinos y socios que no pueden afrontar la crisis económica derivada de la cuarentena extendida. Cristian Lillo, además de futbolista, preside la Sociedad de Fomento Alianza, el club de barrio donde se formó como jugador. "Hacemos ollas populares porque hay gente que no da más. Tomamos la decisión, con todas las precauciones, de ayudar a los vecinos para que puedan comer. Recibimos donaciones, pero socialmente está todo muy difícil", relató el volante. En Ituzaingó, las ollas funcionan en la Ciudad Deportiva del club, a pocas cuadras del estadio.

El horizonte: protocolos, contratos y un torneo sin fecha

Deportivo Morón ya presentó ante la AFA un protocolo sanitario para retomar los entrenamientos presenciales a partir de fines de julio, condicionado a las habilitaciones del organismo rector y del Ministerio de Salud. Pero el regreso a las canchas depende de variables que ningún dirigente ni futbolista controla: la evolución epidemiológica, las decisiones gubernamentales y la capacidad financiera de los clubes para sostener los planteles hasta que el fútbol vuelva a generar ingresos propios.

Lo que está claro, en todos los estratos del ascenso argentino, es que la pelota hoy ocupa un lugar secundario. Antes que el resultado del próximo partido, los clubes priorizan pagar los sueldos de sus empleados, mantener abiertos los canales de diálogo con los jugadores y tender una mano a los barrios que los rodean. El fútbol del ascenso siempre vivió al límite; la pandemia simplemente hizo visible, con una crudeza inédita, lo que muchos sabían desde hace años.

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