Lucas Pratto rompe el silencio: casi a las piñas con Palermo en Olimpia y la deuda de River que forzó su salida
El delantero de 37 años, hoy en Sarmiento de Junín, abrió su corazón sobre los episodios más tensos de una carrera que lo llevó desde Boca hasta la gloria continental en el Monumental.
Lucas Pratto habla con la franqueza de quien sabe que está cerrando un ciclo. A sus 37 años, el delantero conocido como el Oso milita en Sarmiento de Junín y reconoce sin vueltas que transita el tramo final de su vida profesional. En una extensa entrevista concedida al medio Clank!, el atacante repasó una trayectoria que lo llevó por cinco países y más de diez clubes, y no esquivó los momentos más oscuros: una lesión mal diagnosticada en Paraguay, una pelea al límite de lo físico con un entrenador al que adora, y una salida de River Plate condicionada por una deuda que el club jamás saldó a tiempo.
Una carrera con escala en medio mundo
Para entender el peso de las revelaciones de Pratto hay que tener presente el recorrido que las precedió. Surgido de las inferiores de Boca Juniors, el delantero no encontró continuidad en el Xeneize y fue Universidad Católica de Chile el club donde terminó de definirse como goleador de nivel. Desde Santiago, su carrera despegó con paradas en Vélez Sársfield, donde cosechó títulos en Argentina, y luego en el exterior: el Feyenoord de Países Bajos, el Genoa de Italia, el Atlético Mineiro y el San Pablo de Brasil completaron un mapa que pocos delanteros argentinos de su generación pueden exhibir. El punto más alto, sin embargo, llegaría con la camiseta de River Plate y con dos goles grabados a fuego en la historia del fútbol sudamericano.
Olimpia: la lesión ignorada y el choque con Palermo
Antes de ese capítulo glorioso, Pratto pasó por Olimpia de Paraguay, experiencia que dejó dos heridas: una física y otra emocional. Según relató el propio delantero, el cuerpo médico del Decano no detectó un desprendimiento del tendón que había sufrido durante su estadía en el club. La lesión fue tratada erróneamente como un desgarro, lo que postergó la recuperación real y condicionó su rendimiento durante meses. Una negligencia diagnóstica que, a la distancia, todavía le genera malestar.
Pero la anécdota que más llamó la atención fue la que involucra a Martín Palermo, ídolo histórico de Boca y entrenador de Olimpia durante ese período. Pratto eligió sus palabras con cuidado, pero sin eufemismos: "Yo lo adoro, es la persona más importante en mi carrera. Cuando empecé me ayudó muchísimo. Sin embargo, cuando lo tuve como entrenador casi nos vamos a las manos". El ex delantero no profundizó en los detalles específicos del conflicto, pero dejó en claro que la relación entre jugador y técnico generó rispideces que estuvieron a punto de salirse de cauce. La paradoja es llamativa: el hombre que más influyó en su formación como futbolista fue también el que protagonizó uno de sus momentos de mayor tensión.
Que Pratto reconozca públicamente haber llegado al límite del choque físico con un entrenador al que considera determinante en su vida habla tanto de la honestidad del jugador como de la intensidad que pueden alcanzar las relaciones dentro de un vestuario de alto rendimiento. En el fútbol profesional, la convivencia diaria entre egos, presiones y objetivos dispares convierte cualquier vínculo en un terreno potencialmente explosivo.
La noche más grande: Madrid 2018
Entre tanta turbulencia, el momento cumbre de la carrera de Pratto fue nítido y sin sombras. El 9 de diciembre de 2018, en el Estadio Santiago Bernabéu de Madrid, River Plate se consagró campeón de la CONMEBOL Libertadores ante Boca Juniors en una final que tuvo que trasladarse de Buenos Aires a Europa por los disturbios del 24 de noviembre. Pratto convirtió dos goles en esa noche histórica, que terminó con una victoria 3-1 del Millonario. Su nombre quedó inscripto para siempre en el olimpo de la institución de Núñez, y su imagen festejando en el césped madrileño forma parte del imaginario colectivo de los hinchas de River.
La deuda que rompió el vínculo con River
Sin embargo, el adiós al club que le dio la gloria más grande no fue un cuento de hadas. Pratto detalló con precisión el mecanismo que terminó con su vínculo en River Plate, y las palabras que eligió son contundentes: "River tenía una deuda muy grande conmigo y les dije: o me pagás la deuda o me considero libre". El jugador no especificó montos ni conceptos exactos de esa deuda, pero el planteo fue categórico: ante el incumplimiento económico, reclamó su libertad de acción.
Lo que siguió fue, según su propio relato, una situación que lo incomodó profundamente desde el punto de vista humano. Pratto entrenaba al margen del grupo principal, solo con un preparador físico, sin integrarse a las prácticas colectivas del equipo. Una condena silenciosa que el jugador rechaza desde su propia escala de valores: "Yo no hubiera permitido nunca como entrenador que un jugador de mi plantel se entrene solo con un profe. Yo creo que ni a los dirigentes ni al cuerpo técnico le servía que yo esté en el plantel".
La reflexión va más allá de su caso personal. Pratto establece una posición clara sobre cómo debería tratarse a un futbolista en esa situación, independientemente de si se cuenta con él o no: "Yo como persona, no permitiría siendo entrenador que, por más que un jugador no sea tenido en cuenta, se entrene solo con un profe". En pocas palabras: la marginalización como herramienta de presión le parece una práctica indigna, y lo dice sin necesidad de nombrar culpables directos.
El final de una era
Instalado hoy en Sarmiento de Junín, Pratto asume con naturalidad que está en el ocaso de su carrera como jugador. A los 37 años, el físico marca sus límites y el horizonte profesional se acorta. Lo que no mengua es la lucidez con la que analiza cada etapa vivida: los errores propios y ajenos, los vínculos rotos, las noches de gloria y los silencios incómodos.
Su trayectoria incluye títulos en Argentina (con Vélez), consagraciones continentales (con River), experiencias en cinco países distintos y la rara valentía de hablar sin filtros cuando el fútbol suele premiar el silencio cómplice. En ese sentido, las declaraciones sobre Palermo y River no son una deuda pendiente que Pratto cobrara tardíamente, sino el testimonio honesto de un hombre que vivió el fútbol con toda su intensidad, incluyendo las partes que no salen en los pósteres de campeón.
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