FutbolPublicado 4 meses atrás Lectura: 5 min

Matías Espíndola, sobrino de Riquelme: "En correr soy mejor que él; imposible que haga algo más"

El mediocampista de 22 años, figura de Deportivo Maldonado, líder del Campeonato Uruguayo 2026, habla de su crecimiento en el fútbol charrúa, de la influencia de su tío y del salto que dio al dejar Tigre.

Matías Espíndola tiene 22 años, juega en el mediocampo de Deportivo Maldonado y lleva en el apellido materno uno de los nombres más grandes de la historia del fútbol sudamericano: su tío es Juan Román Riquelme, ídolo y actual presidente de Boca Juniors. Pero lejos de vivir a la sombra del mito, el joven argentino está construyendo su propio camino en el fútbol uruguayo, donde su equipo marcha como líder de la Tabla Anual del Campeonato Uruguayo 2026.

De Tigre a Maldonado: un salto necesario

La historia de Espíndola en Uruguay comenzó en enero de 2025, cuando decidió abandonar la comodidad de Tigre, club donde recorrió todas las categorías formativas hasta llegar a Primera División, para apostar por un proyecto distinto al otro lado del Río de la Plata.

"De novena a Primera jugué en Tigre. Necesitaba salir de una comodidad y salió la oportunidad en Deportivo Maldonado", explicó el mediocampista. El traslado no fue solo deportivo, sino también institucional: "Mi ficha es casi cien por ciento de Deportivo, le quedó un porcentaje a Tigre".

La decisión resultó acertada. Maldonado, un club histórico del interior uruguayo que en los últimos años ha apostado fuertemente por el mercado regional, encontró en Espíndola una pieza diferencial en el mediocampo. Y el jugador, por su parte, encontró el entorno ideal para acelerar su desarrollo.

El fútbol uruguayo como escuela

Espíndola reconoce con honestidad que el salto al campeonato charrúa le exigió transformarse como futbolista. Su perfil, antes más intermitente, ha adquirido mayor consistencia y presencia en el juego.

"El fútbol uruguayo me fue formando bastante. Yo era más lagunero, con apariciones cada tanto, y hoy me puede hacer completo en el sentido de tratar de dominar más el juego durante todo el partido. Trato de ayudar siempre al equipo e ir para adelante", afirmó el mediocampista.

La descripción que hace de sí mismo como "lagunero" es reveladora. En el argot futbolístico rioplatense, el término define a jugadores que esperan el momento para brillar pero no tienen continuidad dentro de los partidos. Pasar de esa etiqueta a ser un mediocampista que busca dominar los noventa minutos implica un cambio de mentalidad tan importante como el técnico.

Parte de esa evolución tiene nombre propio: Gabriel Di Noia, el entrenador de Deportivo Maldonado. Espíndola describe una relación de trabajo que equilibra la disciplina táctica con la libertad creativa, una combinación infrecuente y valiosa.

"Gabi trabaja mucho y me hace ver ciertos espacios, pero después me pide también que sea libre, que si yo veo otra cosa que no entrenamos para recibir solo, que lo haga. Me da algunos consejos para saber dónde pararme, pero también me deja ser libre", contó el jugador.

Esa confianza del técnico en el criterio del futbolista es, probablemente, uno de los factores que más ha contribuido al crecimiento de Espíndola. Un mediocampista creativo necesita parámetros, pero también aire para improvisar.

El vínculo con Riquelme: cercanía sin dependencia

Inevitablemente, cualquier conversación sobre Matías Espíndola pasa tarde o temprano por su tío. Juan Román Riquelme, elegido el mejor jugador de la historia de Boca Juniors por sus propios hinchas, es también el hermano de su madre, lo que convierte a esta historia en algo más que una simple coincidencia de apellido.

"No me gusta molestarlo mucho, pero sé que si le mando un mensaje me contesta enseguida o si lo llamo está. Cuando voy a Argentina, trato de comer algo con él y la familia. Es el hermano de mi mamá", describió Espíndola con naturalidad.

Esa cercanía, sin embargo, no se tradujo en una dependencia futbolística. El sobrino creció observando al tío, absorbiendo sus gestos técnicos, su forma de entender el juego. Y esos momentos, aparentemente cotidianos, dejaron huella.

"Tuve la suerte de verlo jugar de cerca, en la cancha de Boca o mismo en un baby, en un fútbol cinco. Verlo ahí y que no perdiera la pelota, frenar la pelota súper bien, son cosas que te quedan", recordó con admiración genuina.

La imagen es poderosa: uno de los futbolistas más técnicos de la historia del fútbol argentino, controlando un balón en una canchita de fútbol cinco mientras su sobrino lo observa. Ese tipo de aprendizaje informal, el que no aparece en ningún libro de entrenamiento, tiene un valor incalculable.

La única ventaja sobre el ídolo - con una sonrisa

Cuando se le preguntó directamente en qué aspecto podría superarlo, Espíndola respondió entre risas y con una honestidad desarmante: "En correr, lo único. Imposible que haga algo mejor que él".

La respuesta, más allá del humor, dice mucho sobre la humildad del jugador y sobre la dimensión casi mítica que Riquelme ocupa en su imaginario. No es una reverencia forzada, sino la convicción genuina de alguien que lo vio jugar desde niño y sabe exactamente lo que significa ese nivel de dominio técnico.

Y ante la clásica pregunta del fútbol argentino - Riquelme o Messi - Espíndola no dudó ni un instante: "Román, toda la vida".

Un equipo líder y una proyección en alza

El contexto deportivo de Espíndola es inmejorable. Deportivo Maldonado encabeza la Tabla Anual del Campeonato Uruguayo 2026, un indicador que acumula puntos a lo largo de todo el año y que tiene implicaciones directas en la clasificación a competencias internacionales. Liderar ese registro no es casual: responde a un trabajo colectivo sostenido.

Para Espíndola, este presente representa exactamente lo que buscaba cuando tomó la decisión de cruzar el Río de la Plata. Un equipo protagonista, un entrenador que confía en él y un campeonato que lo está convirtiendo en un jugador más completo. El sobrino de Riquelme está escribiendo su propia historia, y lo hace a su manera: con la pelota en los pies, dominando los noventa minutos y dejando las comparisons para cuando le preguntan.

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