FIFA World Cup 2026Publicado 3 meses atrás Lectura: 5 min

Mohamed Salah y su gran revancha pendiente: llevar a Egipto más allá del fantasma de Rusia 2018 en el Mundial 2026

El astro egipcio llega al torneo de América del Norte con 34 años, una cuenta sin saldar desde Rusia 2018 y la misión histórica de superar los octavos de final, el techo máximo de los Faraones en una Copa del Mundo.

Hay jugadores que lo ganan todo y, sin embargo, cargan con una herida que ningún título de club logra cerrar del todo. Mohamed Salah es uno de ellos. El atacante de Liverpool, considerado por muchos como el mejor futbolista africano de su generación, tiene una cuenta pendiente con los Mundiales de Selecciones, la única mancha real en una carrera repleta de éxitos individuales y colectivos. El Mundial 2026, que se disputará entre Estados Unidos, Canadá y México, será su oportunidad de reescribir esa historia.

Un palmarés de élite que no alcanza para callar la voz interior

Para entender la magnitud de lo que Salah busca en 2026, conviene repasar lo que ya ha conquistado. Con el Liverpool, el nacido el 15 de junio de 1992 en Nagrig, una pequeña localidad en el delta del Nilo, levantó la UEFA Champions League en la temporada 2018-2019, la Premier League en 2020 y en 2025, la Supercopa de Europa en 2020 y la Copa de la Liga inglesa, entre otros títulos. En el plano individual, ha sido elegido mejor jugador de la Premier League en múltiples ocasiones y ostenta registros goleadores que lo sitúan entre los grandes de la historia del fútbol inglés.

Con la camiseta de Egipto, los trofeos no han llegado, pero su huella es igualmente monumental. Salah se convirtió en el máximo goleador histórico de las Eliminatorias Africanas, con 19 goles anotados a lo largo de sus diferentes procesos clasificatorios. Además, lideró a los Faraones hasta dos finales de la Copa Africana de Naciones en la última década, en 2017 y 2021, aunque en ambas ocasiones el título se escapó de sus manos. Su influencia sobre el fútbol continental es incuestionable, pero el escenario mundialista ha sido, sistemáticamente, un territorio hostil.

Rusia 2018: el Mundial que todavía duele

El primer y hasta ahora único Mundial de Salah fue Rusia 2018, y resultó un episodio marcado por el dolor físico y la decepción colectiva. El extremo llegó al torneo con el hombro izquierdo seriamente dañado, producto de una caída durante la final de la Champions League ante el Real Madrid apenas semanas antes. Jugó al límite, con evidente compromiso y valentía, y anotó dos goles, pero no fue suficiente para evitar la debacle.

Egipto cayó derrotado ante los tres rivales del grupo: Uruguay (0-1), el anfitrión Rusia (1-3) y Arabia Saudita (1-2). Cero puntos, eliminación en fase de grupos y la sensación amarga de haber desperdiciado una clasificación que había costado años de sacrificio. Para un jugador de la ambición y el nivel de Salah, aquella experiencia dejó una cicatriz difícil de borrar.

Qatar 2022: el penalti que no se olvida

Si Rusia 2018 fue doloroso, lo ocurrido en las Eliminatorias para Qatar 2022 rozó la tragedia deportiva para Salah. Egipto llegó al partido decisivo contra Senegal, con Sadio Mané como figura estelar del rival, en un duelo que concentró toda la atención del continente africano. El encuentro terminó en empate y la clasificación se decidió en la tanda de penaltis.

Fue entonces cuando Salah, el hombre que nunca falla, el goleador implacable en la Premier League, envió su disparo fuera. Egipto quedó eliminado. Él no viajó a Qatar. La imagen del astro cabizbajo tras fallar desde los doce pasos se instaló en la memoria colectiva del fútbol africano y, sobre todo, en la suya propia. Todavía hoy se siente directamente responsable de que su selección se quedara fuera del torneo.

Esa herida no cerrada es, precisamente, el combustible que lo ha empujado con renovada intensidad hacia el Mundial 2026.

La clasificación para América del Norte: una declaración de intenciones

Con 34 años y la conciencia de que esta será, con toda probabilidad, su última Copa del Mundo, Salah ha liderado a Egipto en unas Eliminatorias Africanas para el recuerdo. Los Faraones cerraron la fase clasificatoria con un balance extraordinario: ocho victorias, dos empates y ninguna derrota, convirtiéndose en el mejor equipo de toda la clasificación africana.

El propio Salah marcó el momento simbólico de la clasificación con un doblete ante Yibuti, el gol que certificó matemáticamente el pasaje a América del Norte. Un tanto cargado de significado para quien lleva años esperando esta segunda oportunidad. No fue un gol cualquiera; fue el inicio de la revancha.

El grupo y las opciones reales de los Faraones

En el sorteo del Mundial 2026, Egipto quedó encuadrado en un grupo con Bélgica, Irán y Nueva Zelanda. Un cuadro accesible para un equipo con las credenciales que atesoran los Faraones, aunque ningún rival en un Mundial debe tomarse a la ligera.

Salah sabe que no estará solo en este desafío. A su alrededor, ha crecido una generación de futbolistas egipcios de nivel continental e internacional que refuerzan la solidez del conjunto:

  • Omar Marmoush, delantero del Manchester City, uno de los jugadores más en forma de Europa durante la temporada 2024-2025.
  • Mahmoud Hassan "Trezeguet", veterano extremo con experiencia en la Premier League y referente histórico del ataque egipcio.
  • Mostafa Mohamed, goleador con presencia internacional y uno de los puntales del ataque en los últimos ciclos.

Con ese arsenal ofensivo, la aspiración de superar la fase de grupos no solo parece razonable, sino que resulta la expectativa mínima para un equipo que llegará al torneo con la moral por las nubes.

La marca histórica que Egipto quiere romper

El objetivo, sin embargo, va más allá de pasar la primera ronda. El gran reto histórico de esta selección es superar su mejor actuación en una Copa del Mundo: los octavos de final alcanzados en Italia 1934, hace más de noventa años. Un techo que ninguna generación posterior ha logrado igualar, mucho menos superar.

Salah es perfectamente consciente de ese dato y de lo que significaría para el fútbol egipcio, para el continente africano y para su propio legado rebasar esa barrera. Un jugador que ha ganado Champions League, que ha sido el terror de las defensas de la Premier League durante casi una década, merece despedirse de los Mundiales con algo más que un recuerdo amargo.

La historia le da una segunda oportunidad. Mo Salah no tiene ninguna intención de desaprovecharla.

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