Neymar estalla contra las críticas tras un polémico gesto en la derrota de Santos ante Fluminense
El astro brasileño tuvo que salir a aclarar en redes sociales el significado de llevarse los dedos a las orejas al retirarse al vestuario, en medio de una crisis deportiva que deja al Santos a solo un punto de la zona de descenso.
No hay tregua para Neymar en su regreso al Santos. El número 10 del Peixe protagonizó este domingo una nueva polémica extradeportiva tras la derrota de su equipo ante Fluminense por 3-2 en Vila Belmiro, correspondiente a la fecha 12 del Brasileirao. Las cámaras televisivas captaron al delantero llevándose los dedos a las orejas mientras caminaba hacia el vestuario al término del partido, un gesto que encendió las redes sociales y fue interpretado por numerosos observadores como una respuesta desafiante a los silbidos y reproches que llegaban desde las tribunas locales.
La lectura del gesto no tardó en viralizarse, y Neymar optó por responder con contundencia a través de su cuenta de Instagram, donde dejó claro que no estaba dispuesto a tolerar lo que considera una persecución mediática desproporcionada. "¡Llegó el día en que tengo que explicar una rascada de oreja!", escribió el extremo, con visible fastidio. "Sinceramente se están poniendo demasiado pesados y cruzando los límites. Es muy triste tener que convivir con esto. No hay ser humano que aguante", añadió en el mismo mensaje, que también fue acompañado de reacciones directas a diversas cuentas que difundieron el video del momento.
Un ambiente enrarecido alrededor del ídolo
Lo ocurrido el domingo no es un episodio aislado. Solo cinco días antes, Neymar ya había protagonizado un tenso cruce con aficionados del propio Santos al concluir el empate 1-1 ante Deportivo Recoleta en la Copa Sudamericana. En aquella ocasión también tuvo que salir a dar explicaciones, aunque con un tono más conciliador: "Entiendo a los hinchas que critican nuestro juego, pero cuando se vuelve personal y me atacan de manera diferente, no lo puedo aceptar", declaró, precisando que en el intercambio con los seguidores se abordaron cuestiones de índole personal.
En menos de una semana, el jugador más mediático de Brasil ha tenido que lidiar dos veces con la tensión entre sus actuaciones en el campo y la presión de una afición que, desde su regreso al club que lo vio nacer, espera resultados inmediatos. La situación refleja la fragilidad del vínculo entre el ídolo y su entorno más cercano, precisamente en el momento en que el equipo más lo necesita unido.
Un partido que se escapó dos veces
Más allá del ruido extradeportivo, el encuentro ante Fluminense dejó una imagen futbolística preocupante para el Santos. El equipo llegó a ponerse por delante en el marcador en dos ocasiones distintas, pero fue incapaz de mantener la ventaja ninguna de las dos veces.
- Gabigol abrió el marcador para el Santos y le dio al equipo el primer liderato en el tanteo.
- Álvaro Barreal anotó el segundo gol santista para volver a poner al Peixe por delante después de que Fluminense igualara.
- Por el lado visitante, Jefferson Savarino, Rodrigo Castillo y John Kennedy fueron los responsables de los tres tantos del Tricolor, que terminó remontando para llevarse los tres puntos de Vila Belmiro.
La incapacidad para gestionar las ventajas es uno de los males crónicos que arrastra el Santos en este Brasileirao, y el partido del domingo lo ilustró con precisión quirúrgica: dos veces al frente, dos veces remontado, y al final una derrota que duele especialmente por el contexto clasificatorio.
La sombra del descenso, cada vez más cercana
El resultado coloca al Santos en una situación de alarma real en la tabla. Tras 12 jornadas disputadas en el campeonato brasileño, el club paulista se encuentra a tan solo un punto de Corinthians, que ocupa el último puesto que da acceso a los puestos de descenso a la Serie B. En un torneo donde el formato de liga penaliza sin piedad la irregularidad, la acumulación de tropiezos comienza a pesar de manera determinante en el casillero del equipo.
El Santos, uno de los clubes más históricos del fútbol sudamericano, con cinco títulos del Brasileirao y dos Copas Libertadores en su palmarés, vivió el trauma del descenso a la segunda división en 2023, del que regresó en 2024. La posibilidad de repetir ese escenario catastrófico no es ya una hipótesis lejana, sino una amenaza estadísticamente tangible a estas alturas de la temporada.
El peso del número 10
El regreso de Neymar al Santos a principios de 2025, tras su salida del Al-Hilal saudí, generó una expectativa inusitada en todo el fútbol brasileño. Su vuelta al club de Santos, ciudad y equipo donde se forjó como futbolista antes de dar el salto al Barcelona en 2013, fue recibida con euforia popular. Sin embargo, las lesiones, las ausencias y un rendimiento por debajo de lo esperado han ido desgastando el entusiasmo inicial.
Con 33 años, Neymar ya no es el desequilibrante absoluto que maravilló en el Camp Nou o levantó la Champions League en 2015. Pero la vara con la que se le mide en Vila Belmiro sigue siendo altísima, y cada derrota, cada gesto, cada declaración se convierte en material de debate nacional. El episodio del domingo es, en ese sentido, un termómetro perfecto de la tensión que rodea al astro en este regreso a casa que, por ahora, dista mucho de tener el guion soñado.
El Santos tendrá que reaccionar cuanto antes si no quiere verse atrapado en una lucha por la permanencia que, esta vez, podría resultar aún más difícil de resolver que la anterior. Y Neymar, guste o no, seguirá siendo el espejo en el que se reflejará cada acierto y cada fracaso del equipo.
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