Liga Profesional de ArgentinaPublicado 2 meses atrás Lectura: 4 min English

River lleva 28 partidos sin remontar y busca recuperar su identidad con Ponzio

Ni los refuerzos ni Coudet lograron convertir el talento individual en un funcionamiento colectivo reconocible.

Veintiocho partidos. Ese es el número que resume el momento de River, más que cualquier posición en la tabla. Hace 28 encuentros que el equipo no logra dar vuelta un resultado después de recibir un gol. No es una racha, es un síntoma. Y con Eduardo Coudet afuera y Leonardo Ponzio al frente de manera interina, ese dato dice más sobre lo que viene que cualquier análisis táctico.

Porque el problema de fondo no es quién dibuja el equipo los martes en Ezeiza. El problema es más viejo y más hondo: River lleva dos ciclos completos sin encontrar una identidad futbolística que lo sostenga cuando las cosas se complican.

Un mal que viene de antes

Ya con la salida de Marcelo Gallardo tras su segundo ciclo, el diagnóstico circulaba puertas adentro de Núñez: no alcanzaba con cambiar de entrenador o de nombres en la lista de citados. Hacía falta un cambio de mentalidad. Adentro de la cancha se veían jugadores desconectados, con poco compromiso en los momentos que definen los partidos. Un fin de ciclo que se había gastado desde adentro.

Con Coudet hubo una diferencia real al principio: los resultados aparecieron. El equipo sumó, encadenó triunfos y llegó a la final del Torneo Apertura frente a Belgrano. Ahí llegó el primer golpe fuerte. Y detrás de esos números había algo que nunca terminó de cerrar: River ganaba, pero no construía una forma de jugar reconocible. Esa tensión, acumulada partido tras partido, terminó estallando.

La derrota en esa final fue el quiebre. Después vino la decisión de apartar a 15 jugadores del plantel, la imagen que quedó grabada del contenedor ubicado en la calle Cantilo, y la salida de Juan Fernando Quintero, que rescindió su vínculo con el club. La eliminación en la Copa Argentina ante Aldosivi en Salta profundizó la crisis, y aunque el triunfo frente a Argentinos dio un poco de aire, la serie ante Independiente Santa Fe terminó de sentenciar el ciclo.

Ni siquiera las incorporaciones de peso, como Nicolás Otamendi, Ángel Correa y Thiago Almada, alcanzaron para transformar ese potencial individual en un funcionamiento colectivo. El pecado de Coudet no fue una derrota puntual: fue no convertir un plantel con recursos en un equipo reconocible.

Lo que le toca a Ponzio (y a quien venga después)

Ahora, con Ponzio al mando, sea por un puñado de partidos o por más tiempo, el club vuelve a chocar contra el mismo muro. Los futbolistas están. El talento, también. Lo que falta es otra cosa: confianza, fortaleza mental, capacidad de reacción cuando el marcador se pone en contra.

Ese dato de los 28 partidos sin remontar explica, en parte, por qué el Monumental dejó de ser aquella fortaleza histórica. River viene perdiendo en su propia casa ante rivales que antes no le hubieran generado tanta exigencia.

Por eso lo primero que tiene que cambiar no es el sistema táctico. Es el ánimo del plantel. Reconstruir vínculos en el vestuario, devolverle la confianza a jugadores golpeados por meses difíciles y lograr que cada uno asuma su responsabilidad dentro de la cancha. La idea tiene que ser simple: cada partido, una oportunidad para empezar de nuevo.

El desafío más profundo, en el fondo, es recuperar una identidad. River construyó históricamente una manera de entender el fútbol basada en el protagonismo, en ir a buscar los partidos, en una idea clara de juego. Eso no depende de un técnico en particular. La salida de Gallardo mostró que el desgaste puede consumir la energía de un plantel entero. El paso de Coudet dejó otra enseñanza: los resultados solos no alcanzan si no hay un funcionamiento detrás.

Ponzio ya tiene la misión de empezar a reconstruir desde adentro. Y si en algún momento llega otro entrenador, va a heredar exactamente la misma tarea: transformar un plantel con nombres importantes en un equipo que vuelva a reconocerse a sí mismo dentro de la cancha. Las copas internacionales y los objetivos deportivos van a llegar después. Antes de eso, River necesita volver a creerse River.

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