FIFA World Cup 2026Publicado 3 meses atrás Lectura: 6 min

Suiza en el Mundial 2026: de rival incómodo a candidato con argumentos propios

El combinado helvético llega al torneo con una plantilla de mayor calidad que en ediciones anteriores, bajo la conducción de Murat Yakin, y con la ambición de romper por primera vez el techo de los octavos de final.

Quienes siguieron las últimas actuaciones de Suiza en los Mundiales se toparon con un problema al intentar encasillarla en el estereotipo fácil. Lejos de la imagen del pueblo preocupado exclusivamente por la puntualidad y el orden, lo que mostraron fue un equipo ardoroso, respaldado por una hinchada que vive la Copa del Mundo con una intensidad que desmiente cualquier lugar común. Ese carácter, combinado con el oficio acumulado en años de competencia internacional, convirtió a Suiza en un rival que puede incomodar a cualquiera. Y en el Mundial 2026, esa incomodidad promete tener mayor sustento técnico que nunca.

Una mejora que no fue casualidad

El ascenso de Suiza en el mapa del fútbol mundial durante las últimas dos décadas no obedeció al azar. Fue el resultado de un trabajo serio y sostenido en todas las áreas del seleccionado, acompañado por la aparición de futbolistas con una calidad que antes solo se encontraba fuera de sus fronteras. El combinado helvético disputa su sexto Mundial consecutivo, una regularidad que habla por sí sola de la solidez de su estructura.

Es cierto que el ciclo reciente supuso la despedida de referentes mayúsculos. El arquero Yann Sommer y el volante Xherdan Shaqiri, capaz de aparecer en los momentos más difíciles con una solución de calidad, ya no forman parte del proyecto. Pero el plantel actual tiene nombres propios de primer nivel europeo que compensan esas ausencias.

El capitán Granit Xhaka es figura excluyente del Sunderland, revelación de la Premier League. El defensor central Manuel Akanji, tras su exitoso paso por el Manchester City con el que ganó en 2023 la Champions League, la Premier League y la FA Cup en un solo año, es hoy pilar del Inter campeón de la Serie A. Y el lateral izquierdo Ricardo Rodríguez, uno de los más históricos de la selección, sigue activo en el Real Betis.

A ese grupo de veteranos con palmarés se suman nombres en ascenso. Dan Ndoye llegó esta temporada al Nottingham Forest por 45,000,000 de euros, después de convertir para el Bologna el gol ante el Milan en la final de la Copa Italia 2025, el primer título importante del equipo boloñés en 51 años. Y más reciente aún es la irrupción de Johan Manzambi, de apenas 20 años, que deslumbra en el mediocampo del Friburgo, subcampeón de la Europa League, y está en la agenda de clubes como Arsenal, Chelsea y Bayern Munich.

De Leopold Kielholz al récord más goleador de la historia

Para entender el presente helvético conviene repasar el camino recorrido. Durante décadas, la historia mundialista de Suiza se adornaba con datos pintorescos antes que con hazañas deportivas. El delantero Leopold Kielholz es una de esas figuras: marcó en 1934 el primer gol del seleccionado en la Copa del Mundo, en un triunfo 3-2 ante Países Bajos, y fue además el primer jugador en toda la historia del torneo en disputar un partido con anteojos, un récord que se mantuvo durante 64 años hasta que el neerlandés Edgar Davids repitió la hazaña en 1998.

Ese mismo torneo de 1934 vio a Suiza avanzar hasta los cuartos de final, al igual que en 1938. En casa, en el Mundial de 1954, también llegó a esa instancia, aunque con el recuerdo agridulce de haber protagonizado el partido más goleador de la historia de la competición: una derrota 7-5 ante Austria. Meterse entre los ocho mejores en tres ocasiones sigue siendo, hasta hoy, el mejor resultado absoluto de Suiza en Mundiales.

El regreso moderno al protagonismo llegó con el equipo de 1994, que tenía como emblema al delantero Stephane Chapuisat, figura del Borussia Dortmund, y que cayó ante España en octavos de final. Aquel combinado preservaba todavía esa apariencia de orden germánico que le valió al escritor Roberto Fontanarrosa uno de sus chistes más recordados en crónica mundialista.

Al momento del pitazo final del árbitro, los suizos ya estaban en la terminal del aeropuerto con sus valijas y listos para embarcar.Roberto Fontanarrosa

El techo de cristal de los octavos de final

En las cinco ediciones mundialistas más recientes, Suiza superó la fase de grupos en cuatro ocasiones. El punto más bajo fue 2010, cuando quedó eliminada en primera ronda, aunque con la gloria de haber derrotado 1-0 a España en el debut, la misma España que ganaría todos los partidos restantes hasta alzar la copa. En 2014, fue uno de los rivales que más dificultades le generó a la Argentina de Alejandro Sabella en su camino a la final: la Selección necesitó un gol de Ángel Di María sobre el final del tiempo suplementario para imponerse 1-0, y Suiza todavía tuvo una enorme oportunidad para igualar en la última jugada del partido.

El déficit que persiste es claro: en ninguna de esas participaciones logró atravesar el techo de los octavos de final. Ni siquiera en la Eurocopa 2024, donde el nivel mostrado fue notable: superó la fase de grupos, venció con comodidad 2-0 a Italia en octavos y recién encontró el límite en cuartos ante Inglaterra, que se impuso en la definición por penales.

Yakin, el técnico que despejó dudas

Al frente del proyecto está Murat Yakin, el mismo entrenador del Mundial pasado, que asumió en 2021 con su trayectoria como futbolista de una década en el seleccionado como principal aval. Las dudas iniciales, generadas por el hecho de que su último club dirigido había sido el modesto FC Schaffhausen de la Segunda División suiza, quedaron disueltas por los resultados. El técnico ha demostrado solidez táctica y capacidad para gestionar plantillas con perfiles muy distintos.

En el Mundial 2026, Suiza llegó liderando el Grupo B, por encima de Canadá, uno de los países anfitriones del torneo. La clasificación en primer lugar no es un dato menor: habla de un equipo que ya no se conforma con participar y que compite con ambición desde el primer partido.

Al igual que el plantel que conduce, está ante una gran oportunidad de demostrar que Suiza puede ser algo más que un equipo incómodo y empezar a competir en serio entre los grandes.

El reto para Yakin y los suyos es concreto: romper por primera vez la barrera de los octavos de final en un Mundial. Con una generación que combina experiencia de élite, juventud desbordante y un sistema colectivo sólido, el seleccionado helvético tiene más argumentos que nunca para conseguirlo. La pregunta ya no es si Suiza puede ser incómoda, sino hasta dónde puede llegar cuando se lo propone en serio.

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