FIFA World Cup 2026Publicado 3 meses atrás Lectura: 7 min

Uruguay vs. España en el Mundial 2026: el choque de dos identidades en transición

El duelo del viernes en Guadalajara enfrenta a dos selecciones que han resignificado su manera de jugar, aunque en estadios muy distintos de esa transformación.

Pedro Porro llegó a la conferencia de prensa del jueves con una sonrisa. El lateral derecho de España reconoció que le había enviado un mensaje a Rodrigo Bentancur, su compañero en el Tottenham Hotspur, aunque con una salvedad muy particular.

"Le envié un mensaje a Rodrigo porque es su cumpleaños, lo he felicitado. No le he deseado lo mejor para este viernes, pero sí le di un mensaje de felicitación porque tenemos muy buena relación."Pedro Porro

La anécdota resume el espíritu del partido: cordialidad fuera del campo, competencia sin concesiones dentro. Uruguay y España se miden este viernes en Guadalajara en uno de los encuentros más atractivos de la fase de grupos del Mundial 2026, con la clasificación en juego para la Celeste y la consolidación del liderato para La Roja. España llega de empatar 0-0 con Cabo Verde en su debut y de golear 4-0 a Arabia Saudita. Uruguay, en cambio, se complicó sola: empató 1-1 con Arabia en el estreno y luego cedió un 2-2 ante los caboverdianos, lo que la obliga a ganar o a depender de otros resultados.

Porro fue consultado sobre si España era favorita y fue tajante: "Favoritismo creo que hoy en día en el fútbol hay muy poco. Todos los equipos compiten a máximo nivel y tenemos que estar concentrados en nuestro trabajo." También reivindicó la actuación del equipo en la primera fecha: "El primer partido lo jugamos bien; cuando uno no marca parece que no jugamos bien, pero hicimos un gran trabajo."

España: de La Furia Roja al tiki-taka

Para entender la dimensión del partido hay que rastrear el origen de cada identidad. España debe el apodo histórico de La Furia a una jugada de José María Belauste en los Juegos Olímpicos de Amberes de 1920, donde el combinado español terminaría subcampeón. En un duelo ante Suecia, Belauste le pidió el balón a su compañero con una frase que quedaría en la memoria colectiva del fútbol ibérico, se llevó a varios rivales por delante y forzó la remontada. El apodo también tenía connotaciones bélicas: evocaba el saqueo de Amberes por tropas españolas en el siglo XVI, una sublevación que dejó alrededor de 10,000 muertos y que sembró las bases para la independencia de los Países Bajos.

Sin embargo, desde aquellos Juegos Olímpicos hasta 2008 el palmarés español fue magro: una Eurocopa en 1964, una final en 1984 y un cuarto puesto en el Mundial de 1950, el mismo torneo que Uruguay ganaría de manera memorable. La necesidad de cambio era evidente. Luis Aragonés asumió en 2004 y, pese a la eliminación en octavos de final del Mundial de Alemania 2006, continuó en el cargo y fue moldeando una idea que encontraría su punto de eclosión en la clasificatoria a la Euro 2008.

El partido bisagra llegó el 13 de octubre de 2007, ante Dinamarca en Aarhus. España formó con Casillas; Sergio Ramos, Marchena, Albiol, Capdevila; Joaquín, Xavi, Albelda, Iniesta; Cesc y Tamudo. El segundo gol, que sentenció el 2-0, fue una sucesión de 65 toques de balón en 1 minuto y 15 segundos, con 28 pases y nueve jugadores involucrados, rematada de forma magistral por Sergio Ramos. Para muchos aficionados, ese tanto sigue siendo el más bello en la historia de la selección española. La secuencia apagó las críticas que recibía Aragonés por no convocar a Raúl y refrendó la apuesta estilística. Además, Aragonés rebautizó al equipo como La Roja, enterrando oficialmente el apodo de La Furia Roja. La señal era inequívoca.

El resto fue historia acumulada a una velocidad inusual: la Euro 2008, el primer título mundialista en Sudáfrica 2010, la Euro 2012, la UEFA Nations League 2023 y la Euro 2024. Guardiola en el Barcelona proveyó no solo de materia prima, sino de jugadores ya adaptados al modelo de Aragonés. La selección y el club se retroalimentaban. Desde esa transición, España encadenó 35 partidos sin derrota y consolidó una maquinaria de producir futbolistas con el sistema incorporado desde las categorías inferiores.

Uruguay: la transición incompleta

El proceso uruguayo es más complejo y, sobre todo, más inacabado. La Celeste construyó su leyenda sobre delanteros y zagueros de élite, y un estilo directo y físico que complementaba esa fortaleza individual. Óscar Washington Tabárez comenzó a introducir cambios desde su segunda etapa al frente del equipo, iniciada en 2006: la búsqueda de volantes completos, el intento de darle juego desde la mitad de la cancha y una reducción deliberada de la agresividad histórica.

"A los uruguayos antes nos trataban de animales, eso me preocupó mucho. Fue una época en donde le dábamos rienda suelta a la impotencia y eso nos daba malos resultados."Óscar Washington Tabárez

La postura no era solo filosófica: Uruguay había perdido partidos importantes por bajas disciplinarias, el caso más emblemático siendo los octavos de final del Mundial de Brasil 2014, cuando la mordida de Luis Suárez a Giorgio Chiellini dejó al equipo diezmado para el encuentro ante Colombia. Asimismo, el fair-play se imponía como criterio de desempate en competiciones oficiales, lo que hacía costoso cualquier exceso.

De esa evolución emergió un mediocampo de nivel europeo: Lucas Torreira, Federico Valverde, Rodrigo Bentancur, Manuel Ugarte - que pasó de Fénix al PSG en pocos años -, y Giorgian De Arrascaeta como ídolo del Flamengo. Sin embargo, Uruguay fue perdiendo precisamente donde siempre fue imbatible. Después de Luis Suárez y Edinson Cavani, solo Darwin Núñez alcanzó la élite en ataque. En defensa, Ronald Araújo es pilar, pero José María Giménez ha perdido protagonismo tanto en el Atlético de Madrid como en la selección. Y el flanco de los extremos desnivelantes sigue siendo la asignatura pendiente: Marcelo Bielsa potenció a Maxi Araújo, que pasó del Toluca al Sporting de Portugal, pero las opciones no abundan.

El resultado es un equipo que todavía no encontró su nueva piel: pierde identidad cuando mantiene la pelota en exceso porque no tiene el automatismo para hacerlo con incisividad, y ya no dispone de la agresividad de antaño para compensar esa carencia. Lo viejo no terminó de morir; lo nuevo no terminó de nacer.

Un historial que pesa y una advertencia que resuena

Uruguay jamás ha podido vencer a España en su historia. El balance en 10 enfrentamientos arroja 5 victorias españolas (2 en competencias oficiales) y 5 empates (1 oficial), con ningún triunfo celeste. Diego Lugano, ex capitán uruguayo, lo sintetizó con una honestidad poco frecuente:

"Me quería matar, porque el jueves había dicho que el único que no quería era España. Es una piedra en el zapato para nosotros, por su forma de jugar. Siempre lo sentí como un fútbol que nos cae mal."Diego Lugano

El antecedente más doloroso sigue siendo la fase de grupos del Mundial de Italia 1990, donde el empate sin goles ante España en Udine resultó decisivo para la eliminación uruguaya. Más reciente, pero igual de elocuente, es la Copa Confederaciones 2013: España ganó apenas 2-1, pero dominó con un 75.2% de posesión contra el 24.8% de Uruguay. El descuento fue una genialidad de Suárez de tiro libre; el resto del partido fue un monólogo europeo.

Guillermo Varela, lateral de la Celeste, intentó apelar al imaginario histórico al pensar en el duelo ante Lamine Yamal: "Él sabe que a los uruguayos nos gusta jugar fuerte, así que va a tener que ir preparado, va a tener que meter la patita también." Pero ese imaginario cruje. Hace años que Uruguay no es ese equipo. La misma idiosincrasia que definió durante décadas a ambas selecciones quedó en el pasado. La diferencia es que España ya construyó algo sólido en su lugar. Uruguay todavía lo está buscando, y el viernes en Guadalajara puede ser un termómetro brutal de cuánto falta para encontrarlo.

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