Esto no es una nota deportiva, pero debería serlo, porque aquella mañana "Los pibes" del bar se sentían como la selección Argentina de Maradona ganando el mundial del 86.

El trabajo del bar tiene sus momentos de pausa, el equipo de camareros era fanático del fútbol, algunas noches después del servicio sacábamos un par de balones y jugábamos en la vereda. La pelota tiene poderes curativos, porque en aquellos momentos se nos olvidaban las horas de trabajo. Todo iba bien con esos partidos nocturnos hasta que un día un vecino nos sacó a los gritos de la cancha, de la calle, mejor dicho.

Así que, sin posibilidad de jugar en la vereda, se decidió retar al bar cuyo dueño era francés, era un juego de honor, los bares se jugaban la gloria. El bar de los franceses aceptó nuestro reto, fijamos fecha y hora. El único problema es que el juego fue pautado a las diez de la mañana, para los trabajadores de la noche, las diez AM es una hora inexistente.

Las semanas anteriores al partido, todo el equipo de camareros, incluso el dueño no paramos de armar estrategias para poder vencer al bar del francés, porque el nuestro era un bar de argentinos, era una cuestión de honor. Claro, yo era un invitado, porque soy de Venezuela, de los llamados Vinotinto, el único país de Suramérica que no ha ido al mundial, nosotros jugamos beisbol, pero sinceramente los últimos años la selección ha mejorado bastante, no perdemos la esperanza de   vivir lo que es estar en un mundial, así sea china 2300.

Al final   ya habíamos armado al equipo, a última hora el dueño no fue convocado al  gran evento(era mejor no tenerlo, para no sentir que estábamos trabajando), el encargado aunque no fue a jugar apostó una botella de ron.  Sólo quedaba esperar hasta el día siguiente, tratar de dormir algo para poder manejar el balón con cierta lucidez y bueno, estaba prohibido perder, cuando uno va a la cancha perder nunca está entre las posibilidades.

El día del partido el bar del francés estaba super temprano con uniformes, algunos tenían pinta de drogados, pero estaban completos. Nosotros muy mal portados llegamos tarde, el gitano uno de las estrellas del equipo llegó ya  casi apunto el pitazo inicial, es que la noche anterior se había  quedado garchando con una mexicana de Cancún que estaba de visita en Argentina y  se había armado un romance, era  la despedida, el barman junto a un amigo estaba  todavía destilando alcohol, yo sólo servía para defender, nunca fui bueno para pegarle al arco y  para sumar desgracias uno de los cocineros se había acalambrado y estaba tirado en el piso, por tanto a ese lesionado sin jugar le tocó  el arco, no podía hacer más nada. El futuro era simplemente aterrador.

Comenzado el juego la magia empezó a circular, parecíamos realmente una selección internacional, no hubo manera de detenernos, vencimos al bar francés por diez goles de diferencia, pobres pibes, eran muy malos,  porque nosotros teníamos un equipo que venía de resaca de noches anteriores.

Hay algo que tiene el fútbol, si ganas tienes que alardear, nos enfrentamos al servicio como todas las noches, adoloridos por el partido, dormido por pararnos a las diez de la mañana. Pero al salir del bar, a esos de las tres de la mañana, aparecimos como campeones en el bar de los franceses...fuimos a celebrar la victoria en la cara de los derrotados. Apostamos algo de dinero luego en el metegol, esa noche no había tiempo, recordábamos nuestra victoria en el bar vecino. La noticia se corrió por   los otros bares... habíamos logrado sin saberlo un momento épico.

Seguramente nadie recordará nuestra gran victoria, porque somos los seres del olvido, los rostros que nadie recuerda, sin embargo en nuestra vida nocturna, entre los bares anónimos de Almagro marcamos un segundo de LEYENDA...

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