Lite-Brite, Robots y Narices Pegajosas: El Reino del 'Toy King' Burt Meyer
Un repaso analítico al legado de uno de los inventores de juguetes más creativos del siglo XX
En una era donde los juguetes transitan rápidamente del deseo a la obsolescencia digital, el legado de figuras como Burt Meyer se destaca como un monumento a la imaginación aplicada, la ingeniería artesanal y la creatividad atemporal. Con su reciente fallecimiento a los 99 años, vale la pena redescubrir a este gigante del diseño juguetero que transformó de forma radical los juegos y juguetes en la segunda mitad del siglo XX.
Un ingeniero con alma de niño
Burton Carpenter Meyer, nacido en 1926, fue mucho más que un inventor de juguetes: fue un visionario cuyo talento residía en equilibrar dos mundos aparentemente opuestos. Por un lado, tenía una mente profundamente técnica, formada como mecánico aeronáutico durante su servicio en la Marina de Estados Unidos. Por el otro, cultivó una imaginación lúdica que jamás abandonó.
Meyer entendía qué podía entusiasmar a un niño, pero también sabía cómo materializar esa ilusión en un objeto físico, seguro y reproducible.
De las maquinarias voladoras a las cajas iluminadas
Según relata Tim Walsh en su libro Timeless Toys, una tarde de 1966 fue decisiva. Mientras caminaba por Manhattan junto al legendario empresario juguetero Marvin Glass, Meyer quedó impresionado con un escaparate lleno de luces de colores. Aquello desencadenó el concepto de lo que más tarde sería el famoso Lite-Brite.
A pesar del escepticismo de los ingenieros sobre la viabilidad de luces eléctricas en juguetes infantiles, Meyer insistió en que se podía hacer de forma segura. Así nació una caja retroiluminada con láminas negras perforables que permitían a los niños diseñar motivos luminosos con clavijas de colores. Un universo de creatividad al alcance de pequeños dedos.
El resultado fue un éxito rotundo: Lite-Brite ingresó en la lista de los 100 juguetes más influyentes de la revista TIME y hoy forma parte del Salón de la Fama del Museo Nacional del Juego en Rochester, Nueva York.
Rock ’Em Sock ’Em Robots: del dolor a la diversión
Uno de los momentos más brillantes —y también pragmáticos— de Meyer se presentó cuando una idea peligrosa se transformó en una genialidad. Un prototipo de máquina de boxeo doméstica no prosperaba debido a la reciente muerte de un boxeador profesional, lo cual generaba rechazo por parte del público y ejecutivos.
Meyer tuvo entonces una idea revolucionaria: “Saquemos a los humanos de la ecuación. Pongamos robots. Y que pase algo gracioso en vez de violento”. Así nacieron los icónicos Rock ’Em Sock ’Em Robots, donde dos androides luchan a puñetazo limpio y uno gana al hacer saltar la cabeza del otro siendo presionados con botones.
El juego trascendió generaciones. “Toy Story 2” lo homenajeó, y Mattel incluso anunció una adaptación cinematográfica en acción real en 2021.
El ‘rey del juguete’ de los años dorados del plástico
Los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial trajeron avances en la producción masiva y la moldeabilidad del plástico. Estos factores abrieron las puertas a juguetes más dinámicos, coloridos y variados.
Meyer supo aprovechar esa revolución tecnológica para crear objetos que marcaron una época. Desde su puesto en Marvin Glass & Associates, uno de los estudios de diseño juguetero más grandes del mundo, contribuyó al desarrollo de productos como:
- MouseTrap: el primer juego con circuito mecánico de trampas.
- Gooey Louie: el juego donde los niños sacan mocos de una nariz gigante.
- Pretty Pretty Princess: un clásico de disfraces y joyas infantiles.
En los años 80 fundó su propia compañía, Meyer/Glass Design, que continuó innovando con productos exitosos y poco convencionales. Su hijo Steve dirigió la firma hasta 2006.
Una infancia en cada sala de estar
Lo más impactante del legado de Meyer quizás no está en los modelos que fabricó ni en los millones que se vendieron. Está en la frase que más le gustaba escuchar: “¡Oh, yo jugué con eso!”. Porque eso significaba que había llegado al corazón de alguien, que su invención se había fundido con los recuerdos de una infancia, y eso no tiene precio.
En 2010, con más de 80 años, seguía pilotando avionetas que construía él mismo en un campo aéreo cerca de su casa en Downers Grove, Illinois. Toda su vida fue un equilibrio entre precisión mecánica y gusto por lo lúdico.
Juguetes que nos enseñan a imaginar
En tiempos actuales donde los juguetes suelen estar conectados al Wi-Fi, comunican con apps y ofrecen inteligencia artificial, surge una reflexión inevitable: ¿qué perdemos cuando dejamos de lado lo analógico?
Los juguetes de Meyer no necesitaban instrucciones complejas. Bastaban unas manos pequeñas, algo de imaginación y la voluntad de jugar. Como él dijo en una entrevista, “si sabes volar un avión, sabes usar todos los recursos. Eso mismo se aplica al diseño de juguetes: ingenio, equipo y ganas.”
Un robot, una luz y una emoción
Aunque generaciones futuras probablemente jamás soplen el polvo de una caja de Rock ’Em Sock ’Em Robots ni sepan de dónde viene Lite-Brite, el impacto de estos juguetes pervive. Porque más allá de lo tangible, Meyer legó una idea: jugar es técnico, cultural, terapéutico y universal.
Su placa de auto decía “TOYKING”, no como una alabanza vacía, sino como el reconocimiento simbólico de haber ayudado a millones de niños a crear aventuras, cuentos, batallas robóticas, fiestas en palacios de juguete y noches iluminadas desde una caja de puntos de colores.
Burt Meyer no solo diseñó juguetes. Diseñó momentos de infancia.