Después del estallido: por qué el impulso filantrópico de 2020 no consolidó a las organizaciones negras

El auge momentáneo de donaciones a organizaciones dirigidas por personas negras se desvaneció; ¿qué prácticas deben cambiar para garantizar sostenibilidad y equidad?

El clamor por justicia racial tras el asesinato de George Floyd en 2020 generó un inédito foco de atención y recursos hacia organizaciones negras y comunidades históricamente desatendidas. Sin embargo, investigaciones recientes muestran que gran parte de ese flujo de fondos fue transitorio, incapaz de transformar la estructura financiera de las organizaciones comunitarias más pequeñas. ¿Qué ocurrió entre la oleada inicial de donaciones y la vuelta a la normalidad? ¿Y qué lecciones deben extraer fundaciones, grandes donantes y las mismas organizaciones para que la filantropía deje de ser reactiva y pase a ser verdaderamente transformadora?

Un aumento que no fue un cambio estructural

El análisis conjunto de Candid y ABFE (A Better Future for Everyone), organizaciones que estudian el financiamiento filantrópico y la filantropía negra respectivamente, señala que algunas organizaciones negras de gran tamaño experimentaron un incremento temporal de recursos entre 2020 y 2022, mientras que las más pequeñas —con gastos anuales iguales o inferiores a 1 millón de dólares— no registraron cambios significativos en sus ingresos sostenidos.

Una cifra ilustrativa del informe: las pequeñas organizaciones obtuvieron apenas algo más de un tercio de sus recursos de donantes continuos; en otras palabras, más de la mitad de su financiación provino de fuentes nuevas o de carácter puntual. Además, solo un tercio de las organizaciones dirigidas por personas negras recibieron apoyo para gasto operativo general, frente a algo más de la mitad en organizaciones no negras comparables (Candid & ABFE, 2024).

Ese patrón —donaciones puntuales sin consolidación de relaciones a largo plazo— dejó a muchas agrupaciones sin la previsibilidad financiera necesaria para planificar, invertir en proyectos ambiciosos o sostener personal clave durante momentos de crisis económica o política.

La diferencia entre una donación y una relación

Una de las razones que explican el fenómeno es la naturaleza transaccional de muchas de las nuevas contribuciones corporativas y filantrópicas. Como señaló la consultora Kia Croom, estas aportaciones estuvieron a menudo motivadas por la urgencia mediática y por la intención de “mostrar apoyo” a comunidades afectadas, pero faltó inversión en procesos de acercamiento profundo que construyan confianza y conocimiento mutuo.

En palabras reproducidas por el propio estudio, muchas organizaciones sintieron que la ayuda fue “muy transaccional” y que se trató más de responder a la presión pública que de entender necesidades específicas.

Asiaha Butler, quien lidera la Resident Association of Greater Englewood en el sur de Chicago, describió el fenómeno con crudeza: tras recibir más de dos docenas de nuevos financiadores en el verano de 2020, su organización vivió un “brote” de recursos que luego se evaporó. Butler afirmó que la aparición de esos fondos fue, en algunos casos, un “maldición”, porque generó expectativas y contrataciones que no pudieron sostenerse cuando los donantes cambiaron sus prioridades.

Impacto operativo: contratación, recortes y estrés administrativo

La llegada temporal de recursos llevó a algunos grupos a contratar personal de desarrollo y expandir operaciones —acciones que suelen requerir un horizonte de financiamiento de varios años para ser sostenibles—. Cuando los donantes no renovaron o redujeron su compromiso, las organizaciones enfrentaron despidos, interrupción de programas y desgaste institucional.

Kandee Lewis, CEO de Positive Results Center en Los Ángeles, relató que muchas donaciones fueron cheques puntuales que no se convirtieron en relaciones estratégicas. El efecto: organizaciones que experimentaron un pico de recursos para luego regresar a condiciones precarias sin una base financiera reforzada.

Barreras estructurales: redes, elegibilidad y cargas administrativas

Detrás del fenómeno hay también limitaciones estructurales. Muchas fundaciones y donantes institucionales financian a través de redes de confianza existentes; si una organización no está en ese circuito, su visibilidad es limitada. Jaleesa Hall, de Raising A Village Foundation, sintetiza el problema: “Simplemente no estamos en esas salas”.

Además, los requisitos de elegibilidad, los plazos de reporte y las demandas administrativas ponen en desventaja a organizaciones con plantillas pequeñas. La necesidad de presentar informes semanales o mensuales sobre proyectos financiados puede significar una carga significativa para grupos cuyo personal está volcado a la atención directa en la comunidad.

El resultado: muchas agrupaciones pequeñas pasan más tiempo en la “carrera de citas” con potenciales financiadores —buscando donantes nuevos cada año— que en construir capacidades organizativas y programas sostenibles.

Buenas prácticas que no llegaron a todos

En los últimos años, la filantropía ha experimentado una discusión sobre modelos de confianza: financiación operacional general, subvenciones plurianuales y menos restricciones sobre el uso de fondos. Sin embargo, ABFE y otras voces han señalado que esas prácticas tampoco se han traducido equitativamente en apoyo a organizaciones negras.

Susan Taylor Batten, CEO de ABFE, advierte que “aún hay reminiscencias de malas prácticas” al financiar comunidades negras. Para que las fundaciones cumplan su misión en favor de la equidad, necesitan evolucionar sus prácticas y asegurar que el financiamiento reconfigure realmente las capacidades institucionales de las organizaciones a las que pretenden apoyar.

Consecuencias en proyectos locales: el caso de Englewood

El caso de Englewood ilustra el costo concreto de la volatilidad filantrópica. Butler planeó un proyecto de casi 7 millones de dólares para revitalizar el tejido económico del barrio: un edificio de 8.800 pies cuadrados con un restaurante, locales para negocios negros y un espacio para capacitación laboral. Aunque consiguió un subsidio de 1 millón —el mayor en la historia de su organización—, el resto del financiamiento se volvió difícil de asegurar cuando donantes anteriores retiraron su apoyo.

El contratiempo obligó a Butler a recurrir a fondos públicos: la Ciudad de Chicago aportó 2.5 millones y se espera un millón y medio adicional a nivel estatal. El episodio demuestra que las inversiones privadas precipitadas y no comprometidas a largo plazo pueden dejar a las comunidades en una situación más frágil que si nunca hubiesen existido.

Qué deberían cambiar donantes y fundaciones

  • Priorizar la financiación operativa general y plurianual: las organizaciones necesitan previsibilidad para planificar su crecimiento y retener talento.
  • Construir relaciones antes de donar: entrevistas profundas, visitas de aprendizaje y procesos que permitan conocer capacidades y necesidades reales.
  • Reducir cargas administrativas: informes simplificados y calendarios razonables para que pequeñas organizaciones no queden absorbidas en tareas burocráticas.
  • Invertir en capacidades: financiamiento para fortalecimiento institucional —sistemas contables, desarrollo de juntas, formación en recaudación— y no solo para programas puntuales.
  • Alineación con estrategias comunitarias: asegurar que las prioridades de donantes no impongan agendas ajenas a las necesidades locales.

La filantropía frente a su propio espejo

La ola filantrópica de 2020 demostró que, cuando hay atención pública, es posible movilizar recursos rápidamente. Pero la experiencia también dejó en evidencia que la reactividad rara vez produce transformación sostenible: sin relaciones, sin previsibilidad y sin equidad en las prácticas de inversión, las donaciones pueden transformarse en parches temporales más que en palancas de cambio estructural.

Si la filantropía aspira a cerrar brechas persistentes —de riqueza, acceso a servicios y poder institucional— debe adoptar prácticas que prioricen la dignidad, la autonomía y la sustentabilidad de las organizaciones que trabajan en los vecindarios más olvidados. Como lo sintetiza una conclusión del informe Candid & ABFE: las buenas intenciones requieren buenos procedimientos para convertirse en resultados duraderos.

La pregunta queda abierta para donantes, fundaciones y responsables públicos: ¿seguirán invirtiendo en relámpagos de solidaridad o se comprometerán a ser socios a largo plazo en la reconstrucción institucional de las comunidades negras?

Fuentes principales: informe conjunto de Candid y ABFE (2024) sobre financiamiento a organizaciones dirigidas por personas negras; testimonios y datos recopilados de entrevistas a líderes comunitarios y profesionales de filantropía.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press