Irak en el Mundial 2026: la generación que creció entre bombas y devolvió al país una alegría posible
Cuarenta años después de su única participación en una Copa del Mundo, Irak regresa al torneo con una selección marcada por el exilio, la diáspora y la resiliencia de un pueblo que encontró en el fútbol su mejor vía de escape.
La historia de Irak no es una sola. Depende de quién la cuente y desde qué orilla. Bagdad fue durante siglos escenario de civilización y sabiduría, la ciudad en la que tomaron forma algunos de los relatos de Las mil y una noches. Pero en las últimas décadas el nombre del país quedó atado, de forma casi irreversible, a la imagen de la guerra. Aun así, de ese suelo arrasado puede brotar la alegría. Y la prueba más reciente tiene nombre propio: la clasificación de Irak al Mundial 2026, su primera participación en una Copa del Mundo en cuarenta años.
Un regreso que tardó cuatro décadas
La única presencia anterior de Irak en un Mundial fue en México 1986. El seleccionado dejó una imagen digna, aunque cayó en sus tres partidos por la mínima diferencia. Lo que pocos recuerdan es que aquel equipo también jugaba en medio de la tragedia: el país sostenía en ese momento una cruenta guerra con Irán que se extendió durante casi una década. La historia, como suele ocurrir, es circular. Porque la generación que ahora clasificó al torneo también creció rodeada de conflicto armado, ya fuera en suelo iraquí o en el exilio al que sus familias se vieron forzadas.
Algunos de los futbolistas de la actual selección se criaron entre las bombas de la invasión estadounidense de 2003 y la posterior violencia interna que desgarró al país. Otros nacieron directamente en la diáspora, hijos de familias que buscaron refugio en Europa. Todos ellos comparten, sin embargo, una misma narrativa: la del fútbol como salvavidas, como pausa en medio del caos.
La Copa Asiática de 2007, el faro que sigue iluminando
Más que la actuación en México, la referencia que alimenta la autoestima de la actual generación iraquí es la conquista de la Copa Asiática 2007. El equipo superó en la final a Arabia Saudita, un rival de enorme peso en la región, en un momento en que la guerra civil recrudecía dentro del país. Varios de aquellos jugadores habían perdido familiares en el conflicto. La celebración fue masiva y se trasladó a las calles de Bagdad, en un desafío abierto al miedo que imponían las armas. Fue una demostración inequívoca del poder del fútbol como herramienta de cohesión nacional cuando todo lo demás falla.
Ali Al-Hamadi: de Liverpool a la historia del fútbol iraquí
Entre los protagonistas del regreso al Mundial destaca la figura de Ali Al-Hamadi, nacido en Bagdad en 2002. Con apenas un año de vida, su familia emigró a Liverpool después de que su padre fuera detenido en una protesta contra Saddam Hussein. Lejos de Iraq, Ali se hizo hincha del Liverpool, aprendió a jugar al fútbol y a los 13 años entró en las divisiones juveniles del Tranmere Rovers.
Crecí en un contexto muy difícil, y el fútbol era todo para mí. Siempre fue lo que me gustaba hacer. Me servía para olvidarme de todo lo demás.Ali Al-Hamadi
Sus padres preferían que se volcara a los estudios, objetivo habitual de muchas familias iraquíes que emigraron al Reino Unido en busca de estabilidad y educación para sus hijos. Pero Al-Hamadi tenía otros planes.
Tuve mucho trabajo para convencerlos, porque ellos veían que yo era bueno en la escuela. Y en realidad es sobre todo por eso que los adultos iraquíes quieren venir al Reino Unido. Buscan que sus hijos tengan una buena educación, que vayan a la universidad. Pero yo solo quería jugar al fútbol.Ali Al-Hamadi
Su perseverancia tuvo recompensa histórica: en agosto de 2024 se convirtió en el primer jugador iraquí en disputar un partido de la Premier League, con la camiseta del Ipswich y precisamente ante el Liverpool de su infancia. Actualmente en el Luton, que pelea en la tercera división inglesa, Al-Hamadi marcó en abril el primer gol de Irak en la victoria 2-1 ante Bolivia, el resultado que selló el billete al Mundial. Un tanto que lo inscribe para siempre en la historia del fútbol de su país.
Los iraquíes de Europa: formación táctica de primer nivel
El caso de Al-Hamadi no es aislado. La selección iraquí cuenta con varios jugadores formados en academias europeas que aportan rigor táctico y experiencia en competiciones de alto nivel:
- Merchas Doski, lateral izquierdo nacido en Hannover (Alemania) y jugador del Viktoria Plzen, que compite en lo más alto de la liga checa.
- Hussein Ali, lateral derecho nacido en Suecia y formado en las selecciones juveniles suecas, que en la categoría absoluta eligió representar a Irak.
- Zidane Iqbal, con pasado en las categorías inferiores del Manchester United y más recientemente transferido al Utrecht de los Países Bajos.
Este bloque de jugadores formados en el fútbol europeo reduce la brecha que separa a las selecciones de la periferia de aquellas con mayor infraestructura y recursos económicos, aportando una base técnica y táctica difícil de construir en un país que lleva décadas reconstruyéndose.
La vieja guardia: oficio y experiencia para el gran escenario
El seleccionador Graham Arnold, técnico australiano que asumió en marzo de 2025 cuando la clasificación estaba muy comprometida, encontró la manera de integrar el aporte de la diáspora con el conocimiento de los jugadores forjados en las ligas locales. Arnold sabe lo que es competir en un Mundial: él mismo llevó a Australia a los octavos de final en Qatar 2022.
En su esquema, dos piezas veteranas son intocables. La primera es el capitán, el arquero Jalal Hassan (Al-Zawraa), que ya acumula más de 100 internacionalidades. La segunda es el delantero Aymen Hussein, de 30 años y jugador del Al-Karma, con más de 30 goles con la camiseta nacional. Hussein marcó en la victoria decisiva ante Bolivia y también anotó en el debut mundialista ante Noruega. En los Juegos Olímpicos de París 2024 firmó dos goles en tres partidos, consolidando su condición de referente en los momentos de mayor exigencia.
El desafío del grupo y el valor de estar ahí
En la fase de grupos del Mundial 2026, Irak cayó ante Noruega en su debut y aún le quedan por delante rivales de enorme calibre: Francia y Senegal. El camino no es sencillo, y nadie espera una sorpresa fácil. Pero la magnitud del logro no se mide solo en resultados. Para un país que no había disputado un Mundial desde hace cuatro décadas, que cargó durante todo ese tiempo con el peso de la guerra, el exilio y la reconstrucción permanente, simplemente estar en el torneo ya representa una victoria.
El fútbol iraquí tardó cuarenta años en volver al escenario más grande. Lo hizo de la mano de una generación repartida entre Bagdad, Liverpool, Hannover y Praga, unida por una camiseta y por la memoria colectiva de un pueblo que aprendió a encontrar alegría incluso cuando todo parecía oscuro. Esa es, quizás, la historia más importante de todas.
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