FutbolPublicado una semana atrás Lectura: 4 min English

El "nucazo" de Hugo Guerra que le dio a Boca un Superclásico inolvidable ante River

A los 72 minutos River empataba en La Bombonera, pero el uruguayo apareció con un cabezazo tan extraño como recordado para sellar el 3-2.

El "nucazo" de Hugo Guerra que le dio a Boca un Superclásico inolvidable ante River

Faltaban minutos para el final y La Bombonera ya se resignaba a un empate. El Superclásico del 29 de septiembre de 1996 iba 2-2 y parecía que ahí se iba a quedar la historia. Pero apareció un delantero uruguayo que llevaba muy poco tiempo en Boca, saltó entre dos defensores y le pegó a la pelota de una manera tan rara que todavía hoy genera discusiones. Aquel desvío terminó en el arco de River, Boca ganó 3-2 y Hugo Romeo Guerra quedó abrazado para siempre a una sola palabra: el "nucazo".

Un partido de ida y vuelta con Bilardo y River campeón de América

El contexto ya venía cargado. Ese Boca lo dirigía Carlos Bilardo y estaba en plena renovación. Enfrente tenía a un River que llegaba como campeón de la Copa Libertadores y que metía en cancha nombres como Marcelo Salas, Ariel Ortega, Enzo Francescoli y Juan Pablo Sorín. El partido fue un ida y vuelta desde temprano: Roberto Pompei puso a Boca arriba a los cinco minutos, Salas empató casi enseguida y así se llegó al descanso. En el complemento, Gabriel Cedrés convirtió un penal para volver a poner adelante al local, pero Sorín apareció a los 72 minutos para el 2-2. River olía el empate en La Bombonera.

Ahí llegó la jugada que lo cambió todo. Una falta de Hernán Díaz sobre Cedrés le dio a Boca una pelota parada de esas que se juegan sin margen de error. Mauricio Pineda tomó el centro desde la izquierda, Guerra se movió entre Eduardo Berizzo y Roberto Ayala, ganó la posición justa y conectó de una forma que Germán Burgos no pudo ni imaginar. La pelota entró, el reloj estaba agotándose y el uruguayo salió disparado hacia el alambrado para trepar y festejar con la gente.

"Es el gol de mi vida", dijo Guerra después de aquella noche. Con los años, todavía podía reconstruir el instante desde un detalle particular:

Lo que más me acuerdo del gol es la cara de Ramón Díaz. Se quedó con la boca abierta.Hugo Romeo Guerra

"No fue nucazo": la aclaración que nunca cambió nada

La imagen de aquella definición, con Guerra casi de espaldas al arco, se prestaba perfecto para el apodo popular. Pero él mismo, años después, siempre quiso corregir la versión oficial: "No fue nucazo, le pegué con el parietal derecho". En otra entrevista fue todavía más preciso sobre cómo se había dado el contacto:

En verdad no fue un nucazo, le di de costado, pero Araujo lo relató así y quedó.Hugo Romeo Guerra

El relato de Araujo, el relator de aquel partido para la televisión, terminó pesando más que la aclaración del propio protagonista. El nombre ya estaba instalado entre los hinchas y ahí se quedó.

Hay un dato que le da sentido a toda la escena: Guerra medía 1.89 metros y desde chico había construido buena parte de su juego alrededor del juego aéreo. "Como pegué el estirón antes que los otros chicos, metía miles de goles de cabeza", contó en 1996. Bilardo sabía de esa característica cuando pidió su llegada a Boca, apenas semanas antes de aquel Superclásico.

Un delantero recién llegado que se convirtió en protagonista

Guerra venía de Huracán y aquel partido era apenas una de sus primeras presentaciones oficiales con la camiseta de Boca. Había jugado clásicos antes, con Nacional frente a Peñarol en Uruguay, con Gimnasia contra Estudiantes en La Plata y con Huracán ante San Lorenzo, pero nada se parecía a lo que acababa de vivir. "Como un Boca-River no hay ninguno igual en el mundo. Después de los festejos me convencí: debe ser el partido más importante del mundo", contó. Sobre el estadio mismo, recordó años más tarde: "La Bombonera es infernal. Tienes que jugar ahí para entender lo que se siente. En ese Superclásico no se entendía nada, todo era gritos, bengalas. Una locura".

El gol también le cambió la vida cotidiana de un día para el otro. "Soy mucho más conocido", reconoció en 1996, y hasta se reía de las consecuencias entre amistades: "Tengo amigos de River que siempre me putean por ese gol, je".

Guerra tuvo una carrera larga, con pasos por Nacional, Peñarol, Gimnasia, Huracán, Boca y Ferro, entre otros clubes. En Boca estuvo poco tiempo, pero le alcanzó para quedar asociado para siempre a una de las imágenes más recordadas del Superclásico. Él mismo lo resumía así: "Hice 90 goles, pero aquel gol a River me hizo conocido". Y años después, con algo de nostalgia, admitió: "Lamento haberme ido de Boca. Enseguida llegó Bianchi y armó un equipo hermoso. Tomé una mala decisión".

Con el tiempo se radicó en Arrecifes y se acercó al automovilismo, sin dejar del todo el mundo del fútbol. Murió el 11 de mayo de 2018, a los 52 años. Para entonces, aquel salto entre Berizzo y Ayala, aquella pelota desviada de costado que la gente prefirió llamar nucazo, ya tenía vida propia en la memoria del Superclásico.

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